El cambio climático está transformando todas las regiones de la Tierra, pero el Ártico y la Antártida se están calentando el doble de rápido que el resto del planeta.
Se han propuesto intervenciones tecnológicas —conocidas como geoingeniería— para frenar los efectos del calentamiento global en los polos.
Sin embargo, cada una de las técnicas de geoingeniería propuestas afronta serias barreras científicas, ambientales, políticas o económicas.
El cambio climático está transformando todas las regiones de la Tierra, pero en ningún lugar avanza más rápido que en el Ártico y la Antártida.
Las regiones polares se están calentando al menos el doble de rápido que el resto del planeta, lo que provoca una rápida reducción del hielo marino, el retroceso de los glaciares y el colapso de las plataformas de hielo; cambios que amenazan ecosistemas frágiles e impulsan el aumento del nivel del mar a escala mundial.
Algunos científicos e ingenieros han propuesto intervenciones tecnológicas —conocidas como geoingeniería— para frenar o enmascarar los efectos del calentamiento en los polos.
Concluimos que ninguna resiste un análisis riguroso, pues todas afrontan serias barreras científicas, ambientales, políticas o económicas, como se expone en nuestro reciente artículo de Frontiers in Science.
Cinco ideas de geoingeniería que afrontan obstáculos
Aquí resumimos cinco ideas destacadas de geoingeniería y sus deficiencias.
1. Inyección de aerosoles estratosféricos
La inyección de aerosoles estratosféricos consiste en rociar partículas reflectantes, como sulfatos, en la estratosfera, la capa de la atmósfera que comienza a unos 10-15 km sobre la superficie terrestre.
Las partículas podrían dispersarse por distintos medios, entre ellos una flota de aviones diseñados a medida, extendiéndolas lo suficiente para formar una neblina reflectante. Los datos de grandes erupciones volcánicassugieren que esta neblina podría reducir la cantidad de radiación solar que llega a la superficie y disminuir temporalmente las temperaturas en ella.
Sin embargo, los sulfatos pueden reaccionar con otras sustancias químicas de la estratosfera, destruir moléculas de ozono y, por tanto, adelgazar la capa protectora que protege la vida de la dañina radiación ultravioleta.
Una neblina extensa de aerosoles también podría alterar la circulación del calor en la atmósfera, desplazando las franjas de lluvia y creando riesgos de sequía en algunas regiones e inundaciones en otras. Si alguna vez se interrumpiera bruscamente su aplicación, un peligroso repunte de la temperatura —denominado «choque de terminación»— podría hacer que las temperaturas mundiales se dispararan en unos pocos años. Además, enfriar el planeta con aerosoles estratosféricos sin reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mantendría la acidificación de los océanos.
2. Cortinas marinas
El concepto de cortina marinaconsiste en instalar enormes barreras submarinas diseñadas para impedir que las corrientes oceánicas cálidas lleguen a las partes marinas de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida. Es ahí donde las capas de hielo son más vulnerables, y evitar que las aguas relativamente cálidas las erosionen podría, en teoría, frenar la pérdida de hielo y limitar el aumento del nivel del mar.
Las cortinas podrían fabricarse con tejidos flexibles u otros materiales resistentes y flotantes, y anclarse al lecho marino, extendiéndose cientos de metros por la columna de agua. Construir estas barreras en los duros mares polares sería extraordinariamente difícil.
Una vez construidas, las tormentas y las colisiones con icebergs a la deriva podrían rasgarlas o hundirlas, por lo que requerirían mantenimiento constante. Al bloquear las corrientes, las cortinas podrían alterar la circulación del calor y los nutrientes cerca del límite entre el hielo y el océano, acelerando potencialmente la pérdida de hielo en algunas regiones y privando de nutrientes a otras.
3. Gestión del hielo marino
El hielo marino refleja de forma natural la luz solar hacia el espacio, lo que ayuda a enfriar el planeta. A medida que disminuye, algunos han sugerido aumentar artificialmente su reflectividad o su espesor para contrarrestar nuevas pérdidas. Entre las ideas se incluye esparcir diminutas microesferas de vidrio por la superficie para que el hielo restante refleje más luz solar, o utilizar bombas u otros métodos de ingeniería para engrosar el hielo marino durante el invierno, con la esperanza de que persista más tiempo durante la temporada estival de deshielo.
Las enormes cantidades de microesferas necesarias contaminarían los frágiles ecosistemas polares. El plancton y otros organismos pequeños podrían ingerirlas, contaminando las redes tróficas y alterando los ciclos químicos del océano. Engrosar artificialmente el hielo a la escala necesaria requeriría millones de bombas en funcionamiento durante inviernos extremos, con una enorme demanda de energía y un riesgo considerable de contaminación. Además, el proceso tardaría décadas o más en tener algún efecto significativo sobre el ritmo de pérdida del hielo marino, lo que convierte esta idea en una solución impracticable.
4. Extracción de agua basal
Los glaciares de Groenlandia y la Antártida descansan sobre un lecho y, cuando hay agua en él, el hielo situado encima puede desplazarse hacia el mar a mayor velocidad. La extracción de agua basal consiste en perforar el hielo para bombear esa agua. Al reducir la lubricación bajo el hielo, los ingenieros esperan aumentar la fricción en la base del glaciar, ralentizar su avance hacia el océano y limitar la pérdida de hielo.
Las estructuras geológicas bajo las principales capas de hielo son complejas y están poco cartografiadas, por lo que es difícil predecir si el bombeo realmente frenaría el flujo del hielo o simplemente lo desviaría. Perforar e instalar estaciones de bombeo en las condiciones extremas de los polos exigiría maquinaria pesada y enormes suministros de energía, con un alto riesgo de fallos mecánicos y contaminación.
Es probable que incluso los experimentos a pequeña escala tarden décadas en realizarse, y ampliar la intervención para influir en capas de hielo enteras supera la capacidad actual de la ingeniería. El sistema de aguas subglaciales quizá sea el último lugar de la Tierra verdaderamente aislado de toda interferencia humana. Esta idea supondría destruir intencionadamente este último entorno prístino.
5. Fertilización oceánica
La fertilización oceánicabusca provocar floraciones de fitoplancton —algas microscópicas que absorben dióxido de carbono mediante la fotosíntesis— añadiendo hierro u otros nutrientes a las aguas pobres en nutrientes del océano Austral. Cuando el plancton muere, se hunde en las profundidades oceánicas y se lleva consigo parte del carbono absorbido. Sus defensores sostienen que este proceso podría secuestrar cantidades importantes de carbono y ayudar a frenar el cambio climático.
Los ensayos de las últimas dos décadas han aportado pocas pruebas de que la fertilización almacene carbono de forma fiable. En cambio, las floraciones repentinas de algas podrían alterar las redes tróficas marinas, favoreciendo a algunas especies y privando de alimento a otras, además de liberar toxinas dañinas. Añadir hierro también puede alterar el equilibrio de nutrientes en aguas distantes conectadas por la circulación oceánica. La normativa internacionalrestringe actualmente la fertilización oceánica a gran escala en virtud de los acuerdos sobre contaminación marina, por lo que esta estrategia no tiene un camino claro a seguir.
La descarbonización sigue siendo la mejor solución
Como se destaca aquí y se detalla en Frontiers in Science, actualmente no se puede confiar en ninguna de estas ideas de geoingeniería para proteger el Ártico o la Antártida.
Son científicamente inciertas, técnicamente inviables y ambientalmente arriesgadas. Todas resultarían enormemente costosas y exigirían nuevas estructuras de gobernanza mundial y un consenso político sin precedentes. Más importante aún, llevarlas adelante podría distraer de las soluciones que ya sabemos que funcionan.
Alcanzar cero emisiones netas de gases de efecto invernadero sigue siendo la forma más clara y rápida de estabilizar el clima. A diferencia de la geoingeniería, la descarbonización se basa en tecnologías y estrategias disponibles actualmente y aplicables a gran escala, y cuenta con acuerdos internacionales establecidos.
Una vez eliminadas las emisiones mundiales, el calentamiento se ralentizará y luego se detendrá, lo que aportará importantes beneficios a las regiones polares, al planeta y a todas las personas. Solo las estrategias basadas en pruebas —no los atajos especulativos— pueden ayudar a generar la confianza y la capacidad necesarias para una acción climática real.





