Los mayores desafíos del mundo, como la crisis climática, la IA y la desigualdad mundial, se debatirán en la Reunión Anual.
Pero las soluciones a estos desafíos mundiales dependen de que todas las personas trabajadoras tengan ingresos dignos y puedan vivir con dignidad y respeto.
En Davos 2025, los líderes de todos los niveles deben demostrar que están dispuestos a luchar por la democracia y por economías sostenibles que funcionen para todos.
Es un honor asistir a la Reunión Anual 2025 del Foro Económico Mundial de este año como líder del movimiento sindical estadounidense.
Estoy aquí con una delegación de líderes sindicales de distintos sectores e industrias de toda América del Norte. Nuestra federación sindical representa a 15 millones de trabajadores de nuestros 61 sindicatos afiliados y, en un sentido más amplio, da voz a los trabajadores que aún no tienen un sindicato propio.
No cabe duda de que algunas de las personas más ricas y poderosas del mundo estarán en estas salas de Davos. Pero es fundamental que aquí también esté representada la voz de la clase trabajadora —docentes, personal de enfermería, trabajadores de la construcción, escritores, auxiliares de vuelo y muchos más— y que se escuche nuestro mensaje: el statu quo no funciona para las personas trabajadoras.
Los mayores desafíos que enfrenta la sociedad hoy
Al recorrer Davos, es imposible no reparar en las grandes preguntas que se están abordando: ¿Podemos unirnos para hacer frente a la crisis climática? ¿Podemos aprovechar la inteligencia artificial (IA) para generar prosperidad para todos, en lugar de dejar que nos destruya? ¿Podemos hacer frente a los niveles cada vez mayores de desigualdad mundial? ¿Podrá la democracia en todo el mundo resistir el auge del fascismo y el autoritarismo?
Todos estos son temas fundamentales que debemos abordar. Pero la solución a estos desafíos depende de otra pregunta que debemos resolver primero: ¿Podemos garantizar que todas las personas trabajadoras del mundo tengan ingresos dignos, mantengan a sus familias y puedan vivir con dignidad y respeto?
La justicia económica para cada trabajador del planeta es el paso fundamental: el que nos proporcionará el movimiento de masas que necesitamos para afrontar estos desafíos. Cuando se da a los trabajadores un lugar en la mesa para debatir sobre IA y automatización, creamos salvaguardias y estrategias que nos benefician a todos.
Cuando los trabajadores ven oportunidades de acceder a empleos sindicalizados bien remunerados que les permitan desarrollar su carrera en la transición climática, ayudarán a liderar el movimiento por un planeta más verde. Y cuando tienen esperanza y confían en su futuro… también volverán a creer en la democracia.
No es momento de desesperarse. A nuestro alrededor podemos ver el modelo para avanzar: gobiernos, empresas, instituciones educativas y de investigación, organizaciones de la sociedad civil y el movimiento sindical trabajando juntos para responder a estos grandes desafíos.
Sabemos qué funciona y qué no. La desregulación y la destrucción de la capacidad del gobierno para actuar en favor del bien común no son un camino hacia el crecimiento: nos devuelven a la crisis financiera de 2008 y a 2020, cuando no teníamos equipos de protección personal (EPP) ni vacunas.
Un entorno informativo sin verdad ni rendición de cuentas no conduce a la libertad: conduce a una desesperación aún mayor. Y pedir a mercados sin regular, dominados por multimillonarios y grandes empresas, que resuelvan el cambio climático, la desigualdad o la inseguridad económica equivale a dejar esos problemas sin resolver, a permitir que se agraven y crezcan, como tantas veces desde la década de 1980, hasta socavar nuestras democracias y el propio orden mundial.
Las personas trabajadoras no se quedarán de brazos cruzados mientras otros definen nuestras vidas. En Estados Unidos, el movimiento sindical está creciendo. En un país profundamente dividido, donde una elección acaba de quedar dividida con un 50 % frente a un 49 %, nada menos que el 71 % de los ciudadanos estadounidenses apoya al movimiento sindical—más que a cualquier otra institución de la vida estadounidense. ¿Por qué? Porque ven que afiliarse a un sindicato abre el camino hacia una vida mejor y permite abordar lo que los trabajadores llevan demasiado tiempo reclamando.
Las personas trabajadoras deben recibir un trato justo
Queremos que se nos pague justamente por nuestro trabajo y nuestra productividad. Queremos seguridad económica, atención médica a la que realmente podamos acceder cuando la necesitemos y pensiones adecuadas que nos den dignidad y seguridad en la vejez.
Queremos formación: conocimientos, vías para progresar profesionalmente y seguridad económica en un mundo que cambia rápidamente. Queremos un lugar de trabajo saludable, así como horarios y condiciones laborales que nos permitan disfrutar de una vida plena con nuestros amigos y familiares y en nuestras comunidades.
Y, sobre todo, queremos tener voz en las decisiones que se toman en nuestros lugares de trabajo y que dan forma a nuestras vidas, así como en las decisiones que moldean nuestra sociedad.
Queremos políticas que reflejen esos objetivos. Necesitamos pleno empleo. Necesitamos regular las empresas poderosas de todo tipo —en especial, las financieras y las plataformas— para garantizar que no exploten a los trabajadores ni a los consumidores.
Necesitamos un sistema tributario justo que pueda financiar la inversión pública necesaria para preservar y construir la civilización: educación, atención médica, transporte y lucha contra el cambio climático. También necesitamos reglas para la economía mundial que refuercen estos principios, en lugar de socavarlos. Esto implica incluir normas laborales y climáticas en nuestras reglas comerciales, así como las voces de los trabajadores en nuestras instituciones multilaterales de todos los niveles.
En ningún ámbito de la sociedad mundial son estos principios más importantes que al abordar las promesas y los desafíos del cambio tecnológico, y en particular de la IA. El movimiento sindical estadounidense ha demostrado que podemos formar parte de la solución mediante nuestra alianza con Microsoft para incorporar a los trabajadores desde las primeras etapas del desarrollo tecnológico, y mediante nuestro trabajo con Micron para formar a la fuerza laboral que fabricará los semiconductores integrados del futuro.
Este trabajo se basa en los mismos principios que acabo de exponer: la voz y el poder de los trabajadores para definir el valor de nuestro trabajo, programas integrales de formación y trayectorias profesionales desarrollados conjuntamente, e inversión pública como la que hemos visto en Estados Unidos en energía, infraestructura y fabricación de chips.
Al reunirnos aquí en Davos, necesitamos el tipo de liderazgo que el Foro Económico Mundial existe para promover: en las empresas, el gobierno y el movimiento sindical. Un liderazgo en todos los niveles dispuesto a luchar por la democracia y por economías sostenibles que funcionen para todos, y contra el racismo, el sexismo, la discriminación religiosa y la homofobia, así como contra el odio y la búsqueda de chivos expiatorios dentro de nuestra comunidad mundial.
El camino hacia la prosperidad y la estabilidad mundiales está en nuestras manos si tenemos el valor y la creatividad para recorrerlo y resistir las apelaciones al odio y al miedo, la codicia y la ignorancia.
Más que cualquier política concreta, ese camino consiste en conectar a las empresas, los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales y el movimiento sindical para que la economía mundial funcione para las personas trabajadoras. Para eso está aquí el movimiento sindical.


