Cada vez menos personas vuelven a prisión en Estados Unidos, una estadística alentadora para el país que encarcela a una mayor proporción de su población que cualquier otro. Pero ¿qué hay detrás de este cambio?
La inversión en rehabilitación ha dado resultados cuantificables, según un análisis de The Pew Charitable Trusts. La investigación muestra que la proporción de personas que regresaron a una prisión estatal tres años después de salir —una medida habitual de la reincidencia— disminuyó casi una cuarta parte en un periodo de siete años; también bajaron las tasas de reincarcelación a más largo plazo.
«Reducir la reincidencia mejora la seguridad pública, reduce el gasto de los contribuyentes en prisiones y ayuda a las personas que estuvieron encarceladas a retomar con éxito sus responsabilidades familiares y comunitarias», escribieron Adam Gelb y Tracy Velázquez, de Pew, escribieron. «Se están produciendo mejoras significativas en la reincidencia».

Los cambios coinciden con lo que el Centro de Justicia del Consejo de Gobiernos Estatales ha denominado un «cambio sísmico» de mentalidad: dejar de dar prioridad al castigo y orientarse hacia programas de rehabilitación. En 2008, el Congreso aprobó la Ley de Segunda Oportunidad, que ofrecía subvenciones para apoyar servicios como empleo, formación y asistencia, tratamiento por consumo de sustancias, educación, vivienda, programas familiares y mentoría.
Invertir en educación
Hay pruebas contundentes de que las políticas para reducir la reincidencia funcionan. Pew también analizó datos estatales más recientes para mostrar que las personas en libertad condicional regresan a prisión en una proporción significativamente menor. Por ejemplo, Georgia redujo su tasa un 35% entre 2007 y 2016, y la de Michigan bajó un 43% entre 2006 y 2015.
La educación y la formación profesional desempeñan un papel clave y también han demostrado generar un rendimiento de la inversión. En Nueva York, los presos que obtienen un título universitario durante su encarcelamiento tienen casi la mitad de probabilidades de ser detenidos tras su liberación que quienes no lo obtienen. Otro estudio mostró que los presos de Minnesota que participan en programas de trabajo fuera de prisión tienen un 17% menos de probabilidades de volver a prisión.
El tratamiento por abuso de sustancias ofrece otro pilar. Un estudio con presos del sistema penitenciario de Delaware evaluó un programa de trabajo fuera de prisión que incluía residencias libres de drogas, supervisión continua de consejeros, terapia de grupo y sesiones familiares. El estudio mostró que, entre quienes participaron en el programa, una proporción mayor se mantuvo libre de drogas y de detenciones que entre quienes siguieron el programa habitual de trabajo fuera de prisión.
Rentabilidad
Otros métodos que pueden mejorar las tasas de reincidencia incluyen los tribunales especializados en drogas, la mejora de la salud mental y los programas dirigidos específicamente a jóvenes infractores. Un beneficio adicional de todas estas iniciativas es la reducción de costes. Según la Oficina Federal de Prisiones de Estados Unidos, el coste del encarcelamiento medio por preso en 2017 fue de 36.300 dólares, o casi 100 dólares al día.

Aun así, aunque la tasa de encarcelamiento de Estados Unidos ha caído a su nivel más bajo en 20 años, el país sigue encarcelando a una proporción mayor de su población que cualquier otro.


