Los refugiados merecen compasión: un camino hacia un cambio positivo

Khadidja, 25, a pregnant Sudanese refugee, who has fled the violence in her country, walks with her children beside makeshift shelters near the border between Sudan and Chad, in Koufroun, Chad May 9, 2023.
Khadidja, 25, a pregnant Sudanese refugee, who has fled the violence in her country, walks with her children beside makeshift shelters near the border between Sudan and Chad, in Koufroun, Chad May 9, 2023.Image: REUTERS/Zohra Bensemra
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  • Se prevé que 117,2 millones de personas se verán obligadas a desplazarse antes de que termine 2023.

  • Incluso cuando las personas refugiadas llegan a su destino —los llamados «refugios seguros»—, sus vidas pueden ser extremadamente difíciles e indignas.

  • Este año, el mundo debe mostrar compasión hacia las personas refugiadas y aplicar políticas inclusivas. Es hora de actuar, no de hablar.

Desde el Sahel central hasta la frontera entre Estados Unidos y México, y desde Ucrania hasta Afganistán, el número de personas obligadas a huir de la guerra, la violencia y la persecución ha alcanzado un máximo histórico.

Según ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, se prevé que 117,2 millones de personas se verán obligadas a desplazarse antes de que termine 2023. Estas cifras abrumadoras exigen nuestra atención y compasión. Cuentan una historia de profundo sufrimiento y de una pérdida de vidas que continúa sin cesar.

Las complejas causas de la huida y el desplazamiento

Desesperadas por encontrar protección y una vida mejor, muchas personas emprenden viajes peligrosos que ponen a prueba su resiliencia y esperanza. Es fundamental reconocer que las experiencias de las personas refugiadas son complejas y diversas, y que cada historia de huida o desplazamiento comienza con una decisión profundamente personal. Cada persona refugiada se enfrenta a una elección trascendental, ya sea un intento apresurado de escapar de una muerte inminente o una evaluación cuidadosa de los riesgos y las posibles recompensas. Algunas se mueven por el sueño de una vida plena y por el sentido de responsabilidad hacia su familia o comunidad. Otras se ven impulsadas por la pura desesperación por sobrevivir.

La decisión de emprender viajes peligrosos en busca de seguridad y un futuro mejor no se toma a la ligera. Diversos factores llevan a las personas a abandonar sus hogares y comunidades y a afrontar lo desconocido con temor. La falta de protección efectiva en los países de primer asilo y de tránsito, junto con las deficientes condiciones de acogida, los prolongados procedimientos para determinar la condición de refugiado y el escaso apoyo para ganarse la vida, deja a muchas personas sin alternativas viables. La falta de seguridad, de oportunidades para ganarse la vida y de acceso a la educación agrava aún más sus dificultades.

«Hay que entender que nadie subiría a sus hijos a un barco si el mar no fuera más seguro que la tierra», escribe la poeta británico-somalí Warsan Shire. «Nadie deja su hogar a menos que su hogar sea la boca de un tiburón».

Los desafíos en los refugios seguros

Para quienes tienen la suerte de llegar a lugares seguros, la realidad puede ser abrumadora. En la UE, por ejemplo, algunos Estados miembros han aplicado disposiciones de emergencia en el marco del Acuerdo de Schengen, alegando las supuestas amenazas del terrorismo y la migración irregular. Estas medidas, que a menudo dan lugar a la discriminación contra las personas refugiadas y migrantes de determinadas etnias, socavan los principios de compasión y solidaridad.

Además, y lamentablemente, la crisis de las personas refugiadas se ha convertido en un asunto polarizador, que algunos políticos explotan en beneficio propio. Exageran o distorsionan las posibles amenazas que plantean las personas refugiadas y las usan como chivos expiatorios convenientes para diversos problemas sociales. Estas acciones profundizan la polarización política y perpetúan la desinformación. Como consecuencia, se ponen en peligro las vidas y el bienestar de quienes buscan refugio.

Un llamado a la empatía y la compasión

El desplazamiento forzado se ha convertido en una grave crisis mundial. Exige atención y acción inmediatas por parte de las personas, los gobiernos y las organizaciones internacionales. El Comité Internacional de Rescate es una de las organizaciones que trabajan incansablemente para garantizar que se respeten los derechos de las personas refugiadas y que estas —y todas las personas que necesitan asistencia humanitaria— reciban la ayuda vital que merece todo ser humano, incluso mediante esfuerzos para tratar a los 45 millones de niños que en este momento sufren desnutrición aguda y corren el riesgo de morir de hambre. La organización nos insta a honrar este año a las personas refugiadas con acciones, no solo con palabras.

Amit Paley, emprendedor residente, Comité Internacional de Rescate.

Debemos esforzarnos por comprender las complejas razones que llevan a emprender viajes peligrosos y abordar los problemas subyacentes que obligan a las personas a abandonar sus hogares. Al fomentar la empatía, cuestionar la manipulación política y defender políticas inclusivas, podemos crear un mundo más compasivo que reconozca la dignidad inherente y la resiliencia de las personas refugiadas.

Aunque el mundo ha sido testigo de numerosos casos de desplazamiento y migración forzada, la respuesta a las personas refugiadas ucranianas ha demostrado la notable capacidad de mostrar compasión y solidaridad. Esta respuesta no solo ofrece esperanza y apoyo a quienes se han visto afectados por la guerra en Ucrania, sino que también pone de relieve la urgente necesidad de extender esa compasión a personas de otras etnias que buscan refugio en todo el mundo. Esta respuesta refleja la comprensión fundamental de que la protección de los derechos humanos y el alivio del sufrimiento deben trascender las fronteras nacionales, la etnia y las afiliaciones políticas.

Para lograrlo, es imperativo que las naciones adopten un enfoque más integral y cooperativo. Esto significa aplicar procedimientos de asilo justos y eficaces, aumentar la ayuda humanitaria y las cuotas de reasentamiento, y dar prioridad a la protección y el bienestar de las personas refugiadas. Además, fomentar la conciencia y la comprensión públicas sobre las causas del desplazamiento forzado, y cuestionar los relatos prejuiciosos, puede contribuir a promover la empatía y el apoyo a quienes lo necesitan.

Si extendemos esta compasión a las personas refugiadas de todos los orígenes, podremos construir un mundo más justo e inclusivo, en el que se respeten y protejan los derechos y la dignidad de todas las personas.

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