En la lucha por los derechos LGBTQ+ en el continente africano, Sudáfrica marca el camino hacia la igualdad matrimonial y la protección legal contra la discriminación. De hecho, fue el primer país del mundo en proteger contra la discriminación por orientación sexual y el quinto en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Sobre el papel, este país es un refugio para personas como yo, pero existe un marcado contraste entre las políticas escritas y las experiencias vividas. Aquí es donde debemos centrar nuestra atención.
La Ley de Uniones Civiles entró en vigor el 30 de noviembre de 2006, tras el fallo en el caso de Minister of Home Affairs contra Fourie, en el que una pareja de lesbianas luchó por reclamar sus derechos en un país donde, tras el apartheid, trabajamos para eliminar la discriminación basada en la identidad.
Como el caso no se vio precedido por un consenso nacional ni por un cambio drástico en la percepción social de las personas LGBTQ+, Sudáfrica se convirtió en una anomalía entre los muchos países que luchan por la igualdad matrimonial. La protección legal precedió a la aceptación pública. Esta es una de las razones por las que hoy nos enfrentamos a ideas erróneas y discriminación en torno al matrimonio entre personas del mismo sexo.
Una cláusula de la Ley de Uniones Civiles permite que los funcionarios públicos se nieguen a solemnizar uniones civiles si se oponen a las relaciones entre personas del mismo sexo por motivos de «conciencia, religión [o] creencias». En un país religioso, esto supone un obstáculo muy real para las parejas del mismo sexo que quieren casarse. Aunque una enmienda a la ley resolverá un aspecto importante de los problemas a los que se enfrenta la comunidad LGBTQ+, no podrá abordar la arraigada tendencia a marginar a las personas gais en Sudáfrica.

Durante los últimos años, he vivido y trabajado en una de las ciudades más conservadoras y religiosas de Sudáfrica. A pesar de mi firme determinación, como mujer queer de piel morena, de promover una sensación de seguridad personal entre los miembros de la comunidad queer, a veces sigo ocultando mi identidad al guardar silencio sobre ella en el trabajo o en determinados entornos sociales.
Un breve trayecto de 30 minutos en tren hasta la ciudad vecina me permite hablar libremente de relaciones pasadas sin preocuparme por los juicios o la persecución, y también me brinda la comunidad que tanto echo en falta en mi vida cotidiana.
Hace poco me he dado cuenta de cuánto he tenido que dejar de lado de mi identidad por el miedo que me inspira el entorno que me rodea. Más allá de mis propios sentimientos de cobardía, mis experiencias suelen hacerme pensar en las personas queer que viven sin la aceptación de la sociedad ni ningún tipo de protección legal o, peor aún, sabiendo que su identidad basta para que puedan ser procesadas..
Como ingeniera civil dedicada a mejorar el acceso al agua y al saneamiento, he conocido muchas comunidades que no pueden alcanzar todo su potencial debido a un liderazgo deficiente y al desconocimiento de su propia capacidad de acción. Hay muchos líderes que no representan a sus electores, y miembros de la comunidad que no saben que tienen derecho a ejercer su capacidad de participación democrática. Esta situación se refleja en la lucha LGBTQ+. La falta de liderazgo representativo y el silenciamiento de las voces LGBTQ+ hacen que muchas comunidades no hablen de las cuestiones que afectan a las personas gais.
Progressive Prudes, una de las primeras encuestas sobre las «actitudes hacia la homosexualidad y la no conformidad de género en Sudáfrica», señaló que el 51% cree que las personas gais deberían tener los mismos derechos humanos, pero un asombroso 72% considera que la actividad entre personas del mismo sexo es moralmente incorrecta. Los datos sobre estas percepciones coinciden con los datos sobre las experiencias vividas por las personas LGBTQ+ en todo el país. Según se informa, el 44% de la comunidad queer sufre discriminación verbal, física o sexual, o una combinación de estas, en su vida cotidiana debido a su orientación sexual; además, los temas delicados suelen denunciarse muy poco.
Así que, ante los desafíos sociales que existen sobre el terreno en Sudáfrica y los desafíos sociales y legales de todo el continente, ¿qué podemos hacer?
Ciudadanía activa
Necesitamos ver a más personas gais representadas en puestos de liderazgo, no solo en cuestiones LGBTQ+, sino también en todos los asuntos sociales que afectan al país. También necesitamos más educación y sensibilización queer sobre la ciudadanía activa (por ejemplo, cómo participar en las reuniones locales del Plan Integrado de Desarrollo, donde la ciudadanía puede influir en los presupuestos y las decisiones).
Educación
Sobre el papel, el currículo de orientación para la vida de las escuelas sudafricanas es sólido y progresista. Sin embargo, debido a la experiencia limitada de los educadores y al estigma social, muchos temas no se exploran ni se explican como se esperaba. Mila, una plataforma en línea que busca complementar el currículo de orientación para la vida, es un ejemplo de cómo usar la tecnología para abordar con estudiantes de todo el país temas a los que quizá no tengan acceso.
Medios de comunicación
Un amigo considera que los medios de comunicación son una solución clave para cambiar mentalidades. «El consumo de televisión en Sudáfrica es elevado. Incluso en zonas pobres se pueden encontrar televisores y antenas parabólicas adornando las casas de muchas personas. No sé cuáles son las estadísticas, pero intenten cancelar una semana de telenovelas como IsiBaya, Muvhango o 7de Laan y veamos qué pasa. Nos abrimos a las historias y a la fantasía y, como sabemos, la vida imita al arte. Si el arte mostrara a más personajes gais, lesbianas y trans en situaciones que vive la mayoría, haciendo lo que hacen, sufriendo como sufren, soñando como sueñan y casándose como se casan, poco a poco la brecha entre nosotros y ellos empezaría a reducirse».
Empresas
Este año, el LGBT+ Forum lanzó el Índice de igualdad en el lugar de trabajo de Sudáfrica, cuyo objetivo es «establecer parámetros de referencia y reconocer a los empleadores más inclusivos con los empleados lesbianas, gais, bisexuales y transgénero en Sudáfrica». Consideran que el índice es una forma de cambiar las actitudes en el lugar de trabajo e impulsar un cambio positivo más amplio. El grupo ayuda a identificar las mejores prácticas para los planes de equidad laboral y espera aumentar en los próximos años el número de empresas y sectores que incluye en la encuesta. Iniciativas como esta nos ayudan a avanzar hacia una aceptación social más amplia.
Incidencia y acción
Otros países del continente africano apoyaron a Sudáfrica en la lucha contra el apartheid, y sería deshonroso abandonarlos en sus luchas relacionadas con la sexualidad. Kaye Ally, presidenta de Johannesburg Pride, ha pedido al presidente que cree un «comité asesor presidencial» para despenalizar a las personas LGBTQ+ en el continente africano.
Es una forma práctica de que los líderes sudafricanos den un paso al frente. El presidente Cyril Ramaphosa recordó hace poco a la comunidad su apoyo, al señalar que «la comunidad LGBTI de Sudáfrica, aunque todas las personas tenemos derechos, sigue necesitando apoyo adecuado y que se le dé el lugar que merece». Este apoyo, junto con una defensa pública de los derechos en el resto del continente, tiene el potencial de cambiar el relato de que ser gay no es africano. Como africanos, estamos en posición de demostrar que todos merecemos prosperar y contribuir a construir un continente próspero.
Los desafíos en materia de derechos LGBTQ+ pueden ser numerosos y enormes hoy en día, pero no puedo evitar recordar a las muchas personas que nos precedieron y dieron la vida para que hoy estemos en condiciones de continuar la lucha a escala mundial.
Como dijo hace poco el popular y abiertamente orgulloso YouTuber Tyler Oakley: «Las personas queer de todas partes son responsables de las personas queer de cualquier lugar». Recordaré esas palabras cuando me sienta menos valiente, así como los momentos en que tengo el valor de dar un paso al frente, ya sea para defender el acceso al agua y al saneamiento o la protección de las personas LGBTQ+.
La esperanza es que podamos eliminar estos obstáculos evitables y liberar el potencial de las personas para que vivan plenamente.


