Argentina y Brasil se han convertido en destinos cada vez más populares para las personas LGBT+ que solicitan asilo
Criado en Montego Bay, Jamaica, Glenroy disfrutó de una infancia idílica, hasta que su familia descubrió que era gay.
Lo atacaron físicamente y lo echaron de casa, lo que desencadenó un calvario que duraría más de dos años y que finalmente lo obligó a buscar refugio a miles de millas (km) de distancia, en Argentina.
«En ese momento, todos los días uno de mis amigos estaba muriendo o sufría discriminación, estigma, violencia, abusos, ataques y todo eso», afirmó este joven de 23 años, cuyo nombre la Fundación Thomson Reuters ha cambiado para protegerlo.
«Eso fue lo que me obligó a abandonar mi país. No podía vivir allí».
Argentina podría parecer un destino poco probable. Pero, a medida que América Latina avanza en los derechos de las personas gais y trans, la región se está convirtiendo en un destino cada vez más popular para los refugiados.
Glenroy logró escapar con la ayuda de Rainbow Railroad, una organización canadiense que ayuda a las personas LGBT+ a escapar del peligro en sus países de origen y a encontrar seguridad en otro lugar.
Trabajan con FALGBT, una organización argentina de derechos que presta ayuda a los solicitantes de asilo LGBT+.
«Se ha convertido en una avalancha», afirmó Mariano Ruiz, secretario de relaciones internacionales de FALGBT. «Con los años, cada vez recibimos más solicitudes [en comparación con el año anterior]».
No hay datos oficiales sobre los refugiados LGBT+ en Argentina, pero Ruiz afirmó que el número de consultas sobre asilo que recibe su organización se había multiplicado por cuatro en los últimos dos años.
Al igual que varios países de América Latina, el país ofrece protecciones legales, entre ellas el matrimonio entre personas del mismo sexo y el reconocimiento de la identidad de género.
Las personas procedentes de países con leyes contra la homosexualidad, como Jamaica y Rusia, no necesitan visado para entrar en Argentina.
Pueden entrar en el país como turistas y después solicitar el estatus de refugiado, en lugar de pasar por el largo proceso que supone solicitar la entrada en destinos de refugio más tradicionales, como Estados Unidos o Canadá.
«Ese proceso puede durar hasta tres o cuatro años y, en muchos casos, las personas necesitan huir ya, porque su vida corre peligro», afirmó Ruiz.
«Libertad y felicidad»
El vecino Brasil, que concedió asilo por motivos de orientación sexual a una pareja de hombres por primera vez en 2002, también se ha convertido en un destino popular entre las personas LGBT+ que huyen de la persecución.
La agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, afirmó que el país recibió 135 solicitudes de asilo basadas en la orientación sexual o la identidad de género en 2015, frente a solo dos en 2010.
Entre 2010 y 2016, la mayoría de estas solicitudes procedían de países de África Occidental, entre ellos Nigeria, Camerún y Ghana, según indicó.
Las cifras siguen siendo modestas en comparación con Estados Unidos, que concede el estatus de refugiado a unos 1.250 solicitantes de asilo LGBT+ al año, según la organización de defensa Heartland Alliance.
Sin embargo, los expertos afirman que Brasil y Argentina ofrecen potencial, en particular a medida que Estados Unidos endurece las restricciones a la migración.
«Brasil tiene capacidad para acoger a personas LGBT como refugiadas y para empezar a comprender ese proceso, la dinámica de la sexualidad de las personas», afirmó el activista local Bruno Santos.
«Pero, dentro de esta garantía, también debemos crear primero políticas públicas para los refugiados», añadió Santos, fundador de Casa Miga, el primer refugio de Brasil para refugiados gais y trans, situado en la ciudad septentrional de Manaos.
Junto con México y Uruguay, tanto Argentina como Brasil han reconocido oficialmente la identidad de género y la orientación sexual como motivos para solicitar asilo.
También figuraban entre las 28 naciones de la región que adoptaron la Declaración de Brasil de 2014 del ACNUR, que destaca a los migrantes gais y trans como especialmente vulnerables.
Brian, de 26 años, llegó a Argentina en marzo de 2017 después de huir de su Ghana natal con la ayuda de Rainbow Railroad.
«Me fui porque sentí que era la única forma de alcanzar la libertad y la felicidad», afirmó Barry, cuyo nombre también ha sido cambiado. «Llegué a Argentina porque es uno de los pocos países que reconocen los derechos de las personas gais.
«Fue un viaje difícil, pero me sentí feliz al llegar. Lo que más me gusta de vivir aquí es poder llevar por fin un estilo de vida libre».
Desafíos
Sin embargo, muchos migrantes gais y trans han comprendido que una mejor protección legal no significa automáticamente la aceptación social. A pesar de los avances de los últimos años, Brasil sigue siendo un lugar peligroso para las personas LGBT+.
El Grupo Gay de Bahía, una organización de seguimiento, afirmó que solo el año pasado fueron asesinadas en el país 445 personas gais y trans.
«Predomina la homofobia, las personas que son simplemente homófobas, racistas y discriminatorias, así que es una gran lucha para nosotros», afirmó Santos.
Las personas gais y trans tienen menos probabilidades de sufrir violencia en Argentina, pero los refugiados deben aún afrontar los aspectos prácticos de trasladarse a una cultura totalmente nueva. Un informe de 2017 del ACNUR advirtió de que la integración de los refugiados seguía siendo «un gran desafío».
Glenroy, el refugiado jamaicano, no hablaba español cuando llegó a Buenos Aires y le ha costado encontrar un empleo estable.
«Estoy aprendiendo el idioma», afirmó a través del servicio de mensajería WhatsApp. «Pero la crisis económica está fuera de control. Hoy en día apenas puedo comprar nada».
A pesar de los desafíos financieros y culturales, se siente feliz de haber encontrado por fin seguridad.
«La vida va bien», afirmó. «No es perfecta como me gustaría, pero voy avanzando. Quiero esforzarme para lograr lo que de verdad quiero lograr».


