En una votación celebrada a finales de julio, la Asamblea General de las Naciones Unidas acordó declarar que poder vivir en «un medio ambiente limpio, saludable y sostenible» es un derecho humano para todas las personas.
La declaración no es jurídicamente vinculante, pero, como muestran los ejemplos anteriores, puede contribuir a orientar las políticas y las leyes de todo el mundo.
El cambio climático ya está afectando a gran parte de la población mundial, con temperaturas extraordinariamente altas temperaturas desde el Ártico hasta Australia. La contaminación atmosférica causada por los incendios forestales, los vehículos y las industrias amenaza la salud humana. Las abejas y otros polinizadores están muriendo en cantidades sin precedentes que podrían obligar a cambiar la producción de cultivos y la disponibilidad de alimentos.
¿Qué tienen en común estos fenómenos? Representan la nueva frontera de los derechos humanos.
La Asamblea General de las Naciones Unidas votó abrumadoramente el 28 de julio de 2022 a favor de declarar que poder vivir en «un medio ambiente limpio, saludable y sostenible» es un derecho humano universal. También instó a los países, las empresas y las organizaciones internacionales a redoblar sus esfuerzos para hacer realidad ese derecho.
La declaración no es jurídicamente vinculante: los países pueden votar a favor de una declaración de derechos sin respaldar realmente esos derechos en la práctica. El lenguaje también es impreciso, por lo que queda a interpretación qué constituye exactamente un medio ambiente limpio, saludable y sostenible.
Aun así, es más que una mera declaración de principios. Resoluciones como esta han sentado históricamente las bases de tratados eficaces y leyes nacionales.
Soy geógrafo y me centro en la justicia ambiental, y gran parte de mi investigaciónanaliza las relaciones entre los cambios ambientales impulsados por el desarrollo, el uso de los recursos naturales y los derechos humanos. Estos son algunos ejemplos de cómo resoluciones similares han abierto el camino a medidas más contundentes.
Cómo se amplió el concepto de derechos humanos
En 1948, tras la Segunda Guerra Mundial, las recién creadas Naciones Unidas adoptaron la Declaración Universal de Derechos Humanos en respuesta a las atrocidades del Holocausto. La declaración no era jurídicamente vinculante, pero estableció un conjunto básico de derechos destinado a garantizar las condiciones necesarias para la dignidad humana fundamental.
Ese primer conjunto de derechos incluía el derecho a la vida, la libertad de culto, la protección contra la esclavitud y un nivel de vida adecuado para la salud y el bienestar.
Desde entonces, el alcance de los derechos humanos se ha ampliado, con varios acuerdos jurídicamente vinculantes para los países que los ratificaron. Las convenciones de la ONU contra la tortura (1984) y la discriminación racial (1965), así como las relativas a los derechos de la infancia (1989) y de las personas con discapacidad (2006), son solo algunos ejemplos. Hoy, la Carta Internacional de Derechos Humanos también incluye acuerdos vinculantes sobre derechos económicos y culturales, civiles y políticos.
La triple crisis planetaria actual
El mundo ha cambiado drásticamente desde que se redactó la Declaración Universal de Derechos Humanos, quizá sobre todo por la magnitud de las crisis ambientales a las que se enfrenta la población mundial.
Algunos expertos sostienen que la «triple crisis planetaria» —el cambio climático causado por la actividad humana, la pérdida generalizada de biodiversidad y la contaminación sin control— amenaza ahora con rebasar los límites planetarios necesarios para vivir de forma segura en la Tierra.
Estas amenazas pueden socavar el derecho a la vida, la dignidad y la salud, al igual que la contaminación atmosférica, el agua contaminada y la contaminación por plásticos y sustancias químicas. Por eso, los defensores de este derecho abogaron por que la ONU declarara el derecho a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible.
La ONU lleva más de 50 años debatiendo sobre el medio ambiente como una preocupación mundial, y durante ese tiempo varios tratados internacionales han abordado problemas ambientales específicos, incluidos acuerdos vinculantes para proteger la biodiversidad y cerrar el agujero de ozono. El Acuerdo de París sobre el clima de 2015 para limitar el calentamiento global es un resultado directo y jurídicamente vinculante de las largas luchas que siguen a las declaraciones iniciales.
La resolución sobre el derecho a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible se aprobó sin votos en contra, aunque ocho países se abstuvieron: Belarús, Camboya, China, Etiopía, Irán, Kirguistán, Rusia y Siria.
El derecho humano al agua
Las declaraciones voluntarias de derechos humanos también pueden ser fundamentales para cambiar las políticas estatales y proporcionar a las personas nuevas herramientas políticas con las que exigir mejores condiciones.
El derecho humano al agua es uno de los ejemplos más contundentes de cómo se han utilizado las resoluciones de la ONU para orientar las políticas estatales. La resolución, adoptada en 2010, reconoce que el acceso a cantidades suficientes de agua potable limpia y a servicios de saneamiento es necesario para hacer efectivos todos los demás derechos. Las enfermedades diarreicas, causadas en gran medida por el consumo de agua no segura, causan la muerte de medio millón de niños menores de 5 años cada año.
Los defensores de los derechos humanos utilizaron la resolución para ayudar a presionar al Gobierno mexicano a reformar su Constitución y adoptar el derecho humano al agua en 2012. Aunque el concepto todavía afronta retos, también se atribuye a la idea del derecho al agua el mérito de transformar el acceso al agua en comunidades marginadas de Bangladés, Costa Rica y Egipto y otros países.
Los derechos de los pueblos indígenas
La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de 2007 es otro ejemplo. Reconoce las historias específicas de marginación, violencia y explotación que han sufrido muchos pueblos indígenas en todo el mundo, así como las violaciones contemporáneas de los derechos humanos.
La resolución establece los derechos de los pueblos indígenas, pero no llega a reconocer su soberanía, algo que muchos critican por limitar el alcance de la libre determinación. Sin embargo, dentro de estos límites, varios países han incorporado algunas de sus recomendaciones. En 2009, Bolivia la integró en su constitución.
La Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas habla del derecho al consentimiento libre, previo e informado sobre los proyectos de desarrollo e industriales que afectarían a los pueblos indígenas. Esto ha sido una herramienta poderosa para que los pueblos indígenas puedan exigir el debido proceso a través del sistema legal.
En Canadá, Paraguay y Kenia, los pueblos indígenas han utilizado la resolución para contribuir a obtener importantes victorias legales ante tribunales de derechos humanos, cuyas sentencias han propiciado la restitución de tierras y otros avances jurídicos.
Herramientas para el cambio
Las declaraciones de derechos humanos de la ONU son normas aspiracionales que buscan garantizar un mundo más justo y equitativo. Aunque declaraciones como esta no son jurídicamente vinculantes, pueden ser herramientas fundamentales que las personas pueden utilizar para presionar a los gobiernos y a las empresas privadas para que protejan o mejoren el bienestar humano.
El cambio puede llevar tiempo, pero creo que esta última declaración de derechos humanos contribuirá a impulsar la justicia climática y ambiental en todo el mundo.






