La islamofobia va en aumento. Así podemos combatirla

People attend a national gathering to protest antisemitism and the rise of anti-Semitic attacks in the Place de la Republique in Paris, France, February 19, 2019. The writing on the sign reads: "Antisemitism, islamophobia, racism - not in our name". REUTERS/Gonzalo Fuentes - RC1C0E9C21B0
Europe has seen an increase in Islamophobic hate crimes in recent years.Image: REUTERS/Gonzalo Fuentes
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Un conjunto cada vez mayor de investigaciones apunta a la proliferación de la islamofobia en toda Europa en los últimos años. En el Reino Unido, en 2017 se registró un número récord de delitos de odio islamófobos; se registraron en 2017, y en todo el continente se han observado tendencias similares de aumento de la islamofobia manifiesta.

En un nuevo proyecto de investigación paneuropeo, mis colegas y yo nos propusimos elaborar un conjunto de herramientas para combatir la islamofobia. En él se resumen algunos de los mejores métodos y herramientas que vimos utilizar para cuestionar las ideas y acciones islamófobas en Europa.

En cualquier debate sobre la islamofobia, se necesita una definición que reconozca tanto las formas directas de discriminación islamófoba como sus manifestaciones más sutiles y matizadas. Una definición publicada en noviembre de 2018 por el Grupo Parlamentario Multipartidista sobre los Musulmanes Británicos, que afirma que «la islamofobia tiene sus raíces en el racismo y es un tipo de racismo que se dirige contra las expresiones de identidad musulmana o de una identidad percibida como musulmana», cumple precisamente esa función y constituye un punto de partida útil.

Image: Statista

En nuestra investigación, empezamos por examinar las ideas islamófobas más comunes que circulaban en ocho países: Francia, Bélgica, Alemania, el Reino Unido, la República Checa, Hungría, Grecia y Portugal. Aunque el lenguaje y la retórica de la islamofobia diferían en cada uno, constatamos que muchas de esas ideas presentaban a los musulmanes, las prácticas islámicas y los lugares asociados a ellas, como las mezquitas o los centros comunitarios, como intrínsecamente violentos y amenazantes, e incompatibles con la concepción de un modo de vida europeo. Por ejemplo, en Francia, algunas personas consideran que llevar el pañuelo islámico y mostrar visiblemente la identidad musulmana vaen contra de los valores laicos franceses y, por extensión, de ser francés.

Encontramos muchos ejemplos de buenas prácticas para combatir la islamofobia. Por ejemplo, los proyectos interreligiosos en Alemania destacaron la convivencia y la compatibilidad cultural entre musulmanes y no musulmanes.

En varios casos también se recurrió al arte para cuestionar las ideas islamófobas, entre ellos en Bélgica y el Reino Unido. Las tiras cómicas de Tuffix, obra de la artista alemana Soufeina, y la película británica de 2017, Freesia, ponen de relieve la contribución de los musulmanes a la sociedad y los problemas que muchos afrontan a causa de la islamofobia.

Otro relato

A partir de nuestro análisis, nuestro conjunto de herramientas destacó algunas estrategias concretas que sirven para combatir la islamofobia. Dado que gran parte de ella se basa en la idea de que los musulmanes amenazan el modo de vida, los valores y la cultura europeos, una forma de cuestionar esas ideas es destacar los muchos papeles cotidianos que desempeñan los musulmanes en la sociedad. Además, como observamos que las percepciones islamófobas suelen basarse en la idea de que el islam y los musulmanes son sexistas, los proyectos que apoyan a las mujeres musulmanas, su trabajo y sus voces contribuirán a desmontar esos prejuicios.

Las mujeres musulmanas se ven afectadas de forma desproporcionada por la islamofobia. No solo se las considera una amenaza para Occidente, sino que, paradójicamente, también se las presenta como víctimas de un supuesto sexismo islámico. Estas ideas distorsionadas deben revertirse mediante nuevos relatos, encabezados por las propias mujeres musulmanas y difundidos a través del arte, los medios de comunicación y la cultura popular, que muestren la diversidad de sus vidas.

Es necesario documentar adecuadamente la islamofobia para evaluar el alcance y la naturaleza del fenómeno, y deconstruir y cuestionar eficazmente los relatos y las lógicas erróneas que se emplean en los ataques islamófobos. Cuando circulen relatos desinformados sobre el islam y los musulmanes, hay que desmontarlos. Hace falta reconstruir las ideas predominantes sobre el islam y los musulmanes para acercarlas más a la realidad de la fe y su práctica. Esto significa que las ideas dominantes sobre los musulmanes y el islam que circulan en la cultura popular deben reflejar las diversas experiencias cotidianas de los musulmanes y su fe.

Todo esto se traduce en un enfoque de cuatro pasos: primero, definir la islamofobia; segundo, documentarla; después, deconstruir sus relatos y, por último, reconstruir nuevos relatos positivos y realistas sobre los musulmanes.

Este enfoque se distancia de las estrategias desinformadas y a menudo reactivas para combatir la islamofobia, como la práctica de los musulmanes de condenar repetidamente los atentados terroristas e intentar desvincular esos actos del islam. Al hacerlo, a menudo descubren que sus comentarios caen en saco roto y, en cambio, corren el riesgo de contribuir a asociar a los musulmanes con la violencia.

El objetivo último de combatir la islamofobia debe ser crear una sociedad justa y equitativa para todos, que valore y proteja la ciudadanía de sus miembros.

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