La diversidad y la inclusión suelen considerarse un desafío que hay que resolver.
La realidad es que pueden formar parte de la solución a algunos de nuestros problemas más apremiantes.
Desde la narrativa hasta la gobernanza ágil, estos son cinco ejemplos.
La expresión «misma tormenta, distintos barcos» describe bien el desigual impacto del COVID-19. Sin embargo, entre los retos muy reales a los que se enfrenta la humanidad se encuentra una oportunidad para «reconstruir mejor». La «nueva normalidad» es una representación emblemática de esta filosofía.
No obstante, dado que el mundo ha cambiado de forma irreconocible para muchas personas, esta expresión puede resultar incómoda. Muchas personas sienten que la «normalidad» no les sirve. Pero, aunque nuestros sistemas actuales de gobernanza suelen ser insuficientes y excluyentes, también hay motivos para el optimismo. Durante demasiado tiempo, la diversidad y la inclusión se han presentado como un desafío que hay que «resolver». Más allá del pesimismo, podemos imaginar un mundo en el que la diversidad sea la solución a los problemas más apremiantes del mundo, desde el cambio climático hasta el COVID-19.
1. Reducir los resultados desiguales
Si realmente queremos «nivelar hacia arriba» y reducir la desigualdad, debemos asegurarnos de que las personas de grupos subrepresentados tengan un lugar en la mesa. Quizás podamos aprender de la investigación realizada en 194 países que concluyó que 19 jefas de Estado actuaron «con más rapidez y decisión» para salvar vidas, lo que dio lugar a resultados «significativamente mejores».
2. La narración impulsa la acción
El suspiro colectivo ante la frase «seguimos a la ciencia» es casi ensordecedor. En tiempos turbulentos, la lógica por sí sola no movilizará a una nación para unirse y afrontar desafíos globales. Los grandes movimientos de cambio social no se definieron por «tengo un argumento lógico», sino por «tengo un sueño». Son las emociones y las historias las que impulsan la acción. Una buena narración requiere personas con experiencia vivida y situaciones cercanas. Tomemos como ejemplo al futbolista del Manchester United Marcus Rashford, cuya propia experiencia con un programa de vales de alimentos durante su infancia ayudó a convencer al Gobierno del Reino Unido de destinar 120 millones de libras adicionales para ampliar los vales de comedores escolares gratuitos durante las seis semanas de las vacaciones de verano.
3. Algoritmos mutantes: el conocimiento [no] es poder
En 2019, una joven británica de 18 años llamada Jessica Johnson ganó un premio por un relato corto sobre un algoritmo que rebaja los resultados de los exámenes de alumnos de entornos desfavorecidos. Lo que ella creía una fantasía distópica, sin embargo, resultó ser no ficción. Johnson fue una de tantas alumnas y alumnos del Reino Unido a quienes se retiró la oferta de plaza universitaria cuando un ordenador rebajó sus calificaciones previstas, después de que el COVID-19 suspendiera sus exámenes; y, como en su relato, resultó que el alumnado de entornos desfavorecidos tenía más probabilidades de haber visto reducidas sus calificaciones.
La calificación y la plaza universitaria de Johnson acabaron restituyéndose, como ocurrió con miles de otros estudiantes; pero hicieron falta las voces alzadas y las experiencias colectivas de estos jóvenes para lograr demostrar que lo que parecía un refuerzo, promovido por el Estado, de la desigualdad en el rendimiento educativo era, según un sindicato de docentes, «profundamente injusto e inconcebible».
4. El reino desunido
Las cuatro naciones del Reino Unido no siempre han estado en plena sintonía en su respuesta a la pandemia. La situación de los turistas británicos lo ilustra perfectamente. Consideremos las llegadas procedentes de Grecia en el momento de redactar este texto: si se reside en Inglaterra o en Irlanda del Norte no es necesaria cuarentena, pero si la persona que regresa de tomar el sol vive en Escocia, debe guardar cuarentena durante 14 días. Está claro que la confusión fomenta el contagio. El COVID-19 ha puesto de manifiesto, más que nunca, la necesidad de un enfoque sistémico de la cooperación entre múltiples partes interesadas. Esto debe incluir la voluntad de reunir a las partes interesadas en aras del bien común, porque en este caso nuestros esfuerzos colectivos valen más que la mera suma de sus partes.
5. Fomentar la curiosidad mediante una gobernanza ágil
A los políticos se les ha acusado con frecuencia de dar marcha atrás durante la pandemia, como si eso fuera siempre algo negativo. Esta idea de que los políticos no pueden equivocarse no resulta útil. En la búsqueda de una cura para el COVID-19 y de una respuesta óptima a sus efectos, se requiere un enfoque incansable e infantil de experimentación. Esto debe ir acompañado, por supuesto, de la aceptación de la ambigüedad y de la tolerancia a la imperfección. Suponer que nuestros responsables de decisiones elegidos son impermeables a los sesgos conductuales no es, como mínimo, útil. Como seres humanos, no somos inmunes a los males de los sesgos cognitivos y de los atajos heurísticos al resolver problemas. Sin embargo, la diversidad, en concreto la diversidad de pensamiento, nos permite aprovechar la experiencia colectiva de una amplia gama de personas para reducir el riesgo de pensamiento de grupo e impulsar la innovación.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en materia de diversidad, equidad e inclusión?
El Centro para la Nueva Economía y la Sociedad conecta a líderes para comprender cómo el cambio económico y tecnológico está transformando los empleos, las competencias y las oportunidades.
Mediante el intercambio de conocimientos y la colaboración, el Centro permite a sus socios explorar modelos económicos inclusivos que apoyen a las personas y a las sociedades durante la transición.
Nuestros desafíos están interconectados, y eso significa que nuestras soluciones también deben estarlo. Más allá de esta pandemia, los jóvenes no solo son quienes más tienen que perder, sino también quienes más tienen que ganar. Es hora de ir más allá del «problema de la diversidad» y verlo, en cambio, como la cura.


