Vivimos en un mundo de grandes cambios geopolíticos e innovaciones tecnológicas que transforman vidas. Por eso, cabe preguntarse cuáles son nuestras mayores esperanzas para la sociedad en las próximas décadas.
Es cierto que el mundo se ha convertido en un lugar mejor, según casi todos los indicadores del bienestar humano; y, sin embargo, hay que reconocer que se ciernen nuevos desafíos. Desde el auge del nacionalismo hasta las crecientes demandas de privacidad tras las filtraciones masivas de datos; desde el equilibrio entre las necesidades humanas cada vez mayores y los límites planetarios y medioambientales hasta los efectos de la automatización sofisticada en la vida de las personas.
La lista es larga y, sin duda, todos los actores —responsables políticos, sociedad civil, empresas, medios de comunicación y mundo académico— tienen margen para actuar de forma responsable y contribuir a un mundo estable, sostenible y pacífico.
En este contexto, el trabajo de la sociedad civil ha adquirido aún más importancia.
Resolución de problemas
La sociedad civil se dedica con empeño a resolver problemas, pero está claro que debe redoblar sus esfuerzos para adaptarse a una nueva realidad de problemas interconectados que cambian rápidamente. Las cifras indican que el sector tiene el tamaño y la escala necesarios a nivel mundial para adaptarse con solidez al cambio.
En el pasado, a las organizaciones de la sociedad civil les resultaba difícil medir estadísticamente el impacto económico de su trabajo y el tamaño del sector; pero los datos y las nuevas investigaciones han cambiado esa situación. Las cifras recientes muestran que su alcance es mucho mayor de lo que se había previsto, con unos gastos operativos de 2,2 billones de dólares, y el equivalente a unos 54 millones de trabajadores a tiempo completo en todo el mundo, además de más de 350 millones de voluntarios.
Pero adaptarse no basta. La innovación, la creatividad y la transformación son imperativos para el sector si quiere abordar los grandes desafíos de nuestro tiempo.
¿Qué le espera entonces a la sociedad civil? Estas son cuatro consideraciones clave:
Grandes ambiciones y altas expectativas
La carga de trabajo de las organizaciones de la sociedad civil ha aumentado en los últimos años, y más trabajo conlleva más responsabilidad y la necesidad de gestionar las expectativas.
Por ejemplo, se espera que los grupos de la sociedad civil hagan realidad los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas y colaboren con otros actores sociales y responsables de la toma de decisiones para transformar el panorama del desarrollo mundial durante la próxima década.
No es un desafío menor. Hay 17 objetivos que abarcan toda una serie de complejos asuntos sociales que hay que planificar, abordar y supervisar, además de nuevas funciones para el sector, en un contexto en el que se difuminan los límites entre la sociedad civil, los gobiernos y las empresas.
A este contexto de demandas que aumentan drásticamente se suman desafíos de mayor escala en materia de seguridad, acción humanitaria y cambio climático que se perfilan en el horizonte. Todo ello obliga al sector de la sociedad civil a encontrar mecanismos eficaces para hacer frente a la situación, replanteándose sus programas, operaciones, estrategias de movilización y modelos de colaboración.
Las expectativas de que el sector demuestre su relevancia y sus capacidades son altas, pero van acompañadas de una erosión generalizada de la confianza en las instituciones de la sociedad civil —así como en las empresas, los gobiernos y los medios de comunicación.
Este desplome de la confianza significa que la sociedad civil debe trabajar más, con mayor eficacia y transparencia, y comunicarse mejor con sus beneficiarios actuales y potenciales, sus miembros y las partes interesadas.
Los escándalos recientes que han afectado a algunas ONG internacionales, así como el crecimiento de las ideas populistas de derecha, contribuyen aún más a las percepciones erróneas y a la desconfianza en el sector, y dañan su credibilidad. Esto podría crear un círculo vicioso de menor participación de base y menor financiación, lo que acabaría amenazando a todo el sector.

Un entorno legislativo y operativo difícil
En todo el mundo, la tendencia general hacia medidas regulatorias más restrictivas, mayores controles y restricciones gubernamentales a la financiación está dificultando sin duda que ciertas instituciones de la sociedad civil lleven a cabo sus actividades.
Por un lado, esto podría interpretarse como una oportunidad para introducir más transparencia y rigor en el sector; por otro, también está contribuyendo a restringir el espacio cívico, limitando las libertades y actividades cívicas de la sociedad civil y de la ciudadanía.
En algunos casos concretos, las regulaciones contra las ONG promulgadas por los gobiernos —dirigidas sobre todo a organizaciones no gubernamentales que trabajan en los ámbitos de los derechos humanos, la corrupción y la gobernanza— crean un relato de represión y criminalización del trabajo del sector. Esto puede imposibilitar que las organizaciones de la sociedad civil funcionen de manera independiente y las obliga a cesar sus actividades pese a la creciente necesidad de sus servicios.
En el mejor de los casos, el panorama actual de los marcos legislativos solo está generando una mayor carga burocrática; en el peor, pone en riesgo la seguridad de las personas comprometidas con el sector y suscita muchas preguntas sobre si compensa operar en determinados contextos.

Replantear la relación con el sector privado
Mientras tanto, las empresas participan de forma cada vez más visible en la agenda social y medioambiental.
Las empresas multinacionales, en particular las que operan a escala mundial, han adoptado una actitud cada vez más proactiva en materia de sostenibilidad. El 10 % de las empresas cotizadas genera el 80 % de los beneficios, por lo que el creciente predominio en el mercado de una concentración cada vez mayor del poder empresarial multinacional —aunque preocupante en algunos aspectos— ofrece capacidad para influir positivamente en las políticas públicas y acelerar las inversiones sociales.
En un espectro de participación que va desde las relaciones públicas insulsas hasta el activismo empresarial y las campañas contundentes sobre cuestiones sociales y políticas delicadas, el sector empresarial se ha convertido en un aliado para impulsar el cambio en asuntos sociales y medioambientales.
Desde la aplicación de los Acuerdos de París hasta los objetivos de desarrollo de las Naciones Unidas, la comunidad internacional espera que las empresas asuman tanta responsabilidad como los gobiernos y la sociedad civil en el avance de la agenda de desarrollo sostenible. También espera que aporten competencias propias del sector privado, como la innovación y la eficiencia, además de recursos, como activos y apoyo financiero.
En este sentido, la relación de la sociedad civil con las empresas se ha vuelto más matizada y sofisticada, con interesantes ejemplos de alianzas de colaboración con visión de futuro y alianzas inesperadas que están surgiendo.
Esta relación se ve favorecida por el carácter cada vez más digital de la organización política y la participación cívica. Por un lado, las herramientas en línea facilitan que las personas y los actores de la sociedad civil se movilicen y unan esfuerzos; por otro, la propiedad empresarial de estas herramientas tiene implicaciones para la capacidad de proteger la privacidad de las personas y sus derechos de acceso a internet.
La tecnología importa
La sociedad civil atraviesa una transición profunda al adentrarse en la Cuarta Revolución Industrial. Esto plantea importantes preocupaciones operativas y dudas sobre su capacidad para mantener la agilidad, comprender el impacto de la tecnología en las comunidades a las que tradicionalmente han prestado servicio las organizaciones de la sociedad civil y responder a él.
Algunas de estas transformaciones amplían el papel de la sociedad civil; otras desafían al sector a definir sus responsabilidades y contribuciones en un mundo hiperconectado. El sector ha acumulado al menos una década de conocimientos sobre el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC); pero la digitalización y la creciente proliferación de la inteligencia artificial, las biotecnologías, la impresión 3D, la cadena de bloques y otras tecnologías exigen que la mayoría de los grupos cívicos actuales alcancen un nuevo nivel de preparación, inversión y adaptación.
No se trata simplemente de integrar innovaciones y capacidades en los servicios, productos y programas. El uso generalizado de macrodatos en todos los sectores ha planteado nuevos desafíos relacionados con la rendición de cuentas, la equidad, la confianza y la transparencia, que podrían afectar negativamente a las sociedades al generar discriminación, injusticia y exclusión de las poblaciones vulnerables.
El sector debe desarrollar una comprensión matizada de la Cuarta Revolución Industrial, sus implicaciones para la sociedad y, en consecuencia, su impacto en la manera en que la sociedad civil defiende los derechos humanos, presta servicios para el desarrollo sostenible y promueve el diálogo sobre los valores de la sociedad.
Los líderes de la sociedad civil deberían desarrollar una visión de su papel a la hora de influir en el desarrollo y la implementación de las tecnologías emergentes en el mercado, para garantizar que se utilicen en beneficio de la sociedad y que los beneficiarios —y la humanidad en general— estén protegidos de cualquier daño.
La innovación es la nueva norma
En los últimos años, la innovación ha adquirido aún más importancia en el sector sin ánimo de lucro. Esto se aplica a todos los contextos: ya sea idear nuevas formas de prestar servicios, adaptarse a leyes difíciles, crear nuevos modelos de colaboración con el sector privado, establecer nuevos referentes para los derechos laborales en la revolución digital o replantearse la relación con las tecnologías y su gobernanza.
Los líderes de la sociedad civil asumen nuevas responsabilidades, y el sector debe demostrar que puede mantener su agilidad y capacidad de adaptación, así como abrir camino con nuevos enfoques y soluciones para el desarrollo social mediante la innovación responsable y la tecnología inclusiva. Debe hacerlo a la manera de la sociedad civil.
Colaborar con organizaciones innovadoras comprometidas con mejorar el estado del mundo es fundamental para el Foro Económico Mundial, como institución internacional de cooperación público-privada. Durante los próximos días presentaremos en nuestra plataforma de blogs, Agenda, historias inspiradoras sobre cómo la sociedad civil se está transformando y cómo adopta e influye en un mundo impulsado por la tecnología.
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