Hoy es Día de los Derechos Humanos, y nos preguntamos dónde se sitúan las empresas
Los derechos humanos deben encontrar un lugar permanente en el consejo de administración: abordar las desigualdades económicas y sociales derivadas de prácticas empresariales deficientes.
Las empresas también deben reconocer los legados de racismo, sexismo y otras formas de discriminación, y deben exigir mayor transparencia en la cadena de suministro y trabajo decente como elementos cruciales para combatir la desigualdad económica.
El 10 de diciembre se celebra el Día de los Derechos Humanos, que conmemora los 72 años de la firma de la Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada en medio de la destrucción y la persecución posteriores a la Segunda Guerra Mundial.
Las últimas décadas han traído niveles de desarrollo y progreso sin precedentes. Sin embargo, el mundo sigue enfrentándose a una creciente desigualdad. A comienzos de este año, el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió de que 70% de la población mundial se enfrentaba a una desigualdad cada vez mayor, que alimentaba tanto la ira como la desesperación.
Pocas semanas después del anuncio, el virus de la COVID-19 se había extendido a todos los rincones del planeta. «Estamos todos juntos en esto», afirmó Guterres en abril de 2020. Pero el virus y la respuesta que se le ha dado hasta ahora solo han puesto de manifiesto las brechas que se están profundizando.
¿Sin avances en 2020?
¿Qué papel desempeñan las empresas ante exigencias sociales como estas? El 10 de noviembre de 2020, el movimiento empresarial y de derechos humanos conmemoró el 25.º aniversario de la ejecución de Ken Saro-Wiwa y de otros ocho defensores de los derechos humanos en Nigeria. Las exigencias ambientales y sociales de Ken dirigidas al gobierno nigeriano y a las principales compañías petroleras internacionales fueron quizá el inicio del movimiento.
Desde 1995 hemos avanzado, con hitos como los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos, la legislación contra la esclavitud moderna, las emergentes exigencias de diligencia debida obligatoria y los mayores requisitos de divulgación. El Corporate Human Rights Benchmark muestra una mejora año tras año en cientos de empresas.
Pero hay tantos rezagados como líderes. En lo que respecta a las reparaciones para las víctimas de abusos de derechos humanos, cabe decir que en 2020 no estamos más avanzados que el día después de la ejecución de Ken.
Nuestro mensaje para el Día de los Derechos Humanos de 2020 es que los derechos humanos deben encontrar un lugar permanente en el propio consejo de administración.
Nuestro mensaje para el Día de los Derechos Humanos de 2020 es que los derechos humanos deben encontrar un lugar permanente en el propio consejo de administración. Esto implica abordar las desigualdades económicas y sociales derivadas de prácticas empresariales deficientes. Las empresas también deben reconocer los legados de racismo, sexismo y otras formas de discriminación. Movimientos como Black Lives Matter y #MeToo plantean preguntas sobre quién ostenta el poder dentro de las empresas y en qué medida la composición de los consejos refleja la sociedad en general.
Además, las exigencias de mayor transparencia en la cadena de suministro y de trabajo decente son cruciales para combatir la desigualdad económica. Pero, aunque esto es bienvenido, no basta por sí solo para superar la desigualdad. Debemos preguntarnos cómo una mayor transparencia y diversidad pueden desafiar las estructuras de poder que impulsan la creciente desigualdad, tanto dentro de las empresas como en el conjunto de la sociedad?
El desafío de los derechos humanos para 2021
Durante 2021, nos gustaría que las empresas se planteen preguntas más profundas sobre cómo combatirán la desigualdad y respetarán los derechos humanos.
En el ámbito empresarial, esto debe incluir la consideración de que los trabajadores perciban un salario que les permita mantenerse a ellos y a sus familias y llevar una vida digna. También significa que las mujeres cobren lo mismo que los hombres por un trabajo de igual valor, reciban un trato justo y tengan las mismas oportunidades. Los trabajadores deben tener voz y derecho a organizarse, y nadie debe verse obligado a pagar de su bolsillo por conseguir un empleo mediante tasas de contratación.
Los directivos deben liderar con el ejemplo: los comités de retribución de los consejos deben actuar para reducir la diferencia entre los salarios más altos y más bajos de la plantilla, desde el consejero delegado hasta el personal de limpieza. Los consejos deben contar con las competencias y el conocimiento adecuados para tomar las decisiones correctas en cuanto a su impacto humano y empresarial; y quizá algún día ambos se consideren una misma cosa.
Fuera de la propia empresa, las empresas deben participar de forma proactiva en debates sociales más amplios sobre cómo reducir la desigualdad y defender los derechos humanos. Los jóvenes de todo el mundo exigen que, al reconstruir el mundo tras la pandemia, el foco esté en «reestructurar la economía para que afronte mejor desafíos como la desigualdad y el cambio climático», en lugar de limitarse a «devolver nuestra economía a la normalidad lo antes posible». Quizá menos «reconstruir» y más «avanzar de otra manera».
Los empleos de millones de mujeres, personas pertenecientes a minorías y personas con bajos ingresos en todo el mundo se han visto amenazados a medida que la pandemia acelera la digitalización y la automatización. Si bien el empleo es central para las transiciones que vienen, también lo son las nuevas formas de inversión, la equidad financiera y el consentimiento informado para todas las comunidades. La transición debe ser «justa», garantizando el respeto de los derechos fundamentales, en particular de las personas más vulnerables y marginadas.
La defensa de los derechos humanos por parte de las empresas es bienvenida cuando se basa en el respeto fundamental a los derechos humanos y en la comprensión de su propio papel en la contribución a la desigualdad.


