Cuando la inteligencia emocional se dio a conocer por primera vez al gran público, sirvió para explicar un hallazgo peculiar: las personas con un CI medio superan a las que tienen los CI más altos el 70 % de las veces. Esta anomalía trastocó profundamente lo que muchos siempre habían supuesto que era la única fuente del éxito: el CI. Décadas de investigación apuntan ahora a la inteligencia emocional como el factor decisivo que distingue a quienes obtienen resultados sobresalientes del resto.
La inteligencia emocional es ese «algo» que hay en cada uno de nosotros y que resulta un tanto intangible. Influye en cómo gestionamos nuestra conducta, afrontamos las complejidades sociales y tomamos decisiones personales que producen resultados positivos. La inteligencia emocional se compone de cuatro habilidades básicas que se agrupan en dos competencias principales: la competencia personal y la competencia social.

La competencia personal comprende las habilidades de autoconocimiento y autogestión, que se centran más en cada persona que en sus interacciones con los demás. La competencia personal es la capacidad de ser consciente de las propias emociones y gestionar la conducta y las tendencias personales.
El autoconocimiento es la capacidad de percibir las propias emociones con precisión y ser consciente de ellas a medida que se producen.
La autogestión es la capacidad de usar la conciencia de las propias emociones para mantener la flexibilidad y orientar positivamente la conducta.
La competencia social se compone de las habilidades de conciencia social y gestión de las relaciones; es la capacidad de comprender los estados de ánimo, la conducta y las motivaciones de los demás para responder eficazmente y mejorar la calidad de las relaciones.
La conciencia social es la capacidad de percibir con precisión las emociones de otras personas y entender qué está pasando realmente.
La gestión de las relaciones es la capacidad de utilizar la conciencia de las propias emociones y de las emociones de los demás para gestionar las interacciones con éxito.
La inteligencia emocional, el CI y la personalidad son distintos
La inteligencia emocional está vinculada a un elemento fundamental de la conducta humana que es distinto del intelecto. No se conoce ninguna relación entre el CI y la inteligencia emocional; sencillamente, no se puede predecir la inteligencia emocional a partir de lo inteligente que sea una persona. La inteligencia es la capacidad de aprender, y es la misma a los 15 años que a los 50. La inteligencia emocional, en cambio, es un conjunto flexible de habilidades que se pueden adquirir y mejorar con la práctica. Aunque algunas personas tienen de forma natural más inteligencia emocional que otras, es posible desarrollar un alto nivel de inteligencia emocional aunque no se haya nacido con ella.

La personalidad es la última pieza del rompecabezas. Es el «estilo» estable que nos define a cada uno. La personalidad es el resultado de preferencias innatas, como la inclinación a la introversión o la extroversión. Sin embargo, al igual que el CI, la personalidad no permite predecir la inteligencia emocional. También como el CI, la personalidad se mantiene estable a lo largo de la vida y no cambia. El CI, la inteligencia emocional y la personalidad abarcan ámbitos distintos y ayudan a explicar qué impulsa a cada persona.
La inteligencia emocional predice el rendimiento
¿Cuánto influye la inteligencia emocional en el éxito profesional? La respuesta breve es: ¡muchísimo! Es una forma poderosa de concentrar la energía en una dirección y lograr un resultado extraordinario. TalentSmart evaluó la inteligencia emocional junto con otras 33 habilidades importantes en el ámbito laboral y descubrió que es el indicador más sólido del rendimiento: explica nada menos que el 58 % del éxito en todo tipo de empleos.
La inteligencia emocional es la base de numerosas habilidades esenciales: influye en casi todo lo que haces y dices cada día.

De todas las personas que hemos estudiado en el trabajo, hemos constatado que el 90 % de quienes obtienen mejores resultados también tienen un alto nivel de inteligencia emocional. En cambio, solo el 20 % de quienes obtienen peores resultados la tienen alta. Se puede rendir al máximo sin inteligencia emocional, pero las probabilidades son escasas.
Como es de esperar, las personas con un alto nivel de inteligencia emocional ganan más dinero: un promedio de 29.000 dólares más al año que las personas con un nivel bajo. La relación entre la inteligencia emocional y los ingresos es tan directa que cada punto de aumento en inteligencia emocional suma 1.300 dólares al salario anual. Estos hallazgos se mantienen en todas las industrias, todos los niveles y todas las regiones del mundo. Hasta ahora no hemos encontrado ningún empleo en el que el rendimiento y la remuneración no estén estrechamente vinculados a la inteligencia emocional.
Puedes aumentar tu inteligencia emocional
La comunicación entre el «cerebro» emocional y el racional es la base física de la inteligencia emocional. La vía de la inteligencia emocional comienza en el cerebro, a la altura de la médula espinal. Los sentidos principales entran por aquí y deben llegar a la parte frontal del cerebro antes de que puedas reflexionar racionalmente sobre tu experiencia. Sin embargo, primero pasan por el sistema límbico, donde se generan las emociones. Por eso, reaccionamos emocionalmente a los acontecimientos antes de que nuestra mente racional pueda intervenir. La inteligencia emocional requiere una comunicación eficaz entre los centros racionales y emocionales del cerebro.

La plasticidad es el término que utilizan los neurólogos para describir la capacidad del cerebro de cambiar. A medida que descubres y practicas nuevas habilidades de inteligencia emocional, los miles de millones de neuronas microscópicas que recorren el camino entre los centros racionales y emocionales del cerebro extienden pequeñas «ramas» (como las de un árbol) para conectarse con otras células. Una sola célula puede establecer 15.000 conexiones con sus vecinas. Esta reacción en cadena de crecimiento facilita poner en marcha una nueva conducta en el futuro.
Al entrenar el cerebro mediante la práctica repetida de nuevas conductas propias de la inteligencia emocional, se crean las vías necesarias para convertirlas en hábitos. En poco tiempo, empiezas a responder a tu entorno con inteligencia emocional sin siquiera tener que pensarlo. Y, del mismo modo que el cerebro refuerza el uso de nuevas conductas, las conexiones que sustentan las antiguas conductas destructivas se debilitan y desaparecen a medida que aprendes a limitar su uso.
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: El Dr. Travis Bradberry es el galardonado coautor del libro superventas número 1, Emotional Intelligence 2.0, y cofundador de TalentSmart, el proveedor líder mundial de pruebas y formación en inteligencia emocional
Imagen: Ndeye Astou Fall, de 22 años, trabaja en un centro de atención telefónica en Dakar, capital de Senegal, el 23 de junio de 2006. REUTERS/Finbarr O’Reilly.



