Por qué los mejores líderes no dejan que lo urgente desplace lo importante

Por qué los mejores líderes no dejan que lo urgente desplace lo importante
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Seamos sinceros. Tú y yo hacemos esto todo el tiempo. Nos dejamos arrastrar por el «momento».

Empezamos la vida —incluso nuestros días — con un plan. Y entonces «la vida sucede», y todos nuestros planes parecen salir volando por la ventana. Eso es lo que quiero decir cuando afirmo que lo urgente suele desplazar lo importante. Lo importante se planifica y, luego, lo urgente parece apoderarse de nosotros.

Puede estar bien que ocurra por un momento, o quizá incluso durante un día o una semana. Pero cuando vivir en el momento de lo urgente se convierte en un hábito, descubrirás que estás vivo, pero no estás viviendo.

Descubrirás que estás en constante movimiento, pero puede que no estés avanzando.

Descubrirás que quizá sientas que estás ganando la batalla, pero te garantizo que estás perdiendo la guerra.

¿No crees que esto te pasa a ti? ¿Cuántas veces has hecho un propósito de Año Nuevo y, al cabo de una semana o un mes, ni siquiera recuerdas dónde lo dejaste, después de haberlo escrito con esmero? No tienes por qué sentirte mal en soledad. Yo también he hecho lo mismo. Y la razón es sencilla. El miedo nos abruma.

Pocas cosas son más poderosas que el miedo, pues vuelve inútil la razón.

Peor aún, cuando vives así, en la práctica, estás reordenando las sillas de cubierta del Titanic de tu vida. El barco se hunde y tú y yo estamos ocupados eligiendo sillas y cortinas. No está bien.

Cuando lo urgente desplaza lo importante, te descubrirás «persiguiéndote la cola» casi todos los días.

Sentirás que tus días y semanas pasan volando, pero no tendrás muy claro qué has conseguido. A menudo, no habrás hecho más que mantenerte a flote. Es decir, mañana no estarás mejor que ayer. ¿Por qué? Porque, cuando solo te ocupas de lo urgente, en realidad no resuelves nada. Eres un extintor humano, y hasta eso acaba cansando. Muchísimo.

Inconscientemente, sabes que te quedarás sin energía antes de quedarte sin problemas.

Peor aún, empiezas a tener esa sensación deprimente y desagradable de que los problemas —las urgencias— van apagando poco a poco tu alegría.

Y entonces empieza a instalarse la depresión.

Poco después, empezamos a renunciar inconscientemente a nuestros sueños. Empezamos a conformarnos con sobrevivir en lugar de prosperar. La vida se convierte en una carga.

Como dijo mi amigo y copresidente de Global Dignity, el profesor Pekka Himanen,«¿Qué es lo que más tememos? Nos tememos a nosotros mismos…».

Entonces, ¿qué hacemos al respecto? La respuesta no parecerá tener sentido en absoluto. El miedo que te invade y nubla la mente no te permitirá encontrarle sentido. Pero es la única respuesta. Simplemente tienes que parar.

Basta de «preparados, fuego, apunten».

Basta de vivir con miedo. Basta. A menudo, lo peor que podemos temer es el miedo mismo, como se dijo célebremente.

Solo tienes que dejarte de dramas y creer que el mundo — tu mundo — no se desmoronará ni llegará a su fin simplemente porque dejes de ocuparte constantemente solo de lo urgente y empieces también a centrarte en lo importante. Deja de reaccionar ante la vida y empieza a responder a ella.

No será fácil. Puede que sea la transición más aterradora de tu vida adulta. Tal vez sacuda todas tus convicciones, pero te garantizo que valdrá la pena.

Basta de que el miedo secuestre la esencia de tu vida.

Basta de que el miedo te robe la energía interior que necesitas para hacer realidad tus sueños.

Basta de lamentar una vida no vivida y no amada. Basta.

Recuerda que, como dije en Love Leadership, «el valor no es más que tu fe que se abre paso a través del miedo y se manifiesta en forma de acción en tu vida».

Eso es todo. Solo tienes que parar, cambiar de rumbo y seguir adelante.

Pasa de dedicar el 90 % de tu vida a lo urgente y quizá el 10 % a lo importante, a comprometerte a dedicar el 90 % a lo importante y, como máximo, el 10 % a lo urgente. La vida es un 10 % lo que te sucede y un 90 % cómo eliges responder a ello.

Hazlo y verás cómo vuelve a encenderse toda la luz del faro de tu vida. Quizá por primera vez desde que eras joven.

Es hora de volver a ser joven. Es hora de encender las luces. Es hora de centrarte en lo importante.

Lo urgente nunca me mató. Pero no ocuparse de lo importante en la vida sí es, de verdad, el principio del fin.

Recuerda: el miedo es el agente del fracaso.

Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: John Hope Bryant es presidente y director ejecutivo de Bryant Group Ventures.

Imagen: Varias personas están de pie en un andén de una estación de tren. REUTERS/Yuya Shino.

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