¿Por qué hay tan pocos emprendedores?

Bright sparks: Aspiring entrepreneurs face too many obstaclesImage: REUTERS/Mike Segar
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A pesar de ser el fundador de una de las empresas tecnológicas autofinanciadas de más rápido crecimientodel sector tecnológico, no creo que tuviera madera de emprendedor.

Una serie de coincidencias me llevó a dar el salto y, finalmente, a tener éxito. Al contar mi historia, quiero no solo animar a los «emprendedores en potencia», sino también destacar cuántos miles de emprendedores potenciales se pierden por el camino.

El emprendimiento se puede enseñar. Estoy convencido de que la mayoría de las personas, en mayor o menor medida, tienen capacidad para dirigir su propio negocio, aunque quizá no lo sepan. Algunas podrían crear la próxima Tesla y otras abrir una panadería local; por desgracia, muchos aspirantes a emprendedores ni siquiera lo intentan. El problema es que la educación, los medios de comunicación y la sociedad sitúan el emprendimiento en un pedestal idealizado y aparentemente inalcanzable.

Estas son cinco razones por las que hay muchos menos emprendedores de los que debería haber.

1. El emprendimiento no forma parte de la educación

En la escuela nadie nos explicó qué era una empresa, y mucho menos cómo crear una, ni que cualquiera podía hacerlo si quería. Nos enseñaron economía, programación y muchas otras materias, pero nunca se mencionó que existía una alternativa a trabajar para otra persona. En lugar de normalizarse, el concepto de emprendimiento se volvió algo abstracto y distante.

Me gradué de la secundaria sin ninguna esperanza de llegar a ser emprendedor. Desesperado, me matriculé en un programa universitario experimental del Reino Unido llamado Emprendimiento en tecnología. Durante los tres años siguientes aprendí que se me daban fatal la contabilidad, la gestión y la estrategia empresarial, y me gradué convencido de que simplemente no servía para eso.

Nadie me dijo que había que contratar a un buen contable, y ni se me ocurrió que aprender a gestionar personas leyendo un libro era como aprender a nadar leyendo.

2. Falta de oportunidades para adquirir experiencia

En un intento de retrasar la realidad de convertirme en adulto con un trabajo de nueve a cinco, me matriculé en un máster. Por suerte, unos días después de graduarme, un amigo me llamó para preguntarme si quería incorporarme a una startup de internet con sede en la República Checa. Acepté sin dudarlo. Allí recibí lo que llamo mi MBA en gestión de startups (y quizá, más importante aún, en cómo no gestionarlas).

Al verlo desde dentro, me di cuenta de que dirigir una empresa no era una idea abstracta, sino simplemente un grupo de personas con distintas habilidades que intentaban descubrir cómo alcanzar un objetivo común. Los contables se ocupaban de la facturación y las cifras, los programadores codificaban el producto y los gerentes intentaban mantenernos motivados y productivos: todas las habilidades que me habían hecho creer que eran necesarias incluso para plantearse crear una empresa.

En cambio, tenía libertad para descubrir cómo podía contribuir mejor y olvidarme de las habilidades que me faltaban. Esta experiencia cambió todo lo que había «aprendido» sobre emprendimiento a lo largo de mi vida.

3. Los padres y una visión equivocada del fracaso

Tras 18 meses en esa startup, reuní el valor para emprender por mi cuenta. Sin embargo, quedaba un obstáculo más y, por desgracia, era el mayor: mi padre. Después de trabajar en varias grandes empresas a lo largo de su carrera, me dijo que había que tener al menos 10 años de experiencia antes siquiera de plantearse crear un negocio propio. Le creí; ¿cómo no iba a hacerlo?

Sin embargo, con el tiempo, algo dentro de mí quiso demostrarle que estaba equivocado. Lo intenté, pero fracasé. Mi primera startup acabó quebrando y, en ese momento, podría haberme rendido. Podría haber hecho caso a la advertencia de mi padre y buscado más experiencia.

Pero me había enganchado y sabía que no había vuelta atrás. Estas son las palabras que escribí poco después de hacerme autónomo, hace 7 años:

«Durante los primeros meses de trabajo por cuenta propia, probablemente aprenderás más de lo que puede enseñarte cualquier universidad, adquirirás más experiencia de la que puede darte cualquier empleo y desarrollarás habilidades que te servirán el resto de tu vida»

Entendí que tenía que fracasar para poder triunfar más adelante. En vez de rendirme, redoblé mis esfuerzos y volví más fuerte. Aprendí de los errores de mi primera startup y ahora somos una de las empresas de más rápido crecimiento de Europa.

4. Las políticas gubernamentales

También aprendí cómo los gobiernos pueden perjudicar a las empresas. Tras superar esos diversos obstáculos, empezaron a llegar ingresos, pero quise tirar la toalla innumerables veces. A veces, las políticas no están al día con las últimas tendencias tecnológicas y los modelos de negocio, lo que me ha causado muchas frustraciones. Los gobiernos deben ayudar a los emprendedores diseñando políticas que promuevan la innovación y, por tanto, el progreso.

5. Falta de inspiración

La inspiración es la cualidad más infravalorada del mundo, y la sociedad solo puede beneficiarse de que haya más. Es el catalizador que impulsa a actuar. Los jóvenes deben saber que es posible crear su propio negocio y que existen alternativas al trabajo de nueve a cinco. Una de las razones por las que decidí llevar una vida más pública en vez de perseguir el dinero es demostrar que también es posible en Polonia, un país que no destaca precisamente por su elevada actividad de capital riesgo ni por un ecosistema de startups pujante.

Conclusión

Me entristece imaginar cuántas personas se desaniman por el camino en cada etapa, empezando por la educación. A quienes superan esa carrera de obstáculos, los gobiernos que no entienden la importancia de facilitar el emprendimiento, sobre todo en las primeras etapas, los empujan a la ruina. Es frustrante, porque unos cambios sencillos podrían mitigar todos esos problemas, y mi misión personal es ayudar a ponerlos en práctica en tantos países como sea posible.

Quiero que los jóvenes se sientan capaces de crear sus propios negocios. Quiero que el emprendimiento se normalice para todos y se considere una opción profesional viable. Anhelo el día en que ser emprendedor y tener un negocio propio deje de ser un concepto idealizado e inalcanzable y se vea, en cambio, como una alternativa igual de válida a trabajar en una gran empresa.

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