Vivimos en una edad de oro del emprendimiento

Emma Rose of Britain (L) and Nils Westerlund of Sweden work in the office of the HowDo, a "how-to-do-it-yourself" app, start-up at the Wostel co-working space in Berlin March 18, 2013. Europe must urgently tackle youth unemployment, the French, German and Italian governments said May 28, 2013, urging action to rescue an entire generation who fear they will not find jobs. Some 7.5 million Europeans aged 15-24 are neither in employment nor in education or training, according to EU data. Youth unemployment in the EU stood at 23.6 percent in January, more than twice as high as the adult rate. Picture taken March 18, 2013. REUTERS/Thomas Peter (GERMANY - Tags: BUSINESS EMPLOYMENT) - RTX103SC
For many, becoming an entrepreneur is the ultimate experience in self-expression and the ultimate tool for fulfillment.Image: REUTERS/Thomas Peter
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Tenacidad, resistencia, sacrificio y dificultades: estas palabras se mencionan tan a menudo en el contexto del emprendimiento que uno pensaría que poner en marcha un negocio propio es un viaje tortuoso plagado de una inseguridad constante.

No me malinterpreten: emprender tiene sus desafíos. Pero estos adjetivos pintan un panorama demasiado sombrío de lo que implica hacer las cosas por cuenta propia. Y, lo que es más importante, pasan por alto una realidad fundamental que durante demasiado tiempo ha pasado inadvertida: vivimos en una edad de oro del emprendimiento. Nunca ha habido un mejor momento para ser tu propio jefe.

Lo sé por mi experiencia al poner en marcha mis propios negocios. Pero también veo pruebas de ello en mi trabajo con Shopify, donde ayudamos a más de 325.000 emprendedores a hacer realidad sus sueños empresariales. Esta es mi explicación de por qué abrirse camino por cuenta propia resulta mucho más atractivo hoy de lo que se suele admitir:

La actitud de la sociedad hacia el emprendimiento ha cambiado drásticamente

Antes, poner en marcha un negocio era el último recurso: quienes no podían encontrar un «trabajo de verdad» se creaban uno por su cuenta.

Hoy, hacer las cosas por cuenta propia ya no es una medida desesperada. Es una aspiración para una generación inspirada por figuras como Mark Zuckerberg y Elon Musk.

La historia de mi propia familia ilustra bien cuánto han cambiado las cosas. Tras emigrar de Hungría a Canadá en la década de 1950, mi abuelo montó un negocio vendiendo huevos en un mercado de Montreal. Lo hizo estrictamente por supervivencia, no porque quisiera diseñar su propia trayectoria profesional. A mi abuelo no le apasionaban especialmente los huevos: le apasionaba mantener a su familia.

Unas cuantas generaciones después, la percepción del emprendimiento se ha transformado por completo. Hoy en día, se considera una opción profesional prometedora en los institutos. Los estudiantes universitarios llenan los cursos de emprendimiento en universidades de primer nivel como Stanford y compiten por conseguir plazas codiciadas en programas de incubación.

Las barreras de entrada son más bajas que nunca

Hace apenas unas décadas, poner en marcha un negocio propio era una empresa costosa. Tomemos a mi padre como ejemplo. Aunque prefería el término «hombre de negocios», popular en los años ochenta, a «emprendedor», tenía su propio negocio: compraba abrigos al por mayor a los fabricantes y los vendía a grandes almacenes. Para comercializar sus abrigos, mi padre tenía que viajar a Asia para ver muestras y comprar el inventario directamente, a menudo con dinero obtenido mediante un cuantioso préstamo bancario. Si no lograba vender el producto, podía quedarse con una deuda considerable y dejar a nuestra familia literalmente en la calle.

Hoy en día, las personas emprendedoras con una buena idea pueden probarla en la práctica casi sin salir de casa y sin gastar una fortuna. Con impresoras 3D, se pueden crear prototipos en la mesa de la cocina, mientras que la financiación colectiva facilita más que nunca conseguir fondos y, además, permite formar una base inicial de clientes. Las redes sociales ofrecen múltiples canales de mercadotecnia gratuita y muy eficaz, mientras que las ventas directas al consumidor por internet pueden eliminar por completo a los intermediarios.

En el mundo actual, los emprendedores pueden asumir riesgos con su modelo de negocio sin poner en juego los ahorros de toda su vida.

El resultado: la actividad de las empresas emergentes vuelve a crecer en Estados Unidos, tras alcanzar su nivel más bajo en 20 años; la tasa de nuevos emprendedores aumentó un 15 % en los últimos dos años, según el Índice Kauffman de actividad de empresas emergentes. Eso equivale a unos 550.000 nuevos propietarios de empresas cada mes.

El emprendimiento es una vía para la realización personal, no para sobrevivir

En 1943, el psicólogo Abraham Maslow publicó un artículo en el que desglosaba las necesidades humanas fundamentales en forma de pirámide.

En la base estaban las necesidades más apremiantes —como la alimentación, la vivienda, la seguridad y la protección— y, en la cima, objetivos más nobles y elevados, como la pertenencia, la autoestima y la autorrealización. Para la mayoría de las personas, el emprendimiento solía servir para satisfacer esos requisitos fundamentales. Sin duda, la vivienda y la seguridad eran lo que buscaban mis antepasados cuando se dedicaron a los negocios.

Pero hoy la gente opta por emprender por motivos muy distintos. Personas talentosas y ambiciosas aspiran al nivel más alto de la jerarquía de Maslow: persiguen sus pasiones y las convierten en sus propias marcas, empresas o productos. Para muchas, convertirse en emprendedor es la máxima expresión personal y la herramienta definitiva para realizarse.

A medida que siguen disminuyendo las barreras de entrada para los emprendedores, podemos esperar que haya más competencia en los próximos años. Pero la tecnología ha propiciado otro cambio clave: cada vez importa mucho más la creatividad que el capital. Los emprendedores con ideas verdaderamente originales tienen más formas que nunca de captar la atención del público y distinguirse. La pasión vuelve a importar.

Sé que esa es la única razón por la que hago lo que hago. Ayudar a los emprendedores es el motivo por el que estoy en este mundo; literalmente, es el trabajo de mi vida. En ese sentido, tengo mucha suerte de vivir en esta época. Mi padre tendrá que esperar hasta jubilarse para pensar en el propósito de su vida. Yo puedo vivir el mío ahora.

No quiero decir que el camino siempre sea fácil para los emprendedores: sin duda, he encontrado algunos obstáculos. Pero es un precio pequeño a cambio de tener las riendas de mi propio destino. Y las recompensas son mucho mayores de lo que la mayoría llegará a saber.

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