En 2012, la pobreza en América Latina cayó a su nivel más bajo en 30 años y en la última década se crearon 35 millones de empleos adicionales, mientras que la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha crecido de forma constante. Esto es motivo de celebración.
Los países donde estos cambios han sido más profundos (Chile, Perú, Colombia, Brasil, Panamá y México) son aquellos que reconocen el poder del emprendimiento, al crear un entorno en el que las empresas pueden crecer. Esto demuestra que los intereses de las empresas responsables están alineados con los de la sociedad. Allí donde existen Estado de derecho, buena gobernanza, servicios públicos eficaces y un comercio libre y justo, la sociedad se beneficia, ya que se crea un entorno en el que la inversión es segura y las empresas pueden prosperar.
Una forma de impulsar el progreso económico y social es fortalecer las pequeñas empresas y las microempresas de la región. Las pequeñas empresas y las microempresas son fundamentales para el crecimiento económico: desempeñan un papel emprendedor al satisfacer las necesidades de los consumidores locales y de las grandes empresas, impulsan las mejoras en innovación y, a menudo, desempeñan un papel clave dentro de las comunidades. Más importante aún, generan empleo e ingresos locales, sacan a las personas de la pobreza y dan a las mujeres una mayor capacidad de empoderamiento económico.
Según el Global Entrepreneurship Monitor, los países latinoamericanos tienen un gran potencial para generar competitividad y bienestar mediante la creación de nuevas empresas. Algunas de las sociedades más emprendedoras del mundo se encuentran en América Latina, entre ellas Colombia, Perú y Panamá. Los datos del Banco Mundial sugieren que, de media, se registran 1,31 nuevas empresas al año por cada 1.000 habitantes en los países latinoamericanos, frente a cuatro en los países de ingresos altos.
Uno de los elementos que faltan para que el emprendimiento libere su potencial en América Latina es la falta de capital de riesgo y de redes de apoyo al emprendimiento más allá del círculo familiar. Generar un crecimiento dinámico y resiliente en las pequeñas empresas requiere más que ofrecer simplemente subvenciones para la puesta en marcha o financiación inicial. Lo que se necesita es un enfoque de ecosistema para apoyar el emprendimiento, que incluya redes que proporcionen desarrollo de capacidades, tutoría y acceso a fondos y mercados.
Por ejemplo, en Colombia, Perú y otras partes de América Latina, estamos colaborando con instituciones financieras para facilitar el acceso al crédito a los tenderos, con el fin de fortalecer sus negocios y aumentar sus ingresos. En Colombia, más de 4.000 tenderos se han beneficiado en dos años con US$ 6 millones disponibles en financiación de microcréditos. Sobre la base de esta experiencia, hemos decidido replicar y ampliar el programa para beneficiar a 40.000 tenderos en seis países latinoamericanos, lo que beneficiará a cerca de 2 millones de personas en total. Los tenderos tendrán la oportunidad de desarrollar sus habilidades y competencias para mejorar la sostenibilidad de sus negocios y la calidad de vida de sus familias, y de contribuir a mejorar el bienestar y el desarrollo de sus comunidades.
Hemos visto cómo el espíritu emprendedor de la región puede y debe aprovecharse para generar un crecimiento económico sostenible y equitativo en beneficio de las comunidades y las sociedades. Animo a quienes participan en el Foro Económico Mundial sobre América Latina en Lima, Perú, a garantizar que se sigan logrando avances, para lo cual es necesario seguir reforzando el Estado de derecho y la buena gobernanza. En resumen, se trata de construir y mantener los marcos en los que las empresas puedan invertir con seguridad, lo que permitirá que las sociedades prosperen.
Autor: Graham Mackay es presidente de SABMiller y participará en el Foro Económico Mundial sobre América Latina 2013
Imagen: se levanta una marquesina en la obra de la Carretera Interoceánica, que conecta el océano Pacífico en Perú con el océano Atlántico en Brasil. REUTERS/Mariana Bazo



