Como padre, mi mayor deseo es que mis hijos tengan una vida mejor que la mía. En Estados Unidos, lo llamamos el sueño americano. Pero, como he aprendido, no hay nada exclusivamente estadounidense en ello.
En los últimos años he hablado con padres de India, México, Sudáfrica, Chile e Israel, y he aprendido dos cosas importantes. La primera es que todos estos padres tienen para sus hijos las mismas esperanzas y sueños que nosotros en Estados Unidos. La segunda es que estos padres creen, con razón, que la educación ayudará a sus hijos a llegar adonde quieren llegar.
Hoy más que nunca, una educación de calidad, especialmente un título universitario, puede determinar el destino de un niño en la vida. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las personas con título de licenciatura pueden esperar ganar un 50 % más que quienes tienen diploma de secundaria. Y, aunque un título universitario quizá no sea adecuado para todos los niños, las habilidades que permiten acceder a la universidad sí lo son.
Con el deseo de ofrecer a los estudiantes en situación de desventaja la educación que conduce a mejores oportunidades en la vida, Dave Levin y yo fundamos hace 20 años el Knowledge Is Power Programme (KIPP). Empezamos en Houston, con una sola clase de quinto grado de primaria, pero desde entonces el programa se ha convertido en una red nacional de 141 escuelas públicas que atiende a más de 50 000 niños. Nuestros exalumnos se gradúan en la universidad a un ritmo de cuatro a cinco veces superior al de sus pares socioeconómicos. Recientemente, Aaron Brenner y yo fundamos The One World Network of Schools, para apoyar a los educadores de todo el mundo que están poniendo en marcha escuelas inspiradas en KIPP.
Nuestro reto es descubrir qué tipo de sistema educativo ayudará a los estudiantes de todas partes a acceder a la universidad. Nadie ha resuelto aún este enigma. Pero a través de mi trabajo he visto cómo podríamos lograrlo.
Tomemos como ejemplo la escuela 3-2-1, en los barrios marginales del mercado de pescado Crawford de Mumbai. Es una escuela de One World Network fundada por Gaurav Singh, exalumno de Teach for India. Gaurav es apasionado y dedicado, y tiene una visión clara de hacia dónde quiere llevar a sus alumnos. La escuela está llena de excelentes docentes que ofrecen una enseñanza rigurosa basada en la investigación y crean una cultura de altas expectativas, con un fuerte énfasis en la independencia y la alegría de los estudiantes. Como resultado, la escuela tiene una gran demanda. Pese a matricular a más de cuatro veces el número de alumnos que otras escuelas primarias de la zona, todavía tiene estudiantes en lista de espera.
Cuando observo instituciones exitosas como la escuela 3-2-1, veo que tienen tres factores en común. En primer lugar, invierten generosamente en docentes talentosos. La buena enseñanza es el factor más influyente en la educación de un niño, y los mejores programas escolares lo reconocen. Salen a ganar la guerra de la captación para llevar a los mejores candidatos a sus aulas, y después desarrollan las habilidades de los docentes y los mantienen en el aula a largo plazo.
En segundo lugar, los mejores sistemas escolares tienen un marco de cambio de abajo arriba. Con esto me refiero a dejar que las soluciones surjan desde dentro de la comunidad educativa, en lugar de imponer políticas homogéneas desde arriba. Esto puede implicar fomentar las escuelas chárter o las alianzas público-privadas, como en el caso de la escuela 3-2-1 de Mumbai, y conceder a todas las escuelas públicas –tradicionales y chárter– la libertad de innovar.
Por último, en lugar de tratar la universidad como algo separado de la educación primaria y secundaria, los sistemas exitosos la ven como distintas paradas del mismo viaje. En la escuela 3-2-1, los alumnos saben desde el día en que cruzan la puerta que irán a la universidad, y toda su experiencia educativa está estructurada para ayudarles a llegar hasta allí.
Estas tres cosas son claras y se ha demostrado que tienen un impacto en comunidades de todo el mundo. Por supuesto, no son la solución completa, pero pueden ayudarnos a acercarnos al día en que todos los niños, en cualquier lugar, tendrán éxito en la escuela y en la vida.
Autor: Mike Feinberg es cofundador de la Fundación KIPP, Estados Unidos.
Esto forma parte de una serie con motivo del lanzamiento de los galardonados 2014 de Schwab Foundation Social Entrepreneur of the Year.
Imagen: Estudiantes realizan un examen en una escuela de Nantes (Francia), 16 de junio de 2011. REUTERS/Stephane Mahe



