El término intraemprendimiento se acuñó por primera vez en la década de 1970, en el contexto de las empresas.
Está surgiendo apoyo para fomentar el intraemprendimiento en empresas emergentes, así como en organizaciones sin ánimo de lucro y entidades públicas.
El intraemprendimiento varía hoy de una organización a otra, así como entre regiones y sectores.
Los ejemplos más conocidos de intraemprendimiento que probablemente hayas oído mencionar son la consola de Sony PlayStation, Gmail y los Post-it. Pregúntate qué tienen en común estos ejemplos.
El término intraemprendimiento se acuñó por primera vez en la década de 1970, principalmente en el contexto de las empresas, en un artículo titulado Intra-Corporate-Entrepreneurship. Mientras los emprendedores creaban empresas emergentes, los intraemprendedores transformaban las empresas desde dentro. Eran agentes de cambio dentro de las empresas.
En los últimos años, hemos visto cómo el intraemprendimiento se ha extendido a diversos entornos: el sector público, el tercer sector y las pequeñas y medianas empresas (pymes). También ha ido adquiriendo una dimensión social, en forma de intraemprendimiento social y sistémico.
Sin embargo, cuando alguien dice «intraemprendimiento», ¿qué te viene a la mente? ¿Qué aspecto tiene para ti? En gran medida, pensarás en el intraemprendimiento tal como se practica en las grandes empresas.
El intraemprendimiento en las pymes
En primer lugar, el intraemprendimiento se ha analizado a menudo en el contexto de organizaciones consolidadas, existentes e incluso arraigadas; es decir, grandes organizaciones. Hasta cierto punto, esto tiene sentido: son entornos con recursos relativamente abundantes.
Sin embargo, a menudo se señalan las limitaciones que afronta el intraemprendimiento en las grandes organizaciones: la inercia general, la menor autonomía personal y los sistemas de control que pueden ahogar la innovación en lugar de propiciarla. Estas limitaciones se resumen bien en el sistema inmunitario corporativo , que hace todo lo posible por mantener el sistema en funcionamiento según el statu quo. Por eso, gran parte de los consejos y el apoyo que reciben los intraemprendedores tratan de cómo sortear este tipo de sistema inmunitario.
Muchos factores hacen que las organizaciones más pequeñas sean lugares adecuados para los intraemprendedores: mientras que en las organizaciones maduras se atenúa la necesidad de sobrevivir como organización, en las pymes ocurre lo contrario.
En las pequeñas organizaciones privadas y sin ánimo de lucro hay menos tiempo, capacidad y dinero que desperdiciar: hay que lograr más con menos. Por su menor tamaño, los empleados conocen mejor el conjunto de las actividades y tienen una idea más clara de la estrategia de la organización. En una pyme, esto se ve reforzado por un mayor acceso a quienes toman decisiones clave, pues es más habitual que los empleados estén a cargo del propietario o fundador, o trabajen cerca de él.
Esto empodera a quienes podrían convertirse en intraemprendedores; en cambio, en una organización más grande, la relación jerárquica tradicional pone más énfasis en la estabilidad (mantener el statu quo) que en la innovación. Está surgiendo apoyo para fomentar el intraemprendimiento en empresas emergentes.
Un ejemplo de ello en el Reino Unido es el programa de Studio Zao Unlocking Opportunities; un «acelerador del crecimiento empresarial mediante el intraemprendimiento» patrocinado por el Ayuntamiento de Richmond para que las pymes «creen nuevas empresas y servicios y, al mismo tiempo, generen nuevos empleos». No hace falta decir que la gran mayoría de las organizaciones son pequeñas. Así que, ¿podría el intraemprendimiento tener un mayor impacto si se extendiera cada vez más a organizaciones de todos los tamaños?
El intraemprendimiento en las organizaciones sin ánimo de lucro y públicas
Tras 20 años apoyando a líderes destacados del cambio social, la Fundación Schwab reconoció a intraemprendedores sociales del sector público por primera vez en 2019 y seleccionó a siete candidatos que representaban mejor lo que significa ser un agente de cambio en el sector público. Del mismo modo, Good Innovation ha promovido recientemente el intraemprendimiento en el sector sin ánimo de lucro en su informe Future of Charity 2023. Con el respaldo del Gobierno escocés y de Robertson Trust, también se ha creado recientemente The Lens para ayudar a las organizaciones del tercer sector a impulsar el intraemprendimiento y la innovación.
Las organizaciones públicas y sin ánimo de lucro tienen muchas similitudes que, a primera vista, las hacen parecer inadecuadas para acoger el intraemprendimiento. Ambas suelen asociarse con culturas reacias al riesgo.
A menudo se ha considerado que el cambio es una fuerza negativa. Parte de ello responde a factores estructurales; por ejemplo, las organizaciones sin ánimo de lucro tienen patronos con responsabilidades legales, delegan autoridad en sus directivos y algunas siguen dependiendo de donantes privados, ante quienes también pueden tener que rendir cuentas.
Ambas también afrontan desafíos para su sostenibilidad a largo plazo: la satisfacción del público general con su desempeño está disminuyendo y cada vez deben lidiar más con intervenciones orientadas al mercado para abordar los desafíos sociales.
Una reciente encuesta de Independent Sector reveló que solo el 52% de los estadounidenses confía en las organizaciones sin ánimo de lucro, una caída del 4% con respecto a 2022 (véase la fig. 1). En comparación con las instituciones gubernamentales, cada vez más desacreditadas, esta cifra no es terrible; pero, para un sector centrado principalmente en mejorar la sociedad y ayudar a las personas desfavorecidas, es notablemente baja.
Aunque las empresas pueden disponer de más presupuesto interno y espacio para el intraemprendimiento, las organizaciones sin ánimo de lucro y públicas poseen un amplio conocimiento de los problemas sociales y están conectadas con las partes interesadas pertinentes, lo que las hace idóneas para impulsar cambios significativos.

Al igual que en el contexto de las pymes, es pertinente la idea de que hay que «lograr más con menos». Ambos ámbitos deberían considerarse organizaciones con la misión de servir al público o a sus beneficiarios. El intraemprendimiento puede ser un medio para que las organizaciones públicas y sin ánimo de lucro cumplan con sus responsabilidades de prestar servicios y generar valor para quienes los utilizan.
Como ya hemos visto, el debate sobre a quién corresponde abordar los problemas sociales ha impulsado una aplicación cada vez mayor del intraemprendimiento para lograr resultados socialmente positivos; el intraemprendimiento «sistémico» ayuda a garantizar que el «cambio» sea transformador, en lugar de limitarse a las apariencias.
El intraemprendimiento más allá de las empresas
Estamos empezando a comprender mejor el intraemprendimiento. Más allá de las tendencias mencionadas, es probable que adopte formas distintas de una organización a otra, así como según las regiones y los sectores. Es evidente que existe una diversidad extraordinaria de entornos en los que puede desarrollarse el intraemprendimiento.
Quizá convendría entender mejor el intraemprendimiento como una mentalidad que trasciende los límites definidos por el tipo y el tamaño de la organización. Una mentalidad que también puede aplicarse a las organizaciones públicas y del tercer sector para impulsar aún más el cambio (social). En conjunto, estas tendencias emergentes dibujan el rostro cambiante del intraemprendimiento y muestran que hace falta y es posible practicarlo más allá de las grandes empresas.
Gracias a Yemi Adeolapor conceder una entrevista para este artículo.


