Los 10 secretos para ser el mejor jefe posible

Los 10 secretos para ser el mejor jefe posible
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A lo largo de los años, he trabajado para otros y por cuenta propia. A base de ensayo y error, he descubierto algunos rasgos de carácter clave que me ayudaron a perfeccionar mis habilidades de liderazgo. La franqueza, la transparencia y la capacidad de decisión son tres rasgos esenciales de un buen jefe. También es importante recordar las reglas que se exponen a continuación.

1. Los empleados no son tus amigos. Aunque te caigan bien, aunque los hayas contratado porque son tus amigos, mientras trabajan para ti no son tus amigos. Son tus empleados. El problema de socializar con tus empleados es que dificulta evaluar su desempeño con objetividad y hace aún más difícil tomar medidas contra ellos si su rendimiento es deficiente.

2. Mantén clara la cadena de mando. En la mayoría de mis proyectos he tenido un socio, y hemos dirigido nuestras empresas codo con codo. Pero solo intervengo en asuntos que quedan fuera de mi ámbito de mando cuando es absolutamente necesario. Los empleados siempre sabían qué problema debían plantearle a Michael Perik y cuál a mí. La superposición de autoridad puede generar confusión, entorpecer la productividad y causar retrasos innecesarios, cuando no un auténtico sufrimiento.

3. Sé accesible. No estás construyendo un feudo: estás construyendo una empresa. No alejes, aísles ni apartes de ti a tus socios y a quienes más aportan. No los dejes esperando, no dejes de devolverles las llamadas ni hagas que sientan que no pueden acercarse a ti. He visto este fenómeno de primera mano. Es tóxico y suele ser producto del miedo o de la incapacidad para hacer frente a tiempos difíciles. Si tu primer instinto es esconder la cabeza, no eres un líder.

4. Delega, delega, delega. No puedes —ni debes— hacerlo todo. Los directores ejecutivos que creen que deben intervenir en todos y cada uno de los aspectos de su empresa se enredan demasiado en los detalles, en detrimento de la salud general de la empresa. Si el capitán de un barco supervisa el servicio de comidas, acabará chocando contra un iceberg.

5. No lo dejes para después. Cuando un empleado dé problemas, debes actuar. Ya. Hazlo bien. Sigue el procedimiento. Pero hazlo.

6. Nunca eludas tu responsabilidad. La culpa termina en ti. Siempre termina en ti. Aunque creas que no tuviste nada que ver con la decisión que metió a tu empresa en problemas desde el principio, te equivocas. Probablemente tuviste algo que ver al contratar a la persona que sí metió la pata. Asume la responsabilidad de inmediato, haz lo que puedas para solucionar el problema y luego despide al inútil que no pudo seguir el ritmo. Si tu nombre figura en el producto, la empresa o el letrero, eso es especialmente importante.

7. No eres su padre ni su madre. Los empleados solo llevarán sus dramas al trabajo si se lo permites. Si no quieres que te traten como a un padre o una madre, no te comportes como tal. Si los empleados tienen disputas, deja que las resuelvan entre ellos. También procuro no dar consejos personales. Los problemas de mis empleados son problemas que ellos deben resolver. Y a ellos les corresponde no llevar esos problemas al trabajo. Por cierto, si uno de tus empleados padece un problema real —adicción, depresión o algo por el estilo—, no le sugieras que busque ayuda: insístele en que lo haga.

8. La vida no es justa. Simplemente, algunas personas ganarán más dinero que otras en el mismo puesto. Algunas trabajarán más. Algunas conseguirán más ventas. Confiarás más en unas que en otras para que hagan el trabajo. Probablemente tendrás favoritas. Así es la vida. Si alguien se queja, dile que lo supere.

9. El jefe no siempre es quien más gana. Encuentra estrellas y págales bien. Si quieres atraerlas, tendrás que tentarlas con dinero. Recuerda que el dinero es el gran motivador y, si eso significa que sufrirás una pérdida económica, acéptala. El talento siempre generará más ingresos para la empresa, y esa debe ser siempre tu prioridad número uno. Lo que me lleva a…

10. La empresa es lo primero. Este es el principio más importante. Tener un único propósito —la salud y el bienestar de la empresa— mantiene las cosas claras y ordenadas. Los empleados nunca cuestionan tus prioridades ni tienen que adivinar cuáles son sus objetivos.

Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Kevin O’Leary es fundador de O’Leary Financial Group, autor de éxitos de ventas y fotógrafo.

Imagen: Una empresaria aparece en silueta mientras camina bajo el Arche de la Défense. REUTERS/Christian Hartmann.

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