Me considero un emprendedor. Mi hija adolescente, que apenas está descubriendo el mundo de la moda, pensando en la universidad para el futuro y entendiendo un poco mejor el valor del dinero, me dijo el otro día: “Papá, ¿por qué no te dedicaste a los negocios? ¡Habríamos sido ricos!”
Se quejaba, pero lo tomé como un cumplido. Es cierto que el objetivo de los emprendedores sociales puede ser distinto: en lugar de obtener beneficios, buscamos que toda la sociedad se beneficie, pero la tarea básica es bastante similar. El emprendedor debe llevar una nueva iniciativa de 0 a 60, desde la concepción hasta la sostenibilidad, desde una mera visión hasta una realidad concreta. Tanto en el sector con ánimo de lucro como en el sin ánimo de lucro, se necesita un tipo especial de persona para lograrlo.
Pero ¿qué pueden aprender los emprendedores con ánimo de lucro de quienes intentan cambiar el mundo a través de la empresa social? ¡Exactamente eso! Cómo cambiar el mundo.
1. Hay que creer
Siempre que se empieza algo nuevo, al principio hay multitud de razones para detenerse en ese mismo momento, dar media vuelta y no volver a intentar nada tan insensato. Es arriesgado, nunca se ha hecho, nunca funcionará, no será fácil, no será aceptado, te granjeará enemigos, alterará el statu quo, nunca obtendrá la aprobación, requerirá demasiado tiempo, dinero y esfuerzo, y la lista sigue y sigue.
Si eres lo bastante insensato como para empezar de todos modos, prepárate, porque en cuanto hayas superado a todos los detractores, comenzará la segunda ronda de “ya te lo dije”. Porque todo lo que dijo el primer grupo es, por supuesto, absolutamente cierto, y la única forma de que esto llegue a ponerse en marcha es con pura determinación, perseverancia, genialidad, talento y tenacidad.
La conclusión es que el éxito solo llegará si crees. No me malinterpretes. La creencia no hará el trabajo, no te traerá las oportunidades, no dará un giro milagroso a las cosas ni hará que el dinero caiga del cielo. Tienes que hacer todo eso tú mismo. Pero lo que hace la creencia es mantenerte en el juego. Es esa convicción inquebrantable la que te hace volver a intentarlo a pesar de los contratiempos, los fracasos y las decepciones.
Así que, si vas a empezar algo nuevo, escucha todos los consejos, ya que muchos de ellos son reales y útiles. Pero la pregunta n.º 1 que debes hacerte antes de comenzar es “¿creo en ello?”
2. Hazlo porque te importa, no porque te paguen
Esta siguiente lección está muy relacionada con la primera, porque una de las realidades del trabajo emprendedor es que, al principio, hay muy pocas probabilidades de que te remuneren por tu esfuerzo. Hay un camino largo y difícil antes de que tu trabajo sea “descubierto” y “surja de la nada” para convertirse en un “éxito instantáneo”.
Si crees en lo que haces, sabes que su valor va mucho más allá de simplemente llenarte los bolsillos de dinero. Ya sea con ánimo de lucro o sin él, cualquier iniciativa que tenga verdadero éxito debe aportar valor a los demás. El resto del mundo tiene que darse cuenta y decir: “¡Ah, eso es lo que quiero!”. Un emprendedor debe estar motivado, ante todo, por la pasión de compartir ese valor con el mundo.
Por supuesto, no hay forma de seguir compartiendo ese valor con el mundo sin una manera sostenible de mantenerlo. A menos que seas Bill y Melinda Gates y ya hayas ganado tu fortuna, tienes que encontrar la forma de asegurar que todos cobren. Pero esta es la parte importante. ¡Cobrar no es tu propósito! Es una parte necesaria del modelo de negocio, pero no la razón por la que estás ahí. Esto será aún más importante más adelante, cuando las decisiones empiecen a basarse más en cómo mantener a todos remunerados y menos en cómo compartir algo valioso con el mundo. Si empiezas por preocuparte, podrás seguir preocupándote una vez que hayas alcanzado el éxito.
3. No lo hagas solo
Como los emprendedores hacen cosas nuevas, tienden a ser personas solitarias, que van por delante y temen que los competidores les roben las ideas o se les adelanten. Pero la tentación de mantener las cosas en secreto hasta que sean perfectas y exitosas también puede ser contraproducente.
Las ideas verdaderamente grandes que cambian el mundo no son propiedad de nadie. Lo diré otra vez: si realmente es algo que cambiará el mundo, no te pertenece. El problema para el que tienes una solución lo comparten millones de personas, y para tener verdadero éxito necesitan establecer una alianza contigo. Tu solución tendrá que adaptarse y flexibilizarse, encajar en miles de situaciones únicas y, en última instancia, pertenecerles. Tiene que convertirse en su solución, y entonces tú solo estás ahí para servirles mientras resuelven sus propios problemas con la ayuda de tu idea.
¿Tienes una idea que cambie el mundo? ¿Una idea en la que realmente creas? Tu misión es creer, compartirla con el mundo y dejar que los demás se la lleven a casa y la hagan suya. Tu modelo de negocio puede variar según la idea y las personas que la necesiten, pero la misión es la misma.
Publicado en colaboración con LinkedIn.
Autor: Jonathan Wilson es director ejecutivo de CRASH.
Imagen: Un trabajador llega a su oficina en el distrito empresarial de Canary Wharf, en Londres, el 26 de febrero de 2014. REUTERS/Eddie Keogh



