Trabajé para Bill Gates cuando era joven. Ahora soy el director ejecutivo de una ONG de salud global

A man goes up the stairs at Tokyo's business district December 8, 2014. Japan's economy shrank more than initially reported in the third quarter on declines in business investment, data showed on Monday, surprising markets and backing premier Shinzo Abe's recent decision to delay a second sales tax hike. REUTERS/Yuya Shino (JAPAN - Tags: BUSINESS) - RTR4H2EQ
A CEO who once worked for Bill Gates shares some valuable insights.Image: REUTERS/Yuya Shino
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¿Cómo se consigue trabajar para un jefe famoso, como Jack Ma o Bill Gates? ¿Y cómo se logra que te considere un igual? Steve Davis, director ejecutivo de PATH, una ONG de salud global, se enfrentó a estas preguntas en una vida anterior.

En la década de 1990, conoció a Bill Gates y trabajó para él. Al principio, fue su abogado en Corbis, una empresa de imágenes digitales propiedad de Gates. Más tarde fue nombrado director ejecutivo de la empresa. Hoy sigue reuniéndose con Gates con regularidad, ya que este es uno de los principales donantes de PATH a través de la Fundación Gates.

Al recordar dos décadas de colaboración, ofreció consejos a otras personas que quizá algún día ocupen su lugar y nos contó cómo pasó de ser empleado a amigo de este famoso empresario y filántropo.

1. Estar presente en las buenas y en las malas

Davis fue contratado casi por casualidad para trabajar en Corbis, una empresa de imágenes digitales fundada por Bill Gates en 1989. Fue el entonces director ejecutivo de Corbis quien lo incorporó como abogado corporativo (hasta entonces, Davis era un joven abogado especializado en derechos humanos). Pero apenas unos meses después de su contratación, el director ejecutivo y muchos de sus compañeros de la dirección se marcharon. El futuro de la joven empresa corría peligro. Cuando solo quedaban unos cuantos gerentes júnior en la empresa, Gates dio un paso al frente y pidió a Davis que asumiera el cargo de director ejecutivo interino.

La colaboración resultó exitosa y duradera. «Era importante que le dijera que estaba dispuesto a mantener la empresa en marcha», dijo Davis. Si no lo hubiera hecho, quizá la relación personal que desarrollaron nunca habría despegado. «Después, pasamos juntos por momentos muy difíciles varias veces», dijo Davis. «Eso puede arruinar una relación o fortalecerla». En el caso de Davis y Gates, fue entonces cuando conocieron a sus respectivas familias, superaron momentos duros y salieron fortalecidos. «Eso ocurre en muchas relaciones entre fundadores y directores ejecutivos», dijo Davis.

2. Ser brutalmente sincero y aprender rápido

Cuando Davis asumió como director ejecutivo, pensó que debía ser brutalmente sincero para fijar bien las expectativas y aprender muy rápido para no decepcionar. «Le dije [a Bill Gates] que no era un experto en tecnología», dijo Davis. «Ni siquiera sabía qué era un estado de pérdidas y ganancias. Pero se lo dije desde el principio y le aseguré que podía aprender». Davis dijo que fue otro factor decisivo para el éxito. «Hay que tener claro qué va a funcionar y qué no. Hay que ponerlo sobre la mesa». Durante los meses y años siguientes, Davis se formó en el mundo empresarial y, finalmente, permaneció muchos años como director ejecutivo.

3. Separar las responsabilidades

Para un fundador, un empresario de éxito o una personalidad con marca propia, puede resultar difícil delegar responsabilidades en otra persona. Al fin y al cabo, el éxito se debe al propio esfuerzo y talento, ¿no? Sin embargo, es importante aprender a repartir las responsabilidades con los colaboradores más cercanos. «Hay que definir claramente los roles», dijo Davis. «Si el director ejecutivo está limitado por su presidente del consejo o fundador porque esa persona tiene una personalidad dominante, la colaboración no va a funcionar».

En el caso de Davis y Gates, lo lograron delimitando sus funciones. Cuando hablaban con otras personas, Gates marcaba el rumbo y hablaba de las grandes tendencias y los temas generales, mientras Davis se ocupaba de los detalles de la gestión de la empresa. En las conversaciones entre ellos, Davis tampoco repasaba toda la lista de problemas que encontraba al dirigir la empresa: «Es mejor tratar unos pocos temas y profundizar en ellos, en vez de repasarlo todo», dijo.

4. Encontrar maneras de verse como iguales

Con el tiempo, Davis y Gates llegaron a verse como iguales. Según Davis, la base de esa relación era que «éramos iguales en cuanto al mundo en que vivíamos». Dijo: «En algún momento te das cuenta: “Tengo una perspectiva y no valgo menos”». Por supuesto, tomaron decisiones distintas. Pero que a Gates le interesaran las computadoras y a Davis los derechos humanos y China no significaba que uno fuera inferior al otro. «Doy por sentado que aporto valor y que, por eso, soy valioso», dijo Davis.

Ahora, muchos años después de trabajar juntos en Corbis, Davis y Gates siguen en contacto. Hace unos años, Davis volvió a trabajar en un proyecto acorde con su interés por los derechos humanos y el desarrollo: se convirtió en director ejecutivo de PATH, una ONG de salud global que ayuda a curar los males del mundo (literalmente) al reunir a los sectores público y privado para crear soluciones innovadoras en materia de salud. Gates, como es bien sabido, tomó un rumbo parecido y fundó junto con su esposa la Fundación Bill y Melinda Gates. La Fundación es ahora un importante donante de PATH, y Gates y Davis siguen reuniéndose tanto por motivos profesionales como personales.

Cuando se reúnen, conversan, se escuchan e intercambian ideas. A veces también se recomiendan libros. «A los dos nos gusta mucho leer», dijo Davis. «Pero no leemos lo mismo. Él lee muchos libros de no ficción y técnicos. Yo leo mucha ficción, obras históricas y biografías». Y cuando Davis habla, Gates escucha. «Bill tiene una personalidad fuerte, pero sabe escuchar», dijo Davis. «Siempre hay mucho que aprender. Sin duda, puedo aprender de los demás y ellos pueden aprender de mí. Esa es la base de nuestra amistad».

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