La historia desconocida de Silicon Valley

Designers work at computer stations at TechShop in the South of Market neighborhood in San Francisco, California April 24, 2014. In the shadow of Internet monoliths, it's easy to forget that Silicon Valley got its start from hard-scrabble tinkerers building radios, microchips and other devices. Now, a proliferation of high-tech but affordable manufacturing tools and new sources of funding are empowering a generation of handy entrepreneurs and laying the foundation for a hardware renaissance. A growing focus on hardware and the so-called "Maker movement" is sweeping northern California and, in a smaller way, Europe and other countries. Renewed interest in tinkering with objects - versus apps or software - is attracting more money from investors and fostering a growing number of workshops, where aspiring inventors can get their hands on computerized milling machines and other high-end tools. Picture taken April 24, 2014. REUTERS/Robert Galbraith (UNITED STATES - Tags: BUSINESS SCIENCE TECHNOLOGY)
A new book by Leslie Berlin explores the history of Silicon Valley.Image: REUTERS/Robert Galbraith
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Durante décadas, Silicon Valley ha sido sinónimo de innovación. Pero últimamente, el centro tecnológico de California también ha recibido críticas por los aspectos negativos de su cultura empresarial, como el sexismo, el racismo y la codicia. Por eso resulta interesante leer la historia de cómo se desarrolló. Las historias surgidas de la región son legendarias, y muchas de ellas han quedado recogidas en un fascinante libro de Leslie Berlin, historiadora de proyectos de los Archivos de Silicon Valley de la Universidad de Stanford. Troublemakers: Silicon Valley’s Coming of Age ofrece una mirada amplia y cuenta las historias de algunos innovadores menos conocidos. Berlin habló de su libro y de lo que cree que le depara el futuro al Valle en el programa Knowledge@Wharton, que se emite por el canal 111 de SiriusXM.

A continuación, una versión editada de la conversación.

Knowledge@Wharton: ¿Su trabajo para los Archivos de Silicon Valley sembró la idea de este libro?

Leslie Berlin: Stanford tiene un archivo increíble que reúne documentos antiguos, vídeos, grabaciones de audio y correos electrónicos de personas y empresas de todo Silicon Valley. Es imposible no enamorarse de la historia cuando tocas los objetos que tocaron esas personas y lees lo que escribieron pensando que nadie llegaría a verlo. Años después, deciden donarlo a Stanford. La magia es muy real. Es emocionante verlo y luego intentar reunir entre dos tapas lo que pueden parecer fragmentos de información inconexos y las increíbles historias de todo el Valle.

Knowledge@Wharton: ¿Ha tenido siempre Silicon Valley esta dicotomía cultural?

Berlin: Sí. Lo mismo que hace extraordinario a un lugar o a una persona puede convertirse a veces en su punto ciego. En los años setenta, se perseguían la innovación y la emoción, pero también el cambio y la realización de cosas que la gente sentía que realmente debían ocurrir. Con la guerra de Vietnam y luego el caso Watergate, existía la convicción de que no solo «podíamos hacerlo», sino que «teníamos que hacerlo», porque las grandes instituciones no iban a protegernos. Si a eso se suma la contracultura californiana que ya existía, se obtiene ese espíritu.

Lo mismo que hace extraordinario a un lugar o a una persona puede convertirse a veces en su punto ciego.

Pero la audacia a veces puede convertirse en arrogancia. Silicon Valley formaba parte de la cultura estadounidense en general, que por entonces era profundamente sexista. En 1974, una mujer no podía obtener una tarjeta de crédito sin la firma de su marido. Creo que el acoso sexual no se reconoció como ilegal hasta 1977. Claro que junto a lo bueno también viene lo malo.

Knowledge@Wharton: Su libro se centra en algunos nombres menos conocidos de Silicon Valley. Todo el mundo conoce a Steve Jobs, pero ¿qué le llevó a escribir sobre esas otras personas?

Berlin: Creo que reconocer que, casi siempre, justo fuera del foco hay muchas personas sin las cuales quien lo ocupa no habría llegado adonde está no resta mérito a quienes reciben atención. Cuento que una vez fui a una fiesta donde el director de operaciones de una empresa, cuyo director ejecutivo era una celebridad muy conocida, cantaba una cancioncilla. La única letra era: «Yo hice todo el trabajo. Él se llevó todo el mérito». Creo que la innovación es un deporte de equipo y debemos reconocer a todas las personas que forman parte de esos equipos.

Mis criterios eran bastante sencillos. Quería incluir a personas cuyos nombres no fueran conocidos por todo el mundo, y no solo por el placer de descubrirlas. ¿Con qué frecuencia se oye hablar de un ingeniero famoso? Pero sin ingenieros, no hay Silicon Valley. Así que quería personas que no fueran necesariamente conocidas, que fueran importantes y cuyas historias fueran absolutamente fascinantes.

Escribo sobre Mike Markkula, que poseía un tercio de Apple junto con Jobs y (Steve) Wozniak, y que supo convertir su talento en una empresa en una época en la que había decenas de pequeñas empresas emergentes cuyos fundadores intentaban fabricar computadoras personales. Markkula convirtió esa empresa en la más joven en entrar en la lista Fortune 500.

Knowledge@Wharton: No sé si hoy alguien relaciona a Mark Markkula con Apple.

Berlin: Sí, para mí fue un descubrimiento muy emocionante. Había escrito mi primer libro, una biografía de Bob Noyce, cofundador de Intel, coinventor del microchip y mentor importante de Steve Jobs. Mientras escribía ese libro, Markkula, que había trabajado con Noyce en Intel, me dijo: «Oye, si alguna vez escribes otro libro, estaré encantado de ayudarte». No le di mayor importancia. Luego empecé a estudiar esa época y los primeros años de Apple, y comencé a darme cuenta: «Un momento. Jobs y Markkula están firmando juntos el informe anual. ¿De qué se trata?». Markkula no solo fue muy importante; también lo fue toda la generación anterior, la gente que trabajaba en la industria de los semiconductores. Si nos fijamos en Apple cuando salió a bolsa en 1980, el presidente, el presidente del consejo de administración, el vicepresidente de fabricación, el vicepresidente de recursos humanos, el asesor jurídico principal y el vicepresidente de ventas —todos sus primeros inversores importantes— procedían del sector de los chips.

Silicon Valley formaba parte de la cultura estadounidense en general, que por entonces era profundamente sexista.

De repente, cobró mucho sentido algo que Steve Jobs dijo en su discurso de graduación de 2005 en Stanford. Habló de que, cuando lo despidieron de Apple, sintió que había dejado caer el testigo que le habían pasado David Packard y Bob Noyce. Pensé: «Vaya. Esto es real; este relevo generacional es una parte muy importante para entender qué hace funcionar a Silicon Valley».

Knowledge@Wharton: Habló con Allan Alcorn. Él creó Pong, uno de los primeros videojuegos comerciales. Hoy parece muy sencillo, pero ese juego fue transformador.

Berlin: Lo fue, sin duda. Hablamos de una época en que la gente no tenía computadoras en casa. Cuando había una pantalla, se veía una diapositiva, una de esas transparencias que se usaban en el trabajo, o una emisión de las cadenas de televisión. A la gente le parecía asombrosa la idea de poder hacer algo en una pequeña caja en casa y que lo que uno hacía afectara el movimiento que veía en la pantalla. Incluso en los salones recreativos, a la gente le parecía una locura. Uno de los fundadores de Atari me contó que la gente solía preguntarle cómo sabían las cadenas que uno había girado un mando que cambiaba lo que veía en la pantalla.

Knowledge@Wharton: También habló con Sandra Kurtzig, una de las primeras empresarias de Silicon Valley.

Berlin:Larry Ellison cuenta que, cuando intentaba recaudar fondos para Oracle, iba con sus dos cofundadores a ver a inversores de capital riesgo y no solo los rechazaban: según él, revisaban su maletín para asegurarse de que no hubiera robado un ejemplar de Businessweek. La idea le parecía una locura.

En aquella época, Silicon Valley giraba en torno al hardware. Y entonces apareció Sandra Kurtzig, que no solo se dedicaba al software [como fundadora de ASK Computer Systems], sino que además era mujer. Cuando la gente oía que trabajaba en software, pensaba que vendía lencería. Construyó toda la empresa desde la mesa de su cocina, al margen de las redes existentes en Silicon Valley.

Knowledge@Wharton: ¿Qué ha dicho ella sobre la cultura de Silicon Valley?

Berlin:Hace poco hablaba con ella de esto. Decía que las oportunidades para las mujeres nunca habían sido mejores y que las empresas que prestan atención a las sólidas investigaciones que demuestran el valor de la diversidad son las que han sido más innovadoras y creativas en su manera de pensar. Creo que Sandy es una persona muy práctica, algo que se percibe no solo en ella, sino también en todas las personas de este libro. Tomó la situación que le tocó y la convirtió en lo que necesitaba que fuera.

Knowledge@Wharton: Me interesaría conocer su opinión sobre la inmigración y cómo ha afectado a Silicon Valley a lo largo de los años.

Knowledge@Wharton: Silicon Valley siempre se ha construido gracias a personas que no nacieron aquí. Al principio, llegaban de otras partes de Estados Unidos. Pero en los años setenta, la proporción de la población nacida fuera del país ya era aproximadamente el doble que en el resto de Estados Unidos. Hoy, dos tercios de las personas que trabajan en ciencia y tecnología en el Valle nacieron fuera de Estados Unidos. Más de la mitad de las llamadas empresas unicornio, de propiedad privada y valoradas en 1.000 millones de dólares o más, tienen entre sus fundadores o cofundadores a alguien nacido fuera de Estados Unidos. Silicon Valley no existiría sin los inmigrantes.

Hay aspectos que debemos abordar. Creo que existen pruebas bastante sólidas de que el sistema de visados H-1B no se está utilizando exactamente como se pretendía. Pero eso no cambia el hecho de que sin inmigrantes no hay Silicon Valley.

Knowledge@Wharton: Las empresas de Silicon Valley también afrontan aquí y en el extranjero difíciles cuestiones financieras y regulatorias que las afectan tanto a ellas como a las regiones donde operan.

Berlin:Sí, totalmente. Una lección que se repite es que estas empresas y sus fundadores suelen sorprenderse de lo enorme que se ha vuelto aquello que empezaron a hacer. Abro el libro con una cita de «En busca del arca perdida», en la que Indiana Jones y Sallah conversan. Indy dice: «Voy tras ese coche». Sallah pregunta: «¿Cómo?». Indy responde: «No lo sé. Me lo voy inventando sobre la marcha». Eso ha sido parte de lo que ha ocurrido en Silicon Valley durante mucho tiempo. Cuando se trata de grandes empresas que hacen esto, la situación es muy distinta a la de una pequeña empresa emergente que lucha por salir adelante.

Silicon Valley siempre se ha construido gracias a personas que no nacieron aquí.

Knowledge@Wharton: ¿Qué opinión le merece ahora el movimiento tecnológico? Silicon Valley sigue siendo el centro, pero empezamos a ver más innovación en distintos lugares, como Filadelfia, Cincinnati y Austin.

Berlin:Seattle es un gran ejemplo. Es otra enorme región tecnológica. Pero todo lo que señala muestra el cambio hacia el software. Antes había enormes fábricas en Silicon Valley para fabricar estas cosas. Ahora que nos hemos orientado mucho más al software, las personas con una computadora y conexión a internet pueden innovar. Dicho esto, creo que Silicon Valley ha seguido siendo el centro porque en torno a la alta tecnología se desarrolló un ecosistema muy bien afinado. Antes de que llegara la tecnología, esta era una región agrícola, así que pudieron diseñar a medida un entorno empresarial. A estas alturas, llevamos casi 75 años perfeccionando ese entorno, lo que realmente ha beneficiado a Silicon Valley.

Por supuesto, es muy difícil separar la tecnología de todo lo demás, porque es la base de todo lo demás. Hemos visto regiones enteras del mundo dedicadas a distintas partes de la economía tecnológica, y eso es simplemente parte de la globalización.

Knowledge@Wharton:¿Le preocupa que haya una burbuja tecnológica?

Berlin:Es una economía cíclica. Ha subido y va a bajar. Ha ocurrido una y otra vez. Para mí, la verdadera amenaza para Silicon Valley sería algún tipo de restricción a la inmigración. Eso es lo que me preocuparía.

Knowledge@Wharton: ¿Puede Silicon Valley seguir creciendo?

Berlin:Como alguien que vive aquí, miro a mi alrededor y pienso que está muy, muy abarrotado. Pienso: «No sé cuánto más puede soportar el sistema». Pero luego vuelvo la vista a 2001, cuando decían que ya no había espacio para crecer. O uno mira los años setenta y encuentra correos electrónicos que dicen: «Es el fin de Silicon Valley. Está demasiado abarrotado. Es demasiado caro. No hay espacio para innovar. Silicon Valley llega a su fin». No sé cómo sigue adelante. Pero sigue adelante.

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