Competimos activamente con nuestros compañeros de trabajo por una cantidad limitada de beneficios, como aumentos salariales, ascensos, bonificaciones y reconocimiento. Sin embargo, una nueva investigación muestra que, con más frecuencia de la que no, las personas no logran determinar qué compañeros podrían estar intentando desplazarlas en el trabajo.
«Analizamos si las personas entendían lo que los demás en el trabajo pensaban de ellas», afirma Hillary Anger Elfenbein, profesora de comportamiento organizacional en la Universidad de Washington en San Luis. «Sueles saber quién te aprecia. Pero, cuando se trata de sentimientos negativos, incluida la competitividad, no tenían ni idea».
Elfenbein y sus colegas realizaron dos estudios distintos durante su investigación, publicada recientemente en la revista Psychological Science.
En el primero, encuestaron a vendedores de un concesionario de automóviles del Medio Oeste, donde la competencia era habitual y se fomentaba. El segundo estudio incluyó encuestas a más de 200 estudiantes universitarios de grado repartidos en 56 grupos de proyectos. A todos se les hicieron preguntas similares sobre sus compañeros de trabajo y sobre lo que suponían que estos pensaban de ellos. Al analizar las respuestas sobre la competencia, los resultados fueron sorprendentes: aunque había casos atípicos, se anulaban por completo entre sí.
En otras palabras, los compañeros de trabajo no tienen ni idea de quiénes son sus competidores.
«Algunas personas muestran su competitividad; con algunas te das cuenta de que van contra ti, pero otras van contra ti y actúan como si fueran tus amigas íntimas», dice Elfenbein. «Esos dos efectos se contrarrestan y, en promedio, la gente no tiene ni idea de quién siente competitividad hacia ella».
Los investigadores ofrecen dos razones principales para esta desconexión: en primer lugar, las personas tienden a ocultar exteriormente sus sentimientos de competitividad hacia los demás por cortesía. Además, influyó el concepto de reciprocidad.
«En el caso del afecto, la reciprocidad es algo positivo», afirma Elfenbein. «Quedas con otras personas, haces regalos y compartes experiencias positivas. Pero, para obtener los beneficios de la competencia, como ascensos o ventajas, no hace falta que sea recíproca. Y cuando no recibes ese sentimiento de vuelta, es difícil saber quién compite realmente contra ti».
Según los investigadores, para un gerente que quiera formar un equipo sólido y cohesionado en el trabajo, la transparencia y unas líneas que no se deben cruzar parecen ser la clave para mantener el equilibrio.
«Conviene fomentar un ambiente donde haya competencia amistosa», afirma Elfenbein. «En el concesionario, todos saben que compiten entre sí. Los salarios enteros pueden depender del rendimiento. Pero si creas un ambiente con límites que no se cruzan, puedes dar cabida a una competencia sana y mutua que se vea recompensada».
¿Y qué puede hacer alguien en el trabajo que teme que sus compañeros le tomen por sorpresa?
«Hay que prestar más atención a lo que hace la gente que a lo que dice», afirma Elfenbein. «Cuando las personas son demasiado corteses para decirte algo a la cara, necesitas una red de contactos sólida que te permita saber lo que los demás piensan de verdad».


