«Es tan negativa», los oí decir. Siempre dispuesto a disfrutar de un buen chisme, pedaleé sigilosamente con mi bicicleta hasta detrás del lugar donde hablaban dos colegas. Estábamos en una reunión fuera de la oficina, pasando la tarde al aire libre y disfrutando. «La única palabra que sabe decir es “¡No!”», dijo uno. Parecía una escena de Chicas pesadas, de Tina Fey, pero no era ni de lejos tan graciosa, porque me di cuenta de que el blanco de sus burlas era ¡YO!
Es difícil aceptar los comentarios negativos. Sobre todo cuando son directos, incluso accidentales. Hacía poco que había asumido una nueva tarea en una nueva empresa. Todavía estaba aprendiendo la cultura y tratando de entender el ritmo de cómo funcionaban allí las cosas. Mi puesto estaba centrado en la comunicación, pero debí de confundirlo con el departamento de mitigación de riesgos. Ahora que lo pienso, parece que creía que podía dejar huella señalando todo lo que podía salir mal, en lugar de contribuir positivamente a las ideas de los demás. Sabía lo que sabía y me habían contratado por mi experiencia. Eso me daba seguridad en un entorno nuevo.
Mi reacción inmediata al oír que me lo reprochaban —aunque fuera algo que había oído por accidente— fue negarlo y sentir frustración. Estaba claro que no sabían de qué hablaban. No me entendían. Eran crueles. Pero, cuando se disipó el aguijonazo y asimilé lo que habían dicho, tuve que preguntarme: ¿Había algo de verdad en su acusación? ¿Me había vuelto demasiado tajante?
A veces, quienes critican no tienen buenas intenciones o no están bien informados. Pero los comentarios negativos suelen revelar algo que se interpone en tu camino. Tienes que estar dispuesto a preguntarte: ¿Son pertinentes estos comentarios y provienen de alguien digno de confianza? ¿Es importante que cambie el comportamiento que se cuestiona?
Por suerte, la gente cambia. No me reconocía en la mujer negativa que describían mis colegas. Pero era yo. Y desde entonces he tenido que esforzarme mucho para abrirme a otras maneras de hacer las cosas y a interpretaciones alternativas, especialmente en entornos nuevos. Cuando me descubro frustrada con un colega particularmente negativo, o cuando oigo «¡No!» una vez más de la cuenta, vuelvo a subirme a la bicicleta. A veces, «no» tiene sentido, pero otras es una forma de seguir en la zona cómoda, pedaleando dentro de nuestra propia versión de la realidad. Recuerda: a veces, los mejores consejos no parecen consejos al principio.
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autora: Beth Comstockm es vicepresidenta sénior y directora de marketing (CMO) de General Electric.
Imagen: Un corredor de bolsa mira los índices bursátiles en la pantalla de su computadora en una firma de corretaje de Mumbai. REUTERS/Punit Paranjpe.



