Has superado con éxito la fase de entrevistas y te han ofrecido el puesto. Has negociado un paquete que te satisface y ahora es el momento de empezar a pensar en tu estrategia de salida. Concertas una reunión con tu jefe y empiezas a planificar tu renuncia.
¿Cómo abordas el tema? Empiezas explicando el proceso de decisión y cómo has decidido dejar la empresa para aceptar otra oportunidad. Entonces tu jefe te sorprende con una contraoferta. Tu empleador actual te explica que estabas a punto de recibir el ascenso que te habían prometido, junto con el aumento salarial que se había retrasado y más responsabilidades, tal como habías solicitado. Solo tú puedes tomar la decisión final. ¿Te quedarás o te irás?
Contraoferta
¿Qué pasa si tu empleador te hace una contraoferta una vez que has decidido irte? Si la única ocasión en que consigues mejores condiciones es cuando renuncias, diría que eso transmite un mensaje. Es muy fácil volver a tu zona de confort y, por supuesto, tu empleador no quiere que te vayas; pero si de verdad no lo veía venir, deberían encenderse las alarmas: es evidente que no está al tanto del mercado y deberías preguntarte por qué no se reconocieron tus méritos.
Recibir una oferta así, aunque sea halagador, no siempre debería interpretarse como un voto de confianza. ¿De verdad quieren retenerte porque eres un miembro valioso del equipo? ¿O consideran que aumentarte el sueldo supone un ahorro frente al coste de contratar a alguien? Si el éxito de tus gerentes se mide por la retención del personal, sus motivos para hacerte una contraoferta podrían ser puramente egoístas, en lugar de responder a lo que más conviene a la empresa o a tu carrera.
Piensa en los motivos por los que quieres irte. Nueve de cada diez veces que acudes a una entrevista, no es solo el dinero lo que te tiene insatisfecho. Quizá tu puesto actual no te plantea suficientes retos, quizá sientes que no tienes suficiente autonomía o tal vez tu relación con tus compañeros se está deteriorando. Mis 30 años de experiencia me han enseñado que la mayoría de las personas que deciden aceptar la contraoferta y quedarse donde están terminan marchándose seis meses después. Siempre hay algo más que el dinero.
Como has demostrado que estás dispuesto a irte, siempre se pondrá en duda tu lealtad. Podrías colocarte en una situación vulnerable en la que te culpen si algo sale mal en el futuro. Es posible que a partir de ahora miren con sospecha cada cita con el médico o el dentista. También tienes que aceptar la posibilidad de que nunca vuelvas a sentirte parte del «círculo íntimo» y de que sea difícil superar el estigma entre compañeros que podrían resentir las nuevas condiciones que has negociado para ti.
Por lo general, las contraofertas no suelen ser más que una táctica para ganar tiempo y permitir que tu empleador te sustituya. Los motivos por los que querías irte en primer lugar seguirán ahí; simplemente se harán un poco más llevaderos a corto plazo gracias al aumento salarial y el ascenso ofrecidos. ¿Tendrás que amenazar con irte cada vez que quieras negociar un aumento de sueldo o asumir más responsabilidades?
El mayor tabú de aceptar una contraoferta es que habrás incumplido tu compromiso con el posible empleador al que tanto te esforzaste por impresionar. Después de negociar el sueldo y dar los pasos para incorporarte a un equipo nuevo, romper ese compromiso podría cerrar todas las puertas con ese posible empleador. Según el proceso y si participaron reclutadores, también podrías ganarte la reputación de hacer perder el tiempo y comportarte de forma poco profesional. Si la contraoferta te tienta a quedarte, piensa detenidamente en las consecuencias para tu reputación en el sector en el que trabajas y para tu carrera a largo plazo.
Si decides quedarte, debes tratarlo como un proceso formal. A veces los empleadores prometen un paquete mejor y te animan a cambiar de opinión, pero luego no cambian nada. De repente vuelves al punto de partida, pero sin una oferta de trabajo. No tienes por qué ponerte en esa situación y debes asegurarte de que todos los acuerdos estén firmados y aprobados antes de quedar mal con tu posible empleador.
Las empresas de buena reputación rara vez hacen contraofertas: aceptarán tu renuncia con pesar, valorarán la contribución que has hecho a la empresa y te desearán mucho éxito en el futuro. En toda carrera llega un momento en que toca asumir un nuevo reto y dejar una empresa. Reduce los posibles perjuicios para tu carrera y el estrés asociados a esta transición confiando en tu instinto y manteniéndote firme en tu decisión.
¡Esperemos que tomes la decisión correcta y sigas planificando tu estrategia de salida!
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: James Caan es un empresario en serie.
Imagen: Un empleado cierra la puerta antes de una mesa redonda sobre el traslado a los clientes de los precios de importación más bajos debido al fuerte franco suizo, en Berna, el 10 de agosto de 2011. REUTERS/Pascal Lauener



