La forma en que definimos el «talento» en nuestras empresas influye directamente en nuestras actitudes, percepciones y suposiciones.
Piense en su trayectoria profesional, desde sus comienzos. Haga una lista de las principales cualidades que consideraba importantes para su desarrollo o que los demás esperaban de usted. Pueden ser de cualquier tipo: experiencia, conocimientos especializados o habilidades interpersonales. Revise esa lista: es muy probable que incluya cualidades como la dedicación, la actitud o la pasión.
Ahora, piense en lo que significan para usted estas cualidades. ¿Puede expresarlas con claridad para eliminar cualquier ambigüedad y reflejar fielmente lo que espera de los demás? ¿Las pone en práctica con el mérito que merecen o se las exige a los demás como líder?
A primera vista, esta línea de preguntas puede parecer básica. Sin embargo, bajo esa sencillez yace un concepto con muchas dimensiones. La fórmula consta de tres variables distintas que deberían alcanzar el equilibrio cuando se aplican de manera uniforme.
Como individuos, esto configura nuestra actitud hacia el trabajo, nuestra capacidad y nuestro potencial para aprender y crecer, y determina cómo contribuimos a las organizaciones a las que nos incorporamos.
Como líderes, influye en cómo guiamos, nutrimos y desarrollamos el talento para ejecutar nuestra estrategia y hacer realidad la visión de nuestras organizaciones.
Como organizaciones, influye en cómo encontramos, gestionamos y habilitamos el talento al crear una fuerza laboral para el futuro que pueda dar a nuestras empresas una ventaja competitiva.
Si estas tres variables están bien alineadas, el resultado no solo son experiencias gratificantes para las personas, sino también un éxito enorme para las instituciones a las que sirven, lo que impulsa el crecimiento y la rentabilidad.
Veamos algunos ejemplos de este concepto en acción.
Trabajar con inteligencia, no solo con esfuerzo
Todos sabemos que el trabajo duro es importante, pero también debemos fomentar y recompensar el trabajo inteligente. No hablamos del CI ni de la educación, sino de la iniciativa y el impulso para pensar más allá del primer paso. Trabajar con inteligencia consiste en preguntarse por qué y cómo, y no solo qué.
Ya sea que estemos diseñando, gestionando o liderando, tenemos que pensar cinco pasos por delante, no uno. Debemos analizar cinco dimensiones y no descartar ninguna. Esta mentalidad se aplica a cualquier empresa, función o trabajo en el ámbito empresarial o tecnológico. Lo que cuenta no es el primer paso, sino lo que viene después.
Por ejemplo, cuando un proceso empresarial falla o una solución tecnológica no funciona, no basta con saber qué ocurrió. Queremos saber por qué ocurrió y cómo podemos prevenirlo o mejorarlo. Puede que haya cosas que escapen a nuestro control, pero debemos eliminar los errores evitables.
No se limite a conectar los puntos: encuentre y cree otros nuevos
Cuando nos enfrentamos a nuevas preguntas y desafíos, a menudo tenemos que mirar el panorama general e intentar conectar los puntos. Pero no podemos detenernos ahí. También debemos examinarlo desde una nueva perspectiva y cambiar el ángulo para verlo bajo otra luz o desde otro punto de reflexión.
La idea es anticipar el siguiente punto y crear la próxima oportunidad. Al ampliar los límites de lo que antes se consideraba impensable, activamos un mecanismo que inicia el proceso para el próximo desafío antes de que aparezca en el mapa.
La actitud antes que la aptitud
A menudo, se confunde la actitud con un entusiasmo ciego que no está equilibrado por un optimismo realista. No es así. Se trata más bien de nuestro estado de ánimo, que marca el tono. Expresa que queremos estar aquí y que estamos deseosos de abordar el problema. Expresa que estamos preparados y dispuestos a hacer un esfuerzo adicional.
Nunca me he encontrado personalmente con un trabajo, proyecto, iniciativa o colaboración que dispusiera de recursos ilimitados y tiempo de sobra. Quizá existan, pero aún no me he topado con ninguno. No hay una fórmula sencilla para el éxito cuando tenemos en cuenta las limitaciones de recursos y las prioridades contrapuestas.
Sin embargo, si estudia a las personas exitosas y cómo logran sus objetivos, descubrirá enseguida dos cosas. Primero, perseveran con tenacidad, porque eso les da un impulso invisible para seguir avanzando a pesar de los obstáculos. Segundo, la resiliencia es lo que les permite encontrar el valor y la fortaleza para levantarse rápidamente, con más fuerza que antes, cuando caen.
El fracaso nunca puede ser un punto de partida, pero es inevitable. Incluso las ideas, los productos y las soluciones perfectos acabarán quedándose cortos o fracasando en algún momento. Cuando eso sucede, la dedicación de nuestro talento, manifestada en su tenacidad y resiliencia, marcará la diferencia.
Una mentalidad innovadora impulsada por la curiosidad
La curiosidad es un don que recibimos de niños para explorar lo que nos rodea y que corremos el riesgo de perder al hacernos mayores. Innovamos porque no estamos satisfechos con el statu quo y nos negamos a conformarnos con la complacencia.
Esta mentalidad puede manifestarse en todos los ámbitos de la empresa. No se limita a diseñar nuevos productos y soluciones que todo el mundo desea. La innovación también puede encontrarse y promoverse en las áreas administrativas, donde las funciones y los puestos tienden a ser tediosos y monótonos.
Ningún puesto, colaboración o proyecto debería ser una oportunidad de crecimiento perdida. La curiosidad alimenta un deseo constante, una ambición inagotable de expresar el ingenio humano en todo lo que hacemos.
La pasión antes que el conocimiento puro
Este último ejemplo es el que más me llega al corazón. A menudo se confunde la pasión con la energía pura. Sí, la energía forma parte de ella. Pero la pasión es el puente que conecta las emociones humanas con un sentido de propósito.
Algunas personas van a trabajar. Otras se levantan cada mañana y trabajan con el deseo de marcar la diferencia. No necesitamos salvar el mundo para marcar la diferencia.
Este artículo se publica en colaboración con SAP Community Network. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Kaan Turnali es director sénior global de Business Intelligence (BI) para Global Customer Operations de SAP.
Imagen: Empresarios y visitantes disfrutan del buen tiempo en las escaleras bajo el Arche de la Defense, en el distrito financiero de La Defense. REUTERS/Charles Platiau



