5 formas en que las políticas pueden cerrar la brecha de género en el emprendimiento

A view shows a working space at Le Village by CA, a value-creating start-up incubator of banking group Credit Agricole, in Paris, France, July 7, 2017. Picture taken July 7, 2017. REUTERS/Gonzalo Fuentes - RC19ED9DDAA0
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Aunque la brecha de género en las tasas de participación en la fuerza laboral de los países de la OCDE se ha reducido en los últimos 25 años, las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en el emprendimiento.

Un nuevo informe de la OCDE y la Comisión Europea, Missing Entrepreneurs 2017 muestra que en 2016 los hombres tenían, en promedio, 1,7 veces más probabilidades de trabajar por cuenta propia que las mujeres. Entre los países de la OCDE, esta brecha iba de 1,1 veces en México y Chile a 3,1 veces en Irlanda. De forma similar, el Global Entrepreneurship Monitor —una encuesta internacional sobre emprendimiento realizada en hogares— estima que los hombres tienen 1,6 veces más probabilidades de ser propietarios de empresas nuevas.

Nota: * indica datos de 2015.Image: OCDE/Unión Europea (2017)

También es importante señalar que, en promedio, las mujeres que trabajan por cuenta propia suelen gestionar tipos de empresas distintos de los de los hombres. Las diferencias a menudo pueden explicarse por el sector en el que operan. Casi una cuarta parte de las mujeres que trabajan por cuenta propia se desempeñan en los sectores de salud y trabajo social, y en sectores de servicios que incluyen el lavado y la limpieza de productos textiles, la peluquería y los tratamientos de belleza, y las actividades de bienestar físico. Solo el cinco por ciento de los hombres que trabajan por cuenta propia se desempeñan en estos sectores. En consecuencia, las empresas propiedad de mujeres y dirigidas por ellas parecen estar, en promedio, menos orientadas a lograr un alto crecimiento y a crear un volumen considerable de empleo para otras personas.

Además, las mujeres que trabajan por cuenta propia suelen gestionar empresas más pequeñas que las de los hombres. Tienen dos tercios de las probabilidades que tienen los hombres de contar con empleados o trabajar en equipo. Asimismo, las emprendedoras trabajan, en promedio, menos horas semanales que los emprendedores.

No obstante, las empresas propiedad de mujeres son tan sostenibles como las dirigidas por hombres. En muchos países de la OCDE, las tasas de supervivencia de las empresas propiedad de mujeres eran aproximadamente iguales a las de las empresas propiedad de hombres, y en otros la diferencia entre las tasas de supervivencia empresarial es pequeña.

¿Qué explica la brecha de género en el emprendimiento?

Está claro que las mujeres participan menos en el emprendimiento y que las emprendedoras suelen gestionar tipos de empresas distintos de los de los hombres. Sin embargo, las razones de ello no están tan claras.

A menudo, las mujeres tienen motivaciones distintas para convertirse en emprendedoras y, por tanto, intenciones diferentes. Algunas buscan flexibilidad para gestionar mejor el equilibrio entre su vida laboral y personal, mientras que otras crean empresas para evitar el «techo de cristal» que pueden encontrar en el empleo.

La cultura y las actitudes sociales también desempeñan un papel importante en la configuración del emprendimiento femenino. Los roles de género tradicionales pueden llevar a las mujeres a limitar por iniciativa propia sus actividades emprendedoras a profesiones, sectores y ámbitos empresariales «feminizados». Además, los roles de género también pueden restringir el acceso de las emprendedoras a recursos fundamentales, como el capital humano, financiero y social.

Las fallas del mercado también pueden dificultar que las mujeres emprendan y tengan éxito. Uno de los mayores desafíos que mencionan la mayoría de los emprendedores es la falta de competencias emprendedoras. Por lo general, las emprendedoras tienen menos experiencia en el trabajo por cuenta propia y, como resultado, en promedio, cuentan con competencias de gestión menos desarrolladas y redes empresariales más pequeñas.

El otro desafío importante es el acceso a la financiación. Por lo general, las emprendedoras disponen de menos capital y dependen más del capital propio que los hombres. Además, un amplio conjunto de investigaciones señala que existen diferencias de género en las condiciones de crédito, como requisitos de garantías más elevados y tasas de interés más altas, incluso al controlar características como el sector y el tamaño de la empresa. También es menos probable que las mujeres afirmen tener acceso a financiación inicial. En consecuencia, es más probable que sean prestatarias desalentadas, es decir, personas que no solicitan préstamos porque creen que no tendrán éxito.

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¿Qué deberían hacer los responsables de formular políticas?

Aunque es importante que las personas tengan una variedad de opciones en el mercado laboral, las mujeres suelen tener un potencial emprendedor latente que no llega a realizarse. Los responsables de formular políticas pueden ayudar a liberar este potencial. El objetivo no debería ser eliminar todas las diferencias entre los emprendedores y las emprendedoras, sino intentar eliminar las influencias institucionales que afectan las motivaciones y las intenciones, y corregir las fallas del mercado que limitan el emprendimiento femenino. Un nuevo informe de políticas de la OCDE [insert link] destaca cinco formas en que las políticas pueden abordar la brecha de género en el emprendimiento:

1. Mejorar las condiciones institucionales. Los emprendedores reciben una fuerte influencia de los modelos a seguir y del contexto social. Por ello, es importante promover a las emprendedoras como modelos a seguir y garantizar que el sistema educativo sea neutral en cuanto al género y no desanime a las mujeres a elegir campos CTIM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Otro aspecto son las políticas familiares y fiscales, que deberían procurar aumentar la participación femenina en el mercado laboral y el emprendimiento femenino.

2. Mejorar el acceso a programas de competencias emprendedoras. Las medidas de política tradicionales que apoyan la adquisición de competencias emprendedoras incluyen formación empresarial, programas de asesoramiento y mentoría, y apoyo para crear redes emprendedoras. Estos programas suelen adaptarse a las barreras específicas que enfrentan las mujeres y ofrecerse a grupos formados exclusivamente por mujeres beneficiarias.

3. Aumentar el uso de garantías de préstamos. La mayoría de las políticas gubernamentales para mejorar el acceso de las emprendedoras a la financiación se centran en intervenciones que ofrecen subvenciones, préstamos y microcréditos. Una tendencia creciente consiste en mejorar el acceso a la financiación bancaria mediante garantías de préstamos. Las evaluaciones de las garantías de préstamos específicas para mujeres en Canadá indican que crean más empleos que los programas generales, mientras que los programas de los países de la Unión Europea también tienden a mostrar efectos positivos.

4. Ayudar a las mujeres a materializar el potencial de crecimiento de sus empresas. Las políticas de emprendimiento hacen cada vez más hincapié en ayudar a las mujeres a adquirir y desarrollar las competencias necesarias para poner en marcha y gestionar con éxito empresas con un alto potencial de crecimiento. Un enfoque consiste en ofrecer apoyo adaptado mediante programas de incubadoras y aceleradoras de empresas dirigidos exclusivamente a mujeres. Estas incubadoras suelen ofrecer los servicios habituales de una incubadora empresarial —instalaciones, oportunidades para establecer contactos, formación y talleres, etc.—, pero los adaptan a las necesidades de las emprendedoras y facilitan el apoyo. La experiencia en Estados Unidos indica que las incubadoras especializadas pueden ser más eficaces que las incubadoras generales, que dependen de redes centradas en los hombres, no logran llegar a las redes de mujeres, seleccionan emprendedores mediante comités de selección dominados por hombres y ofrecen programas que no tienen en cuenta el género ni responden a las necesidades de las mujeres.

5. Mejorar el acceso de las emprendedoras al capital de riesgo. Tanto los mercados de capital de riesgo como los de inversión ángel están dominados por hombres, y las inversiones tienden a concentrarse en sectores dominados por ellos, como los relacionados con CTIM. Experimentos en Estados Unidos muestran que es un 60% más probable que los inversores inviertan en emprendedores hombres, incluso cuando el contenido de las presentaciones de inversión es el mismo. Esto sugiere que las emprendedoras que presentan sus proyectos a inversores pueden esperar una menor probabilidad de éxito debido a su género. Entre las opciones para reequilibrar la representación de género figuran atraer a más inversoras y asesoras a las redes tradicionales de capital de riesgo e inversión ángel, y crear fondos de capital de riesgo para mujeres, dirigidos por mujeres y orientados específicamente a invertir en empresas propiedad de mujeres. Las políticas públicas que fomentan la creación de inversiones de capital de riesgo centradas en las mujeres pueden brindar apoyo, por ejemplo, ofreciendo fondos de contrapartida para invertir en empresas emergentes propiedad o dirigidas por mujeres, así como en empresas en fase inicial y de expansión.

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