Pocas de las encuestas utilizadas para medir el desempleo juvenil tienen en cuenta la gran parte de la economía que opera en la sombra. Me refiero a la economía informal, o mercado negro, y a cómo alimenta el emprendimiento en Europa.
El sector informal es difícil de medir. Abarca actividades que van desde cuidar niños hasta actuar en la calle, opera al margen de los marcos institucionales, a menudo sin declararse y, en ocasiones, de forma ilegal. Pero también es valioso para la economía en su conjunto, ya que actúa como caldo de cultivo de iniciativas empresariales.
Se habla mucho de la frágil salud de la economía europea, pero poco del poder del sector informal para impulsar la recuperación de la infraestructura económica de la UE, y todo ello sin planes de austeridad ni intervención de los gobiernos centrales.
Por escandaloso que pueda parecer, vale la pena considerar la formalización de la economía no declarada de una manera no punitiva, aunque solo sea por las oportunidades empresariales que podría generar. Al fin y al cabo, es una economía real, que funciona de forma transversal, al margen de fronteras sociales y de origen étnico, clase, edad y género. Las estimaciones de su tamaño son impresionantes, y varios informes apuntan a un valor superior a 2 billones de dólares solo en la UE.
Existen determinados factores que despiertan el afán emprendedor y animan a los trabajadores informales a formalizar sus empresas. Son los siguientes:
Reconocimiento social y reputación: Las actividades de la economía en la sombra son difíciles de clasificar y los trabajadores informales no siempre gozan de buena consideración. Formalizar un negocio a medida que crece puede conferirle un mayor grado de credibilidad y respetabilidad.
Estructuras familiares: En las economías del norte, los jóvenes tienden a independizarse a una edad más temprana, por ejemplo, compartiendo piso durante su primer año de universidad. Esto genera oportunidades para ideas de negocio. En el sur, en cambio, donde la tendencia es permanecer más tiempo en el hogar familiar, los jóvenes no tienen la misma propensión al emprendimiento.
Dejar el trabajo habitual: Las nuevas ideas de negocio pueden surgir en cualquier lugar. Desempeñar un empleo proporciona a la persona trabajadora una idea de qué funciona y qué no. Si la empresa no apoya las nuevas ideas y soluciones, una persona emprendedora podría optar por independizarse para crear un producto que resuelva un problema o responda a una demanda, y así convertirse en empresaria.
Falta de confianza y fracaso: La economía informal es un entorno volátil, sin garantías de seguridad, y la tasa de fracaso es elevada. Sin embargo, las investigaciones han demostrado que, en lugar de ahuyentar a los emprendedores en ciernes, este elemento de riesgo puede resultar terapéutico para personas que, quizá tras una pérdida profesional o personal grave, lo vieron como una forma de recuperar la confianza.
La economía informal es un terreno fértil para la innovación y una rica fuente de emprendedores. Dar a los trabajadores no regulados la oportunidad de formar parte de la economía formal no solo les beneficiaría a ellos, sino también a la sociedad. Esta se beneficiaría de la inyección de talento y energía, y se volvería más diversa e integrada.
No podemos seguir atrapados en las mismas políticas laborales y fiscales que se crearon cuando la situación económica era más sencilla. Es hora de mejorar nuestra capacidad para reconocer patrones de cambio si queremos garantizar la supervivencia económica de las generaciones venideras.
Este blog forma parte de una serie de artículos que aportan contexto al trabajo del Foro Económico Mundial en el ámbito del emprendimiento europeo. Haga clic aquí para leer la introducción de Nicholas Davis a la serie.
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Autor: Mark Esposito es profesor asociado de negocios y economía en la Grenoble Graduate School of Business y fundador del Lab-Center for Competitiveness.
Imagen: Trabajadores del sector informal reciben el pago en efectivo. 23 de enero. REUTERS/David W Cerny



