Lual Mayen huyó de la guerra civil de Sudán del Sur y aprendió a programar en un campo de refugiados.
Ha creado un videojuego sobre su lucha, con la esperanza de que sirva para concienciar a los jóvenes, y salvar vidas.
El objetivo del videojuego de Lual Mayen es sobrevivir a la horrible odisea de un refugiado, una experiencia que su familia conoce bien, pero la ambición del desarrollador, de 25 años, es cambiar el mundo.
Mayen, que nació mientras su familia recorría 250 millas (400 km) para escapar de la segunda guerra civil de Sudán del Sur, espera que su juego, Salaam, ayude a los jugadores a comprender mejor lo que significa quedarse sin hogar, pasar hambre y vivir huyendo.
«Mucha gente no comprende el viaje de un refugiado», afirmó Mayen, de 25 años, que pasó sus primeros 22 años en un campo de refugiados en el norte de Uganda antes de trasladarse a Estados Unidos.
«Fue un viaje de vida o muerte», dijo, recordando historias familiares sobre bombardeos, animales salvajes y cómo los padres que ya no podían cuidar de sus bebés los abandonaban.
Hoy al frente de su propia empresa de videojuegos en Washington, Mayen considera que la «gamificación», en la que los participantes toman decisiones, a diferencia de la experiencia pasiva de ver una película, pone a la gente corriente en la piel de un refugiado.
Salaam, un saludo árabe que significa paz, permite a los usuarios que nunca han tenido que huir de un país devastado por la guerra emprender una travesía virtual hacia un «entorno pacífico», siempre que logren esquivar a las tropas hostiles y encontrar suficiente comida y agua.
Unir el mundo virtual y el real
Aunque el juego es gratuito, cuando los participantes necesitan comprar comida, agua o medicinas para sus personajes virtuales, pueden realizar compras dentro de la aplicación que irán destinadas a refugiados de la vida real, afirmó.
«Salaam será el primer juego que une el mundo virtual con la realidad sobre el terreno», afirmó. «Cuando alguien compra comida en el juego, en realidad le está comprando comida a alguien en un campo de refugiados».
Pero Mayen también tiene un plan a largo plazo en mente: espera que Salaam conciencie a los adolescentes de hoy cuando se conviertan en la próxima generación de responsables políticos.
«Cuando estén elaborando políticas, ya comprenderán lo que afrontan los refugiados, solo por haber jugado a mi juego», afirmó. «Así es como realmente cambiamos el mundo y como podemos usar la industria para el bien».
Criado en un campo de refugiados, Mayen nunca había visto un ordenador hasta que, un día, a los 12 años, acudió al centro de registro del campo.
«Fue un momento que me ayudó a entender: vaya, quiero usar esto algún día», afirmó.
Durante los tres años siguientes, su madre, a quien él convirtió en la protagonista de Salaam, trabajó incansablemente para ahorrar 300 dólares y comprarle un portátil, que ahora guarda en una vitrina de cristal en su apartamento.
Su juego se volvió viral después de que lo subiera a Facebook y captara la atención de la industria del videojuego. En 2018 fue nombrado Ciudadano Global de los Videojuegos en los Game Awards de Los Ángeles.
«Poder... representar al continente y representar el juego por su impacto social me da mucha esperanza», afirmó. «Da más esperanza a los refugiados».

