Cuando Dan Senor y Saul Singer popularizaron el término «nación start-up» en su superventas del New York Times de 2011, se referían a Israel. Como inversor de capital riesgo, me impresionó especialmente. Por otro lado, me preguntaba: ¿qué viene después? Las start-ups crecen; los inversores ángeles salen; y surgen otros proyectos que atraen financiación y capturan la imaginación del mundo. Hoy en día todo avanza a la velocidad de la luz; The Economist ya habla de Israel como nación de scale-up.
En el último año, mi Ucrania natal ha sentado las bases para convertirse en la próxima nación start-up del mundo. Contamos con más de 2.000 start-ups, unos 100 centros globales de investigación y desarrollo, más de 500 empresas de externalización y 100 empresas de comercio electrónico. Samsung, Boeing, IBM y Oracle (por citar algunas) tienen una fuerte presencia en Ucrania y están preparadas para aprovechar la inigualable relación entre la calidad del capital humano y el coste de operación del país. Juntas suman más de 5.000 millones de dólares a la economía. Nuestros jóvenes se inspiran en el ucraniano Jan Koum, fundador de WhatsApp, y en Max Levchin, cofundador de PayPal y Yelp. Hay más de 50 empresas tecnológicas ucranianas con valoraciones de entre 20 y 100 millones de dólares que operan a nivel global.
Sólida tradición de innovación
Al analizar la historia de Israel, la pregunta que plantearon Senor y Singer fue cómo «un país de solo 60 años, rodeado de enemigos, en constante estado de guerra desde su fundación, sin recursos naturales, produce más empresas emergentes que naciones grandes, pacíficas y estables como Japón, China, India, Corea, Canadá y el Reino Unido». Ucrania tiene solo 25 años; si bien sus dotaciones naturales son abundantes y diversas, no padece la maldición de los recursos; cuenta con una sólida tradición de innovación y liderazgo en ciencia.
Los desafíos a los que se enfrenta mi país son inmensos, pero lo que no se aprecia fácilmente en los titulares de la prensa es que nuestro sector tecnológico prospera a pesar de todo. Pese a las hostilidades, la comunidad ucraniana de tecnologías de la información (TI) y de start-ups ha logrado cerrar 60 operaciones de capital riesgo en menos de dos años. Solo en 2014, 10 nuevos inversores de alto perfil entraron en Ucrania.
Como Israel, Ucrania tiene un mercado interno de software limitado. Más del 90% de sus empresas de productos se dirigen a todo el mundo. Crear una start-up de software empresarial con 20 personas trabajando durante al menos dos años costaría 10 millones de dólares en EE. UU. En Ucrania, el coste es 10 veces menor. Con un descuento del 90% y un nivel comparable de profesionalidad y capacidades técnicas que demuestran los programadores ucranianos, no sorprende que muchos de los entendidos se sientan intrigados por la oportunidad.
Escala de oportunidades
Una de estas empresas es Paymentwall, una plataforma de pagos para juegos, bienes virtuales y servicios web disponible en 200 países, con 2.000 millones de dólares en ingresos. Este proyecto surgió de la cooperación entre inversores de EE. UU. y Ucrania. Ahora se enfrenta a la posibilidad de una salida a bolsa (IPO) en un plazo de tres a cinco años. Cuando Richard Branson visitó Kiev en abril para asistir a una conferencia, expresó su firme convicción en la industria tecnológica ucraniana.
No solo la escala de oportunidades en Ucrania o el potencial de su mercado motiva a los inversores extranjeros. Las empresas globales, que operan en el país desde su independencia, son muy conscientes de su escaso historial en materia de corrupción. Pero también reconocen que muchos de los ministros ucranianos tienen una sólida experiencia en el sector privado.
Muchas decisiones de inversión se reducen a la tolerancia al riesgo. Es, evidentemente, una decisión individual interpretar la situación en Ucrania, pero no reconocer el auge de las start-ups y la realidad del sector tecnológico sobre el terreno sería un descuido. Vivo en Kiev y, cuando miro por la ventana, veo el brillante futuro de Ucrania, impulsado por jóvenes emprendedores. Capto capital e invierto mi propio dinero en start-ups ucranianas, y ha sido la experiencia más gratificante de mi vida profesional.
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Autor: Andrey Kolodyuk, fundador y socio gerente de AVentures Capital, Young Global Leader
Imagen: La catedral de Santa Sofía se ve a través de una gigantesca bandera ucraniana de 1350 metros cuadrados, en Kiev, el 22 de noviembre de 2007. REUTERS/Konstantin Chernichkin



