Los jóvenes emprendedores de Asia necesitan ayuda para salir adelante

Tran Minh Son, co-founder of Vietnamese food-finder app Lozi.
Tran Minh Son, co-founder of Vietnamese food-finder app Lozi, the kind of tech start-up Asia should be looking to.Image: REUTERS/Kham
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China es escenario de la mayor migración del mundo cada año. Cuando hay luna llena, en enero o febrero, la gente deja atrás sus edificios de apartamentos y sus trayectos en metro para cruzar el país y reunirse con sus familiares. Aproximadamente 385 millones de personas viajan a sus ciudades y pueblos de origen para celebrar el Año Nuevo chino, y el mismo ritual se repite año tras año.

Este movimiento masivo explica, en parte, la increíble transformación que ha experimentado la economía china en los últimos 40 años. China, como gran parte de Asia y el Pacífico, es el ejemplo paradigmático de cómo transformar economías agrícolas en industriales reduce la pobreza. El Banco Mundial y la OMC informan de que en 1990 el 58 % de la población china vivía con menos de 1,25 dólares al día, mientras que en 2015 solo el 4,1 % vivía por debajo de ese nivel. Aproximadamente 800 millones de personas han salido de la pobreza.

Aunque solo cuatro de los 42 países de Asia y el Pacífico siguen clasificados como de ingresos bajos, una cifra alarmantemente elevada —450 millones de personas en situación de pobreza extrema— vive en países que técnicamente son de ingresos medios.

Para quienes se han quedado atrás en la historia de crecimiento de Asia, digna de un cuento de hadas, la transición de la agricultura a la industria quizá ya no sea una vía segura hacia la prosperidad. Aunque las fábricas chinas siguen en plena actividad, nuestras investigaciones indican que los motores del crecimiento, como el auge de la externalización de procesos empresariales en India y las industrias automotriz y electrónica que impulsaron a las economías de los tigres asiáticos, están en riesgo de automatización.

Para complicar aún más las cosas, los 700 millones de jóvenes de Asia alcanzan la edad laboral más rápido de lo que sus economías pueden crear empleos industriales para ellos.

Aunque la tasa oficial de desempleo juvenil es relativamente baja, inferior al 10 %, 220,5 millones de jóvenes no estudian ni trabajan (ninis).

Para completar el rompecabezas del desarrollo, la región también envejece rápidamente, lo que plantea el riesgo de que se vuelva vieja antes de hacerse rica.

Institucionalizar el espíritu emprendedor

Las conclusiones de un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que se publicará el próximo mes junto con el Global Entrepreneurship Monitor, sugieren firmemente que el emprendimiento debe convertirse en un pilar de las políticas gubernamentales para que el auge de la población joven de Asia beneficie a toda la región.

Aunque los jóvenes emprendedores afrontan serios obstáculos al poner en marcha sus negocios, especialmente al ampliarlos, los asiáticos de entre 18 y 34 años registran una de las tasas de creación de empresas más altas del mundo, y alrededor del 40 % genera empleo para otras personas.

Pero, en contra de la imagen popular de jóvenes Jack Ma y Zuckerbergs en ciernes, la revolución tecnológica sigue siendo apenas un destello en el horizonte para muchas empresas de la región: solo el 1,3 % de los emprendedores (de todas las edades) afirmó que su empresa incipiente era de alta o media tecnología. En la región, es más probable que los jóvenes estén creando pequeñas empresas similares a negocios de fontanería o venta ambulante que construyendo el próximo WeChat o Grab.

Hasta el 65 % de los emprendedores sigue pidiendo dinero inicial prestado a familiares, y otro 21 % lo pide a amigos o vecinos.

No se puede esperar que los jóvenes de Asia triunfen por sí solos. Es necesario desarrollar las competencias emprendedoras en todos los grupos de edad para hacer frente a la automatización gradual y a los altos niveles de competencia. Para ayudarlos, creemos que debemos institucionalizar el «espíritu emprendedor».

Nuestras investigaciones sugieren que las empresas más exitosas de Asia están dirigidas por personas mayores de 35 años, por lo general con el nivel educativo más alto. Apoyar el espíritu emprendedor significa, por tanto, ayudar a quienes se han quedado atrás a superar el obstáculo de la falta de competencias y a desarrollar su capacidad emprendedora, además de asegurarse de que adquieran diversas competencias interpersonales y técnicas necesarias en un mercado laboral cambiante.

Algunos gobiernos están despejando el camino. La Action Community for Entrepreneurship (ACE) de Singapur ha apoyado con éxito la creación de miles de empresas emergentes durante más de 15 años y, con ello, ha generado miles de empleos.

Know About Business (KAB), de China, es un plan de estudios para desarrollar el emprendimiento que la OIT creó para más de 50 países. El programa ha tenido mucho éxito, no solo al ayudar a prosperar a nuevas empresas, sino también al ampliar los conocimientos de los funcionarios públicos sobre los enfoques del emprendimiento. Hasta ahora, se imparte educación empresarial en más de 100 universidades del país y llega a más de 15.000 estudiantes.

El programa del Gobierno de Tailandia se centra en la mentoría y las competencias empresariales. Mediante la creación de una «Universidad del Emprendimiento», el personal y el alumnado mejoran sus competencias en desarrollo empresarial; solo en 2017 se capacitó a 30.000 personas en más de 30 universidades de todo el país.

A escala regional, la iniciativa del PNUD Youth Co:Lab también trabaja para eliminar las barreras legales y financieras que afrontan los jóvenes y conectar a los emprendedores sociales con incubadoras como TechStars, con el fin de garantizar que las competencias de presentación de proyectos y generación de ideas ocupen un lugar central en el desarrollo de las competencias nacionales, tanto para los negocios como para el empleo.

Ahora los jóvenes se enfrentan a una montaña aún más empinada: mantener el crecimiento de la generación de sus padres mientras afrontan la predicción de que hasta la mitad de los empleos del mundo podría automatizarse. Esta realidad ya empieza a hacerse sentir en muchos lugares, y los jóvenes de ingresos medios y con competencias promedio serán los más afectados.

Con la Cuarta Revolución Industrial anunciando el fin de la manufactura intensiva en mano de obra, los jóvenes asiáticos tendrán que crear la nueva generación de empleos que les dará trabajo a ellos y a sus pares. Y las sociedades tendrán que cuestionar las mentalidades tradicionales para proteger de cara al futuro los notables avances económicos y sociales de la región en las últimas décadas.

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