Al concluir esta reunión, he tenido el privilegio de escuchar, sentir e interactuar con las grandes ideas que se están gestando en torno a la transformación de África. He oído hablar de las inmensas oportunidades que se abren ante nosotros en el sector agrícola, un sector repleto de potencial para «alimentar al mundo», que devolvería a África al lugar que legítima e históricamente le corresponde como granero del mundo, capaz de alimentar en lugar de ser alimentada.
He comprobado hasta qué punto los habitantes del continente están adoptando, implantando y creando tecnología, algo que me interesa mucho más que de pasada, pues dirijo una empresa cuyo temprano aprovechamiento de la tecnología ha sido decisivo para nuestro éxito y constituye una parte fundamental de nuestra plataforma de expansión.
He participado en paneles de debate que han puesto de relieve que la innovación, lejos de ser algo que los africanos necesiten adoptar, es en realidad autóctona del continente africano. África y los africanos han aportado al mundo miles de años de innovaciones fundamentales en infinidad de ámbitos y siguen haciéndolo. La diferencia ahora es que insistimos en hacerlo en condiciones justas y equitativas, y de beneficio mutuo. Ya no nos quedaremos al margen viendo cómo se expolian o se malvenden nuestras obras, ya sean culturales o tecnológicas.
He tenido la oportunidad de sostener que el desarrollo en África no puede limitarse al petróleo y los recursos; también debe basarse en una industria que cultive los recursos humanos, especialmente los que impulsan las industrias creativas. Las industrias creativas, como la moda y el diseño, son comprobadamente rentables y grandes generadoras de empleo. Amplias zonas de África, desde Adís Abeba hasta Accra, ¡cuentan con los recursos, el talento y el patrimonio para llegar a ser tan dominantes y exitosas en las industrias creativas como Milán o París! Por eso es obvio que las industrias creativas africanas deben contar con el espacio y el apoyo necesarios para crecer y prosperar.
Y, como señal de los tiempos, diversos pesos pesados de la línea de defensa de África basada en el «cuenco de limosna» han vuelto a ocupar el lugar que les corresponde: el de ser una cara más entre la multitud. Al percibir el espíritu africano, recién estrenado en confianza, que impregnaba los pasillos, guardaron un silencio providencial, incapaces ya de arrogarse el papel de portavoces de nuestro continente, de su imagen, de sus necesidades o de las aspiraciones de su gente.
Por último, y lo más importante, me marcho sabiendo lo que siempre he sabido: que los grandes foros, incluso uno tan impresionante como el Foro Económico Mundial, no son lo que impulsa el éxito de África. Su éxito lo impulsa su gente, que trabaja sin descanso, envuelta en su laboriosidad, demasiado ocupada incluso para advertir que nuestra reunión se está celebrando. Así pues, en última instancia, corresponde a los africanos, a los hombres y mujeres de este continente amplio y multifacético, hacer que las cosas sucedan. La gran noticia es que se trata de las mismas personas cuya brillantez, optimismo natural y profunda resiliencia ya se impusieron en el pasado y están llamadas a hacerlo de nuevo a un nivel completamente nuevo.
Bethlehem Tilahun Alemu es fundadora y directora ejecutiva de soleRebels footwear y Young Global Leader del Foro Económico Mundial.



