¿Es África un campo de pruebas global para el multilateralismo económico del siglo XXI?

Kenyan workers prepare clothes for export at the United Aryan Export Processing Zone (EPZ) factory operating under the U.S. African Growth and Opportunity Act (AGOA), in Ruaraka district of Nairobi, Kenya April 4, 2025. REUTERS/Thomas Mukoya. multilateralism
Africa has a closer vantage point on the kinds of adjustments that economic multilateralism now requiresImage: REUTERS/Thomas Mukoya
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  • Las condiciones que hoy desestabilizan la cooperación global son aquellas en las que los responsables de políticas africanos llevan décadas trabajando.

  • El continente se enfrenta ahora a un desafío sin precedentes: integrar 54 economías en un único mercado para impulsar la industrialización, la creación de empleo y un crecimiento inclusivo.

  • Si el sistema global sigue atravesando ciclos de volatilidad, las regiones que han aprendido a negociar la coherencia bajo restricciones ofrecerán la orientación más práctica.

La economía mundial atraviesa un periodo en el que la política nacional tiene menos margen de acción de forma aislada que antes. Esta presión se deriva de la forma en que los sistemas económicos transfronterizos vinculan ahora los mercados de manera más estrecha.

Las decisiones adoptadas en una jurisdicción pueden influir en los resultados mucho más allá de sus fronteras, mientras que la cooperación pasa de ser un gesto diplomático a una necesidad operativa para las empresas y los gobiernos. Sin embargo, los mecanismos diseñados para facilitar esta cooperación tienen dificultades para seguir el ritmo de la velocidad y la complejidad de las economías modernas.

El número de nuevas intervenciones de políticas perjudiciales que afectan al comercio y a la inversión mundiales se ha disparado, pasando de 600 en 2017 a más de 3.000 anuales en cada uno de los últimos tres años. En 2025, varias grandes economías ampliaron las medidas proteccionistas y las barreras regulatorias de forma que desestabilizaron las cadenas de suministro y aumentaron la volatilidad en los mercados, lo que constituye una de las señales más claras hasta la fecha de la fragilidad del multilateralismo económico.

Esto tiene implicaciones directas para el desarrollo económico, ya que la prosperidad de las naciones y de sus ciudadanos depende de instituciones, tanto públicas como privadas, que puedan respaldar el intercambio transfronterizo, atraer y canalizar inversiones, facilitar la movilidad de las personas y mantener entornos regulatorios que den a las empresas la claridad que necesitan para operar en los mercados.

Sin embargo, las condiciones que hoy desestabilizan la cooperación global son aquellas en las que los responsables de políticas africanos llevan décadas trabajando. Han intentado alinear los mercados entre jurisdicciones en las que los sistemas regulatorios están fragmentados y las instituciones evolucionan a distintos ritmos, a menudo absorbiendo al mismo tiempo shocks externos que escapan a su control. Esta experiencia acumulada ofrece al continente un punto de observación privilegiado sobre los tipos de ajustes que exige ahora el multilateralismo económico.

Con base en esa experiencia, el continente se enfrenta ahora a un desafío sin precedentes: integrar 54 economías, la mayoría de ellas en desarrollo o emergentes, en un único mercado para impulsar la industrialización, la creación de empleo y un crecimiento inclusivo. Este impulso hacia la unidad refleja el reconocimiento de que los mercados fragmentados y las barreras han frenado durante mucho tiempo la prosperidad de África. Los líderes presentan la integración económica no solo como una prioridad africana, sino también como una oportunidad global: una ocasión para ensayar nuevos modelos de comercio, inversión y financiación del desarrollo que podrían ampliarse más adelante.

Este programa tiene como eje central el Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA), cuyo objetivo es crear un mercado continental único que genere escala y sitúe a las economías africanas en condiciones de competir más allá de la extracción de materias primas e integrarse más profundamente en las cadenas de suministro mundiales. El acuerdo abarca el comercio de bienes y servicios, la inversión, la política de competencia y los derechos de propiedad intelectual, lo que lo sitúa entre los marcos más ambiciosos a escala mundial. Si se materializa por completo, el AfCFTA podría elevar la renta regional un 7 %, es decir, unos 450 000 millones de dólares.

Si se materializa por completo, el AfCFTA podría elevar la renta regional un 7 %, es decir, unos 450 000 millones de dólaresImage: Banco Mundial

El alcance de la integración de mercados entre tantas economías en desarrollo no tiene precedentes directos, lo que convierte al AfCFTA en un campo de pruebas para la cooperación comercial multilateral moderna.

Su éxito demostrará cómo la cooperación multilateral puede fortalecer el desarrollo económico nacional al ofrecer a cada país una plataforma más amplia para expandir la producción y construir fuentes de crecimiento más resilientes e inclusivas. También podría servir de orientación para otras regiones con mercados fragmentados, como el sur de Asia o partes de América Latina, al aclarar la secuencia de los acuerdos y las políticas complementarias necesarias para traducir la integración en beneficios amplios.

Hacer realidad la promesa del AfCFTA, sin embargo, no es tarea fácil y dependerá principalmente de cerrar el déficit de infraestructuras de África mediante una inversión coordinada.

Las infraestructuras transfronterizas son esenciales para conectar los mercados en la práctica. Los gobiernos e instituciones africanos trabajan con una amplia gama de inversores internacionales, desde los programas de la Franja y la Ruta de China hasta la Asociación para la Infraestructura Mundial del G7, para financiar grandes proyectos. El Corredor de Lobito es un ejemplo: una asociación entre Angola, la República Democrática del Congo y Zambia, respaldada por Estados Unidos y la Unión Europea, para desarrollar enlaces ferroviarios y de transporte desde el centro de África hasta el Atlántico. Los grupos regionales de energía y las iniciativas conjuntas en materia energética siguen la misma lógica: los Estados de África Oriental están desplegando redes eléctricas interconectadas y los países de África Occidental coinvierten en corredores de transporte para estabilizar el suministro y reducir costes.

Para que las economías africanas tengan éxito, es necesario destacar su diversidad.
Para que las economías africanas tengan éxito, es necesario destacar su diversidad.
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Estas iniciativas de cooperación, a menudo facilitadas por bancos multilaterales de desarrollo como el Banco Africano de Desarrollo y el Banco Mundial, así como por socios como China y los Estados del Golfo, están perfeccionando modelos prácticos para compartir riesgos y financiar infraestructuras de largo plazo.

Los bancos comerciales también desempeñan un papel importante en este panorama, especialmente cuando los proyectos necesitan servicios de asesoramiento para estructurar programas de financiación y canales de pago transfronterizos fiables. Su presencia ofrece a los inversores una visión más clara de cómo se mueve la actividad sobre el terreno y abre espacio para nuevas formas de financiar proyectos. Se están convirtiendo en un terreno de prueba para los acuerdos de financiación mixta y para formas de asociación que concilien los intereses de las economías en desarrollo y de los inversores.

En conjunto, estos acuerdos muestran cómo África construye formas de cooperación económica que van mucho más allá del comercio, al recurrir a una combinación de actores públicos y privados para gestionar la interdependencia de maneras que el sistema global hoy tiene dificultades para lograr.

Las lecciones aprendidas al hacer viable la cooperación en contextos imperfectos pueden resultar más relevantes para el futuro de la gobernanza económica que la antigua expectativa de que el orden surge de la simetría y la previsibilidad. Si el sistema global sigue atravesando ciclos de volatilidad, serán las regiones que han aprendido a negociar la coherencia bajo restricciones las que ofrezcan la orientación más práctica. África ya demuestra cómo puede hacerse.

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