Los grandes empleados son fiables, dignos de confianza, proactivos, diligentes, excelentes líderes y excelentes colaboradores. Poseen una amplia gama de cualidades fáciles de definir —pero difíciles de encontrar—.
Algunos alcanzan el siguiente nivel. Hay empleados verdaderamente excepcionales, con cualidades que quizá no aparezcan en las evaluaciones de desempeño, pero que, aun así, tienen un gran impacto en el rendimiento.
Estas son ocho cualidades de los empleados excepcionales. Comprueba cuántas tienes:
1. Son un poco diferentes…
Los mejores empleados suelen ser algo excéntricos: peculiares, irreverentes e incluso encantados de ser distintos. Aunque puedan parecer un poco raros, lo son de una manera realmente positiva: las personalidades poco convencionales agitan las cosas, hacen más divertido el trabajo y transforman un grupo corriente en un equipo con estilo y carácter.
Las personas que no temen ser diferentes amplían de forma natural los límites y cuestionan el statu quo (¿y a quién no le hace falta eso?)
Y a menudo se les ocurren las mejores ideas.
2. … Pero saben cuándo moderarse.
Los empleados excepcionales saben cuándo jugar y cuándo ponerse serios; cuándo ser irreverentes y cuándo adaptarse; cuándo cuestionar y cuándo dar un paso atrás.
Es difícil encontrar el equilibrio, pero unos pocos saben recorrer esa delicada línea con aparente facilidad.
3. No les importan las descripciones del puesto.
Cuanto más pequeña es la empresa, más importante es que los empleados sepan reaccionar con rapidez, adaptarse a prioridades cambiantes y hacer lo que sea necesario, independientemente de su función o cargo, para sacar adelante el trabajo.
Cuando peligra el proyecto de un cliente clave, los empleados excepcionales saben, sin que nadie se lo diga, que hay un problema y se implican sin que se lo pidan, aunque no sea su trabajo.
Sobre todo si no es su trabajo.
4. Elogian públicamente…
El reconocimiento de un jefe sienta bien. El reconocimiento de un compañero es fantástico, sobre todo cuando admiras a esa persona.
Los empleados excepcionales reconocen las contribuciones de los demás, especialmente en grupos, donde el impacto de sus palabras es aún mayor.
5. … Y se quejan en privado.
Todos queremos que los empleados planteen los problemas, pero algunos se abordan mejor en privado. A menudo, los buenos empleados tienen más margen para sacar a relucir temas controvertidos en grupo porque su desempeño les da mayor libertad. (Aunque todos los empleados deben recibir un trato justo, no es necesario tratar a todos por igual. Hay una gran diferencia.)
Los empleados excepcionales acuden a su jefe antes o después de una reunión para hablar de un asunto delicado, conscientes de que plantearlo en grupo podría desatar una tormenta.
6. Hablan cuando los demás no se atreven.
Una vez, durante una reunión, un empleado me preguntó por posibles despidos. Después de la reunión le dije: «¿Por qué preguntaste eso? Ya sabes lo que está pasando».
Me dijo: «Sé lo que está pasando, pero muchos otros no lo saben y tenían miedo de preguntar. Pensé que les ayudaría oír la respuesta de ti».
Los empleados excepcionales tienen una intuición innata para detectar los problemas y las preocupaciones de quienes los rodean, y dan un paso al frente para hacer preguntas o plantear asuntos importantes cuando los demás dudan.
7. Les gusta demostrar que los demás se equivocan.
La automotivación suele nacer del deseo de demostrar que quienes dudaban estaban equivocados. El joven sin título universitario, la técnica a quien le dijeron que no tenía potencial de liderazgo o el docente que quiere cambiar de carrera pero oye que no tiene las habilidades necesarias suelen sentir un ardiente deseo de demostrar que sus detractores se equivocan.
La educación, la inteligencia, el talento y las habilidades son importantes, pero el impulso es fundamental. A los empleados excepcionales los mueve algo más profundo y personal que el simple deseo de hacer un buen trabajo (o incluso su salario).
8. Siempre están haciendo ajustes.
Algunas personas nunca están satisfechas (lo digo en el buen sentido) y trabajan constantemente en algo: ajustan un cronograma, perfeccionan un proceso, retocan un flujo de trabajo…
Los buenos empleados siguen los procesos. Los empleados excepcionales los siguen, pero también se esfuerzan por mejorarlos, no solo porque se espera de ellos, sino porque sencillamente no pueden evitarlo.
(Esto también se aplica a quienes ocupan puestos de liderazgo: a los buenos jefes les importa cómo se hacen las cosas. A los mejores jefes les importa cómo podrían hacerse de otra manera.)
¿Por qué? Simplemente, son así. Y los queremos por eso.
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Jeff Haden es editor colaborador de Inc. Magazine.
Imagen: Una mujer aparece en silueta junto a una exposición de paneles solares. REUTERS/Yuriko Nakao.



