Todos necesitan servicios financieros: las personas pobres, la clase media y las personas adineradas. Pero, si eres pobre, es más difícil acceder a financiación de calidad y esta es mucho más cara. Por desgracia, lo mismo sigue ocurriendo con las pequeñas empresas de todo el mundo.
En comparación con las grandes empresas, las pequeñas y medianas empresas (pymes) se enfrentan a graves restricciones crediticias. Doscientos millones de empresas en todo el mundo no pueden obtener el crédito que necesitan, tanto para el capital circulante como para las inversiones. Se estima que la brecha crediticia mundial supera los 2 billones de dólares. Estas restricciones crediticias son más graves en los países de bajos ingresos, donde casi la mitad de las pequeñas empresas cita la falta de acceso a financiación como un importante obstáculo para el crecimiento.
Esta brecha de financiación de las pymes suele describirse como el «eslabón perdido»: las instituciones de microfinanzas proporcionan capital a microempresas con menos de cinco empleados, mientras que los bancos comerciales o las firmas de capital privado atienden a grandes corporaciones y multinacionales. Las pequeñas y medianas empresas, que suelen definirse como aquellas con hasta 250 empleados, quedan atrapadas en medio. Se trata de un problema enorme, porque la gran mayoría de las empresas de todo el mundo son pymes: hasta un 95 %, según algunas definiciones.
La buena noticia es que cerrar la brecha crediticia de las pymes debería beneficiar a todos. Un reciente documento del FMI indica que eliminar las restricciones crediticias para las pymes está asociado con un crecimiento económico hasta 4 puntos porcentuales mayor. La firma de consultoría de gestión McKinsey & Company estima que el potencial de ingresos de la financiación de las pymes en los mercados emergentes rondaba los 360.000 millones de dólares en 2015.
Si la financiación de las pymes impulsa el crecimiento económico y, al mismo tiempo, crea oportunidades de ingresos de miles de millones para el sector privado, ¿por qué sigue existiendo la brecha crediticia? Las encuestas económicas muestran que la restricción crediticia es casi por completo un problema de oferta, ya que la demanda de financiación de las pymes es abrumadora. Los principales obstáculos para las instituciones financieras son que los préstamos de pequeña cuantía en los países en desarrollo registran altas tasas de pérdidas en caso de impago y conllevan elevados costes operativos.
Por lo tanto, el desafío central para cerrar la brecha crediticia de las pymes consiste en encontrar formas de reducir los costes de conceder crédito a las pequeñas empresas del mundo en desarrollo. A modo de ejemplo, el coste operativo mediano de conceder microcréditos y préstamos pequeños en los países en desarrollo es de 18 centavos por cada dólar prestado, entre dos y tres veces más de lo que cabría esperar que costara esta actividad en los mercados avanzados.
Hay dos factores principales que determinarán el éxito a la hora de reducir y, finalmente, cerrar la brecha crediticia. Ambos dependen en gran medida de la interacción entre intervenciones específicas del sector público y el privado:
La calidad de la infraestructura financiera de un país, en particular la disponibilidad de datos, incluida la información crediticia, y de mecanismos para constituir, registrar y ejecutar garantías sobre bienes muebles e inmuebles.
La capacidad de los bancos y las instituciones financieras no bancarias, incluidos los prestamistas fintech para pymes, para innovar en la atención a sus clientes y aprovechar mejor las transacciones y los datos digitales a fin de crear soluciones financieras cómodas y asequibles.
Este es un plan de acción de cinco pasos para que los responsables de formular políticas aborden este desafío fundamental en colaboración con el sector privado y trabajen para cerrar la brecha crediticia de las pequeñas y medianas empresas:
Desarrollar infraestructuras crediticias, en especial sistemas de información crediticia y de garantías mobiliarias. La mejora de los sistemas de información crediticia beneficia tanto a los prestamistas —bancos, instituciones financieras no bancarias y empresas fintech— como a los prestatarios. Por ejemplo, tras introducir China reformas legales y un registro totalmente electrónico de cuentas por cobrar, la financiación basada en cuentas por cobrar aumentó hasta representar el 20 % de los balances de los bancos. La mejora de las infraestructuras crediticias también ayuda a las instituciones financieras no bancarias, como las empresas de arrendamiento financiero y factoraje, y constituye una base para el sector fintech.
Perfeccionar las intervenciones de política pública aplicando principios de buenas prácticas en todo el sector. Los fondos de garantía son un instrumento de política pública habitual en muchos países para ayudar a las pymes a acceder al crédito y pueden desempeñar un importante papel anticíclico en tiempos de crisis. Los «Principios para los fondos de garantía» fueron elaborados por un grupo de trabajo internacional dirigido por el Grupo Banco Mundial para ayudar a mejorar el desempeño de los fondos de garantía.
Digitalizar todos los pagos del gobierno. Pasar de los pagos en efectivo a los pagos digitales, trasladando todos los desembolsos del gobierno a plataformas digitales, impulsará el uso de cuentas digitales para transacciones empresariales y fomentará la digitalización de las cadenas de suministro. La digitalización crea un rastro de datos accesible que mejora la información crediticia, facilita decisiones crediticias inmediatas y permite garantizar préstamos con cuentas por cobrar de pagos digitales.
Reducir las barreras de entrada para prestamistas alternativos y empresas fintech. Los responsables de formular políticas deberían procurar crear condiciones equitativas para que los prestamistas no bancarios compitan con los bancos en el mercado de financiación de las pymes. Los proveedores de servicios de pago fintech y los prestamistas, como Square, Alipay de Alibaba y Amazon Marketplace Lending, tienen un gran potencial para reducir los costes de gestión del efectivo y aumentar la eficiencia de las pequeñas empresas. Otros prestamistas no bancarios más «tradicionales», como las empresas de arrendamiento financiero y factoraje, así como los prestamistas de plataformas y entre pares, también desempeñan un papel importante para cerrar la brecha crediticia, y se les debería permitir competir en el ámbito de la financiación de las pymes y alentarlos a hacerlo.
Reforzar la supervisión prudencial del sector financiero. Sin una supervisión adecuada, una expansión del crédito para las pymes podría poner en peligro la estabilidad financiera y destruir —en vez de crear— crecimiento económico. A diferencia de una simple ampliación de las cuentas bancarias básicas de los hogares, que no amenaza la estabilidad, las innovaciones tecnológicas en los mercados de pagos y crédito requieren una mejor supervisión financiera. Sin la correspondiente supervisión prudencial, cualquier beneficio derivado de ampliar la financiación a las pequeñas empresas podría verse superado por una pérdida de estabilidad.
La actual explosión de las fintech ya está provocando importantes disrupciones en todo el sector de los servicios financieros. En lo que respecta a la financiación de las pymes, esto significa que nunca ha habido un momento más oportuno para reducir por fin las desigualdades en el mercado crediticio y cerrar la brecha crediticia.
No será fácil, pero, juntos, los responsables de formular políticas y el sector privado pueden crear las condiciones necesarias para que el mercado ofrezca servicios financieros asequibles y cómodos a las pequeñas empresas.
Nuestro informe, The Future of Fintech, está disponible aquí. El Summit on the Global Agenda 2015 se celebrará en Abu Dabi del 25 al 27 de octubre
Autor: Peer Stein, director de la Práctica Global de Finanzas y Mercados del Grupo Banco Mundial. Presidente del Consejo de la Agenda Global del Foro Económico Mundial sobre el Futuro de la Financiación y el Capital.
Imagen: Un cartel de Bank Street y edificios de oficinas de gran altura aparecen en el distrito financiero de Canary Wharf, en Londres, el 21 de octubre de 2010. REUTERS/Luke MacGregor




