A todos nos ha pasado: encorvados sobre el escritorio, mirando furtivamente el reloj (y Facebook) y esperando, de algún modo, que el tiempo pase más rápido.
Odias a tu jefe.
Tu trabajo te aburre.
Tus compañeros de trabajo son irritantes.
Las horas te están matando.
Tú. Simplemente. Odias. Tu. Trabajo.
Es horrible, ¿verdad?
Así que piensas: «Si me siento tan desgraciado… debería renunciar».
Pero entonces tu mente empieza a dar vueltas siguiendo un patrón conocido: «No puedo renunciar porque el sueldo/el trayecto/las prestaciones, etc., son buenos. Tengo que quedarme».
Así que sigues atrapado.
No es un lugar agradable. Y en estas situaciones, a veces ayuda contar con un poco de orientación y algunos criterios externos para decidir si debes dejar tu trabajo y cuándo hacerlo. Así que… ¡voilà!
Cuándo deberías renunciar:
Permíteme empezar diciendo que no existe una respuesta única válida para todos a esta pregunta, pero esto es lo que sé que es cierto:
Si corres el riesgo de quemar puentes importantes con otras personas porque estás muy frustrado en el trabajo…
Si sientes que eres una persona completamente distinta de quien solías ser y no te gusta nada quien ves en el espejo…
Si preferirías hacer cualquier otra cosa antes que ir al trabajo (¡hasta ir al dentista te parece una buena idea!)…
Si te descubres anteponiendo las necesidades de los demás a las tuyas y llevas haciéndolo muchííísimo tiempo…
Entonces probablemente haya llegado el momento de seguir adelante. A veces, un trabajo o una situación pueden volverse tan tóxicos para ti que el sueldo, las prestaciones y el trayecto no compensan el hecho de que el trabajo te esté matando; nada vale eso. La mejor manera de seguir adelante (¡por supuesto!) es tener otro trabajo preparado para que la transición sea fluida.
Obviamente, esto no es una película de Disney, así que no siempre es posible.
Piensa detenidamente qué harás si presentas tu carta de renuncia y sales por la puerta. ¿Podrás mantenerte económicamente durante un tiempo? ¿Tienes ahorros o algún tipo de apoyo? ¿Cuánto tiempo puedes tomarte libre? ¿Cómo está tu red de contactos ahora mismo? ¿Tienes buenos contactos que puedan ayudarte a conseguir tu próximo trabajo?
Y…
¿Qué empeorará si te quedas?
Hay situaciones en las que tu salud o tu familia se ven tan perjudicadas por tu trabajo que necesitas seguir adelante por tu felicidad a largo plazo, aunque eso suponga dificultades económicas a corto plazo.
Consejo: Evalúa rápidamente dónde estás y qué está empeorando en tu vida (saca una hoja de papel y piensa dónde estabas hace 2 años, hace 1 año y hoy; compara qué ha cambiado para mejor y para peor) y luego decide si tu trabajo te está dejando literalmente sin fuerzas. Si no lo recuerdas bien, habla con sinceridad con un amigo y pídele que te ayude a recordar. ¿Qué cree que ha cambiado para mejor (y para peor) en el último año o los dos últimos?
Si parece que te estás hundiendo rápidamente, a menudo lo mejor que puedes hacer por ti es salir por la puerta y empezar en una situación nueva. A veces eso significa tomarte un tiempo libre; otras, aceptar CUALQUIER trabajo, con tal de que no sea el que tienes, porque algunas empresas son tan duras que no puedes pensar con claridad hasta que te marchas.
Está bien aceptar un trabajo provisional mientras aclaras todo. En el mercado actual, no pasa nada por tener uno o dos trabajos… breves… en el currículum. A todos nos ha pasado y, siempre que no sea un patrón, puedes salirte con la tuya.
Cuándo deberías quedarte
Quedarse en un mal trabajo es, a la vez, más fácil y más difícil que irse. Una forma de decidir si deberías quedarte es preguntarte lo siguiente:
1. ¿Alguna vez te entusiasmó este trabajo? Si es así, ¿puedes recuperar la motivación haciendo algo nuevo o cambiando de puesto de alguna manera?
2. ¿Estás en una situación económica tan mala que sencillamente no puedes prescindir de tu sueldo?
3. ¿Hay algo que puedas aprender que beneficie tu carrera a largo plazo y que quizá justifique quedarte en este trabajo un tiempo más? (La respuesta a esta pregunta debe ser muy concreta: ¿qué te haría quedarte?).
4. ¿Se trata simplemente de una mala racha inusual?
Si alguna de estas respuestas es afirmativa, considera quedarte (con un plan) un poco más. Algo que nos hace infelices a la mayoría es permanecer en un trabajo mucho después de que haya llegado el momento de irse, sin tomar medidas para salir ni avanzar.
Tener un plan propio te da impulso. Tienes un motivo para quedarte en un mal lugar porque sabes que sacarás algo bueno de ello (y estás trabajando para alcanzar algo aún mejor).
Así que define bien tu plan y ponte algunas fechas límite.
Por ejemplo: si tienes que quedarte por el sueldo, empieza a buscar trabajo nuevo de inmediato. Haz un plan para reactivar tu red de contactos y presentar solicitudes de empleo. Intenta hablar con alguien nuevo e investigar nuevas empresas cada semana, y lleva un registro de tus avances. Ese impulso te quitará presión en tu trabajo actual… y te dará ese rayo de esperanza que necesitabas.
Y si te quedas porque aún te queda algo por aprender y quieres llevártelo contigo, define claramente el plazo. ¿Cuál es? ¿Cuánto tiempo tienes que quedarte? ¿Cómo te ayudará eso (gestión de proyectos, formación en liderazgo, etc.)?
Consejo: En cualquier caso, tu misión ahora es abrir el calendario y reservar un tiempo para mejorar tu carrera… como tú lo definas.
Lo más importante es recordar que, aunque los días se hacen largos, ¡la vida es corta! Así que no pierdas demasiado tiempo haciendo algo que no te aporta alegría. Dedícale tiempo, en cambio, a algo que de verdad te importe para que tu vida profesional te dé más satisfacción. ¡Te lo mereces!
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autora: Christie Mims es la fundadora y directora ejecutiva de The Revolutionary Club.
Imagen: Un corredor de bolsa mira las cifras de los índices bursátiles en la pantalla de su ordenador en una empresa de corretaje de Bombay, el 6 de agosto de 2007. REUTERS/Punit Paranjpe.



