3 emprendedores comparten sus mayores errores y lo que aprendieron de ellos

Designers work at computer stations at TechShop in the South of Market neighborhood in San Francisco, California April 24, 2014. In the shadow of Internet monoliths, it's easy to forget that Silicon Valley got its start from hard-scrabble tinkerers building radios, microchips and other devices. Now, a proliferation of high-tech but affordable manufacturing tools and new sources of funding are empowering a generation of handy entrepreneurs and laying the foundation for a hardware renaissance. A growing focus on hardware and the so-called "Maker movement" is sweeping northern California and, in a smaller way, Europe and other countries. Renewed interest in tinkering with objects - versus apps or software - is attracting more money from investors and fostering a growing number of workshops, where aspiring inventors can get their hands on computerized milling machines and other high-end tools. Picture taken April 24, 2014. REUTERS/Robert Galbraith (UNITED STATES - Tags: BUSINESS SCIENCE TECHNOLOGY) - RTR3NZ5R
Even the most successful entrepreneurs failImage: REUTERS/Robert Galbraith
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Al escuchar las historias detrás de algunas de las empresas más exitosas de hoy, es fácil olvidar lo difícil que es crear y hacer crecer un negocio.

Es cierto, el mito de que hasta el 80% de las nuevas empresas fracasan en sus primeros 18 meses ha quedado totalmente desmentido. Pero es justo decir que sigue siendo bastante difícil poner en marcha un negocio, y los emprendedores que empiezan pueden estar seguros de que se enfrentarán a muchos obstáculos por el camino.

Lo que distingue a las historias de éxito de los fracasos es la capacidad de una persona para aprender de sus errores y recuperarse. Hablamos con tres emprendedores exitosos de la comunidad de Jóvenes Líderes Mundiales del Foro para averiguar cómo lo hicieron.

Rossanna Figuera, cofundadora y embajadora de Good Things, Wafels & Dinges

Durante los primeros años de mi empresa, disfrutaba de ser una «líder colaborativa» que tenía en cuenta las aportaciones de todos en varios ámbitos de la toma de decisiones. Creía que sentirse implicados contribuía a mantener alto el compromiso de los empleados.

Y entonces, un día, uno de los miembros de nuestro equipo en quien más confiábamos incumplió los protocolos de seguridad de la empresa y destruyó un equipo clave, lo que le costó a la compañía miles de dólares en ingresos perdidos y puso varios puestos de trabajo en peligro. Estaba sometida a un estrés enorme y tomé la absurda decisión de aprovechar ese momento para dar una lección a todo el equipo. Convocé una reunión de personal y pedí a todos que votaran sobre el futuro de ese miembro imprudente del equipo: ¿debíamos despedirlo o debía todo el mundo renunciar a sus bonificaciones por ventas durante los tres meses siguientes?

Tener en sus manos el futuro de uno de sus compañeros fue demasiado para mi joven equipo, sin experiencia. Durante mucho tiempo después, la moral de los empleados estuvo por los suelos, perdimos a un par de empleados valiosos y hubo que hacer un gran esfuerzo para volver a ganarnos la confianza de la gente.

Durante mucho tiempo arrastré una sensación de fracaso. También aprendí una valiosa lección: liderar implica tomar decisiones difíciles que a veces solo tú puedes tomar. Es esencial saber cuándo ha llegado ese momento. Cualquier otra cosa es irresponsable.

Rajeeb Dey, director ejecutivo y fundador, Enternships

Para mí, el fracaso es tanto un estado mental como un resultado definitivo. En parte, depende de tu objetivo. ¿Es puramente financiero —por ejemplo, salir a bolsa y convertirse en una empresa «unicornio»— o se trata de generar impacto social y crear un movimiento?

Los emprendedores son ambiciosos por naturaleza; cuando inicié mi proyecto Enternships, siendo aún estudiante de la Universidad de Oxford, me impulsaba la frustración de que no hubiera oportunidades para conocer otras empresas que no fueran las grandes corporaciones de primera línea que acudían al campus a las ferias de empleo para graduados.

Los estudiantes no sabían que había más de 4 millones de empresas emergentes y pequeñas empresas, ni que incluso podían crearse un empleo —convirtiéndose en emprendedores— en lugar de aceptar uno.

Mi visión era, por tanto, cambiar las actitudes y crear conciencia y, al hacerlo, acuñar una palabra nueva: «enternship», una pasantía emprendedora. Tenía grandes esperanzas de que acabara convirtiéndose en una palabra reconocida e incluida en los diccionarios.

¿Logré ese objetivo? No. Por tanto, podría considerarse un fracaso. Pero aun así ayudamos a más de 7.000 empresas emergentes y pequeñas empresas a conectar con talento, y ayudamos a miles de jóvenes a encontrar trabajo y a crear el suyo propio. Aunque no fue exactamente lo que esperaba al principio, creo que es algo de lo que podemos sentirnos orgullosos.

Mi principal lección es que todo ocurre por alguna razón y que, mientras trabajes al máximo y tengas las mejores intenciones (y rara vez esto está motivado por ganar la mayor cantidad de dinero), los resultados llegarán. El camino nunca es fácil y estará lleno de pruebas y dificultades, pero la satisfacción de hacer realidad tu visión no tiene precio, así que ¡disfruta del viaje!

Shivani Siroya, directora ejecutiva y fundadora, Tala

Hace años, el primer producto de puntuación crediticia alternativa de nuestra empresa era una herramienta de contabilidad e informes basada en SMS. Pasábamos semanas seguidas en nuestros mercados del África subsahariana y el Sudeste Asiático, enseñando a los propietarios de pequeñas empresas a utilizar la herramienta y basándonos en los datos que ellos mismos reportaban durante varios meses para crear nuestras puntuaciones crediticias. Después de una de esas sesiones de formación, en Kenia, un hombre llamado William parecía decepcionado. Nos dijo que la herramienta parecía muy buena y todo eso, pero quería saber: «¿Tienen una aplicación para eso?». Metió la mano en el bolsillo y sacó orgulloso su nuevo teléfono inteligente Android.

En ese momento nos dimos cuenta de que habíamos juzgado muy mal a nuestra clientela y pasado por alto la rápida adopción de los teléfonos inteligentes en nuestros mercados objetivo. Poco después, probamos una aplicación para Android que recopilaba sin fricciones datos de los teléfonos inteligentes de nuestros clientes, en vez de pedirles que los reportaran ellos mismos. Ahora podíamos crear puntuaciones crediticias en cuestión de minutos, sin necesidad de formación.

Hoy estamos desplegando este producto para facilitar el acceso a los servicios financieros en todo el mundo. No puedo decir que no habría ocurrido sin William, pero sí sé que aprendimos una valiosa lección sobre escuchar a nuestros clientes, revisar nuestros propios prejuicios y diseñar partiendo de las necesidades de las personas.

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