Cuando trabajaba en mi primer puesto directivo como director de gestión de cuentas clave en L’Oréal y estaba muy comprometido con la gestión de un negocio exigente y un equipo talentoso, diagnosticaron craneosinostosis a nuestra hija pequeña. Para evitar posibles daños cerebrales, era necesaria una operación de cabeza inmediata. Como haría cualquier padre, mi esposa y yo hablamos con médicos y expertos para encontrar el hospital y el tratamiento adecuados.
Una tarde, mientras estaba sentado allí y nuestra pequeña lloraba en su cuna mecedora, reflexionaba sobre la próxima operación y su futuro. Estaba desolado y lamentaba las largas horas que solía pasar en la oficina, los innumerables viajes de negocios que había hecho y no haber estado en casa tan a menudo como debería. Por supuesto, todo ello con las mejores intenciones: ganar dinero suficiente para vivir bien, financiar nuestra propia casa, asegurar un estilo de vida agradable y tener éxito, ser independiente y respetado.
Mi maravillosa esposa siempre ha sido muy comprensiva y solidaria. Y aunque eso alivió parte de mi sentimiento de culpa, entonces empecé a darme cuenta y a valorar el verdadero valor de las relaciones afectuosas y atentas, basadas en el amor y el respeto mutuo. Y, lo más importante, comprendí que, para proteger a nuestra familia, tendría que esforzarme siempre por pasar el mayor tiempo posible con mis seres queridos. No podía permitir que mi trabajo y mis ambiciones se apoderaran de nuestra vida personal y destruyeran nuestras relaciones y vínculos, la verdadera fuente de nuestra energía y felicidad.
Ahora, casi 15 años después, además de mi trabajo habitual en Amazon, trabajo en mi tiempo libre como coach ejecutivo para ayudar a mis clientes —en su mayoría directivos ambiciosos y muy exigentes— a afrontar retos y conflictos similares. Todos han recibido múltiples consejos, a menudo parecidos, que entienden racionalmente: pasar más tiempo con la familia y los amigos, hacer más ejercicio, aprender a evitar el estrés, a planificar las tareas, a delegar, etc. Todos son conceptos muy útiles que pueden encontrarse en varios libros excelentes.
Aun así, a muchos les cuesta encontrar un buen equilibrio e invertir suficiente tiempo en actividades ajenas al trabajo. En gran medida, porque no dedican suficiente tiempo y esfuerzo a construir relaciones duraderas que les brinden apoyo, ánimo y alivio. No existe una fórmula mágica ni una solución milagrosa para resolver este dilema, sobre todo para quienes ocupan puestos exigentes. Sin embargo, lo que puedo ofrecer es una perspectiva diferente; es decir, principios probados para desenvolverse mejor en la vida y concentrarse más en establecer relaciones valiosas y sostenibles que permitan garantizar el éxito sin arrepentimientos personales:
Ten claro qué quieres lograr en la vida. ¿Por qué quieres que te conozcan y te recuerden cuando hayas fallecido? ¿Quieres dejar una gran cuenta bancaria a tus descendientes o que te recuerden como un padre, una pareja, un amigo o un mentor cariñoso y afectuoso?
Sé realista con el trabajo. Está bien trabajar duro si te gusta y te satisface. Al mismo tiempo, debes reconocer que no puedes hacerlo todo. De lo contrario, es probable que los resultados te perjudiquen personalmente y tampoco sean lo mejor para la empresa.
No busques la perfección. La humanidad no es perfecta. Tú no eres perfecto. Tu familia, tus amigos y tus colegas tienen defectos y cometen errores. ¡Y eso está bien! Reconoce que, de vez en cuando, tú y los demás no alcanzan los objetivos. No te exijas ni exijas a los demás estándares ridículamente altos. En cambio, aspira a la mejora continua.
Olvídate del equilibrio entre el trabajo y la vida personal. Más vale que empieces a replantearte esa idea. El trabajo y la vida están irremediablemente interrelacionados. Encuentra maneras inteligentes de integrar ambos de forma eficiente y eficaz. No malgastes energía intentando separarlos rigurosamente.
Vive el presente y estate presente. Cuando estés con tus seres queridos y amigos, préstales toda tu atención y mantente presente con todos tus sentidos. Dedícate solo a ellos. Apaga los dispositivos y deja de lado los pensamientos relacionados con el trabajo. Practica la atención plena.
Está dispuesto a dar, compartir y apoyar. Y no solo a tomar o recibir. Escucha más de lo que hablas. Intenta escuchar con algo más que los dos oídos. Disfruta siendo alguien en quien los demás puedan apoyarse para reflexionar. Sé proactivo y conviértete en un recurso útil.
Reconoce tus errores. Discúlpate por ellos y presenta un plan para retomar el rumbo. Está bien no saberlo todo y no intentar ser demasiado profesional. Sé auténtico, humano y vulnerable. Eso hace que los demás se sientan cómodos contigo y te aprecien.
Sé tolerante y aprende a apreciar a las personas. No puedes amar a todo el mundo, pero puedes aprender a apreciar a los demás. En especial, a quienes son diferentes de ti: mantente dispuesto a abrir la mente a otras opiniones y al cambio. Y sé generoso y dispuesto a perdonar.
Hazlo personal. Valora a los demás. No te elogies a ti mismo. En cambio, no olvides nunca quién te ha ayudado a llegar adonde estás. Expresa tu agradecimiento y gratitud tan a menudo como sea posible a tus amigos, colegas, socios comerciales, clientes y consumidores.
Sé transparente y fomenta las críticas constructivas y los comentarios sinceros. Ten el valor de opinar y sugerir mejoras siempre que te parezca oportuno.
Cumple lo que dices. Cuando digas que vas a hacer algo, hazlo. Cumple los plazos. Sé siempre un socio fiable. Así eliminarás las (malas) sorpresas. Eso genera confianza.
Establece un sistema sencillo, sin complicaciones para asegurarte de que te comunicas con tus contactos con cierta regularidad. A veces quizá solo se trate de escribir un correo breve. Tal vez incluso una frase o un SMS corto. No hay motivo para tener que escribir una carta de dos páginas para mantener el contacto con alguien.
Cuídate. Solo si estás feliz, satisfecho y en sintonía contigo mismo podrás establecer relaciones sinceras y que funcionen bien. Dedica tiempo suficiente a lo que te da esa sensación especial: hacer deporte, tomar algo con antiguos compañeros de universidad, disfrutar de un spa relajante o de un tratamiento de belleza, leer un buen libro, etc.
No te tomes demasiado en serio. Eres reemplazable. Yo también, y todos nosotros. Disfruta y demuestra a quienes te rodean que sabes divertirte. Sonríe: solo hacen falta unos pocos músculos. ¡El humor —incluida la capacidad de reírse de uno mismo— es un gran maestro!
Una vida feliz y plena se consigue estando dispuesto a trabajar con diligencia para construir relaciones mutuamente beneficiosas: con la familia, los amigos, los colegas y los socios comerciales. Sin ellas, es imposible tener éxito sin arrepentimientos.
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Andreas von der Heydt es director de Kindle en Amazon.
Imagen: el presidente suizo Samuel Schmid (R) y el secretario general de la ONU, Kofi Annan (R), se estrechan la mano. UNICS REUTERS/Pascal Lauener



