Necesitamos diseñar las ciudades como los expertos en animales diseñan los zoológicos. He aquí por qué

Giraffes peer out of their enclosure during a preview of Taronga Zoo's inaugural contribution to the Vivid Sydney light festival, the annual interactive light installation and projection event around Sydney, May 24, 2016. REUTERS/Jason Reed - RTSFOL8
If we want to be a nation of lean, mean and healthy citizens we need to learn from zoos and the animals that live in them.Image: REUTERS/Jason Reed
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Nos dicen que somos una nación de sedentarios, sin la voluntad ni la fuerza necesarias para dar un giro a la epidemia de obesidad. Todos necesitamos un poco de ayuda en nuestra búsqueda de una vida más saludable, y el diseño puede desempeñar un papel crucial. Si diseñáramos nuestros pueblos, ciudades, hogares y lugares de trabajo más como los expertos en animales diseñan los zoológicos, estaríamos un paso más cerca de alcanzar nuestros objetivos de forma física, siempre que podamos divertirnos un poco por el camino.

Se ha informado de que los británicos serán los más obesos de Europa en 2025 y de que, si queremos revertir esta situación, debemos llevar un estilo de vida más saludable haciendo más ejercicio y comiendo menos. Sin embargo, a menudo nos hacen sentir culpables por no seguir estos planes de vida saludable. Yo sugeriría que, antes de empezar a culpar a la gente por adoptar estilos de vida sedentarios, deberíamos dar un paso atrás y analizar el diseño de los entornos, pueblos y ciudades en los que vivimos.

El vínculo entre el diseño del entorno construido y el natural y su papel en nuestra salud y bienestar se ha estudiado ampliamente. Ahora, nuevas investigaciones, dirigidas por la Universidad de Lancaster y centradas en el «diseño para la salud», sugieren que el entorno —incluidos los edificios, las ciudades, los espacios urbanos y las infraestructuras de transporte— está estrechamente vinculado a los estilos de vida que adoptamos.

Está muy claro que, al dar forma a nuestro entorno, este también nos da forma a nosotros. Se ven afectados nuestro estado psicológico, fisiológico y físico, así como nuestras interacciones con otras personas y con el entorno natural. Uno de los principales retos que afrontan los gobiernos y los responsables de formular políticas de todo el mundo es cómo configurar el entorno construido y las infraestructuras para favorecer comportamientos más saludables y prevenir enfermedades.

En primer lugar, deberíamos dejar de centrarnos en métodos que dicen a la gente qué hacer (o qué no hacer) y que intentan cambiar su comportamiento simplemente mediante campañas en los medios de comunicación y medidas punitivas, como los impuestos. Al intentar reducir los obstáculos que impiden adoptar comportamientos saludables, deberíamos asegurarnos de tener en cuenta el diseño de los nuevos entornos.

Tomar los zoológicos como referencia

Un buen modelo sería observar cómo se diseñan los zoológicos. Antes de construir un zoológico, es habitual que zoólogos, biólogos, psicólogos especializados en animales, nutricionistas, arquitectos, diseñadores y arquitectos paisajistas colaboren estrechamente para crear un entorno que optimice las condiciones de vida de los animales.

Se tienen en cuenta elementos ambientales importantes, como la vegetación, el hábitat, la iluminación, los materiales y las necesidades de cada animal. El objetivo final es diseñar un entorno que favorezca plenamente el bienestar físico, psicológico y social de los animales. Irónicamente, no parece que exijamos lo mismo cuando se planifica y diseña un pueblo, un barrio o un lugar de trabajo para las personas.

Otra oportunidad que ha surgido recientemente es la iniciativa del NHS para crear nuevos pueblos saludables. Su objetivo es replantearnos radicalmente cómo vivimos y adoptar una perspectiva ambiciosa para mejorar la salud mediante el entorno construido. Se construirán diez pueblos de demostración en Inglaterra, centrados principalmente en la salud y el bienestar de la comunidad. Profesionales clínicos, diseñadores y expertos en tecnología volverán a imaginar cómo prestar servicios de salud en estos lugares. Aunque es un paso en la dirección correcta, por ahora falta el enfoque más integral que hemos visto en el diseño de los zoológicos.

Un elemento crucial para diseñar estos pueblos como lugares donde la gente quiera vivir es incluir a los miembros de la comunidad en su creación. Esta estrategia ayudaría a incorporar desde el diseño comportamientos que promueven la salud, como el acceso a establecimientos de comida saludable o a espacios verdes donde la gente pueda caminar y hacer ejercicio.

Apostar por el juego

El diseño lúdico —la adaptación de experiencias de juego y juguetes a otros contextos ajenos al juego— puede desempeñar aquí un papel importante al invitar y animar a la gente a optar por alternativas más saludables. Por ejemplo, el proyecto de las escaleras piano de Estocolmo, que convierte las escaleras del metro en un enorme teclado de piano funcional —muy parecido al piano que hizo famoso la película Big (1988), protagonizada por Tom Hanks—, ofrece grandes posibilidades. Anima a los viajeros a elegir la intrigante nueva escalera en lugar de las escaleras mecánicas y a disfrutar haciendo movimientos musicales mientras suben y bajan.

Un proyecto en los Países Bajos, por su parte, muestra cómo el mobiliario urbano cotidiano, como farolas, bancos y bolardos, puede convertirse a bajo costo en aparatos improvisados para hacer ejercicio, invitando a la gente a realizar actividad física informal y a relacionarse con sus vecinos. Así, podríamos imaginar muchos otros contextos en los que el juego transforme las actividades cotidianas más rutinarias en experiencias divertidas que animen a la gente a llevar una vida más activa y social.

Podríamos convertir las paredes de los edificios en paredes de actividad para animar a estirar brazos y piernas mediante el tacto; rediseñar plazas y pasarelas para convertirlas en pistas de baile interactivas que inviten al movimiento y nos guíen por la ciudad; y transformar los espacios de trabajo y los lugares públicos en «zonas de juego» que impulsen el movimiento y la productividad y reduzcan el letargo.

Así de sencillo. Si queremos ser una nación de ciudadanos sanos, esbeltos y fuertes, tenemos que aprender de los zoológicos y de los animales que viven en ellos. También debemos apostar por el juego y disfrutar del lugar donde vivimos. De ese modo, podremos afrontar la vida a saltos y brincos.

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