Cómo las ciudades pueden liderar la respuesta a las crisis globales

General view of Bogota, Colombia September 3, 2017. REUTERS/Henry Romero - RC1845606130
Data-led policy reduced murder rates in Bogota, Colombia. What can cities learn from each other?Image: REUTERS/Henry Romero
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En septiembre, el ministro del Interior de Francia anunció que dejaba su cargo para participar en las elecciones a la alcaldía de Lyon, la tercera ciudad más grande del país. Otros ejemplos de esta tendencia son Andy Burnham, quien dejó su cargo como diputado del Reino Unido para convertirse en alcalde del Gran Manchester.

¿Pero deberían considerarse estos cambios de carrera como un ascenso y no como un descenso? Cuestiones como el cambio climático, la migración, la seguridad urbana y la salud pública son impulsadas en primera línea por el liderazgo de las ciudades.

Sin embargo, esta agenda orientada a la acción suele quedar ahogada por el ruido de las políticas nacionales. En consecuencia, han surgido numerosas redes de ciudades que ofrecen una plataforma para que las ciudades se reúnan y así ganen impulso y visibilidad.

El Parlamento Mundial de Alcaldes (GPM, por sus siglas en inglés) es un ejemplo de una de estas iniciativas. Su visión es crear una plataforma de gobernanza global en la que los alcaldes del Norte y del Sur Global puedan reunirse para compartir buenas prácticas y votar compromisos específicos en los que deseen centrarse, aprovechando su poder colectivo. Tras casi una década de preparación, la primera votación tuvo lugar en octubre de 2018 en Bristol, Reino Unido. Ochenta alcaldes crearon lo que hoy se conoce como Declaración de Bristol que se centra en tres temas: migración, seguridad urbana y salud.

Los compromisos incluyen fomentar la seguridad urbana mediante una mayor participación ciudadana y una mayor colaboración con el sector privado en alianzas innovadoras para mejorar las prácticas sanitarias. Además, Marvin Rees, alcalde de Bristol y copresidente del Comité Ejecutivo del GPM, lo describió como un “momento decisivo”, por ser el “primer compromiso público masivo de alcaldes para aplicar el Pacto Mundial para la Migración y el Pacto Mundial sobre los Refugiados”.

Es acertado que estos tres temas se hayan elegido, dada la creciente evidencia de que la colaboración entre ciudades ha sido muy eficaz para abordar estos desafíos. Esto se debe, con frecuencia, a los efectos agravantes de la urbanización en estas cuestiones, que generan un mayor impulso para que las ciudades actúen.

Seguridad urbana

Por ejemplo, la mayoría de los homicidios se producen en zonas urbanas. Además, las ciudades que experimentarán el mayor crecimiento se ven amenazadas por un aumento de las tasas de homicidio. Por tanto, abordar la epidemia de violencia desde una perspectiva urbana puede salvar potencialmente millones de vidas.

Así lo demuestra Cali (Colombia), donde el alcalde, Dr. Rodrigo Guerrero, impulsó DESEPAZ, una política basada en datos que redujo a la mitad las tasas de homicidio, de 126 por cada 100 000 habitantes a 56 entre 1992 y 2014. Sin embargo, su mayor logro ha sido inspirar a otras ciudades colombianas, como Bogotá y Medellín, a analizar la violencia urbana como una enfermedad. En Medellín, las intervenciones, financiadas en parte por ciudades del Norte Global, dieron lugar a una reducción de las tasas de homicidio de 266 por cada 100 000 habitantes en 1991 a 30 en 2015.

Este ejemplo colombiano pone de relieve la importancia de las redes de ciudades para compartir buenas prácticas. Entre las redes que han logrado esto a nivel internacional se encuentran la Strong Cities Network, que tiene como objetivo compartir las buenas prácticas adoptadas por las ciudades para combatir el extremismo; y el Programa de Ciudades Más Seguras de ONU-Hábitat que ha adquirido una experiencia considerable al apoyar a más de 70 ciudades en la lucha contra la delincuencia urbana durante más de 20 años.

Salud

Las ciudades, debido a su mayor densidad de población, también tienen un efecto agravante sobre la salud. Ejercen presión sobre los recursos, lo que provoca problemas como viviendas precarias, desnutrición o una mayor vulnerabilidad a las epidemias. Los efectos de la urbanización sobre la salud son tan graves que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la identificó como un desafío crítico para la salud pública en el siglo XXI.

Como resultado, la OMS creó la Red de Ciudades Saludables. Durante los 30 años de existencia de la red, esta ha fortalecido la gobernanza de más de 1 400 municipios mediante el apoyo político y técnico, así como el desarrollo de capacidades.

Además, la red ha estandarizado la evaluación de la salud de los ciudadanos mediante el desarrollo de los Indicadores de Ciudades Saludables (HCI, por sus siglas en inglés). Esto permite que las ciudades dispongan de un referente universal con el que compararse, lo que ha conducido a políticas sanitarias más basadas en la evidencia. La red también facilita que las ciudades más pequeñas accedan más fácilmente a proyectos conjuntos con otras ciudades, lo que a su vez se ha traducido en una mayor financiación de instituciones como la Unión Europea mediante el programa URBACT.

Migración

Como señala el informe del Foro Económico Mundial sobre Migraciones y su impacto en las ciudades identifica que la migración también está muy influida por la urbanización ya que el 92 % de los inmigrantes en Estados Unidos vive en zonas urbanas; esta proporción asciende al 95 % en el Reino Unido y Canadá y al 99 % en Australia.

Ciudades con la mayor proporción de población nacida en el extranjero (en %)Image: Migraciones y su impacto en las ciudades, Foro Económico Mundial

En 2017, la Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos determinó que, aunque los inmigrantes de primera generación representan un coste mayor para los gobiernos en comparación con los nacidos en el país, la “segunda generación se cuenta entre los principales contribuyentes fiscales y económicos de Estados Unidos”. En conjunto, el impacto económico a largo plazo de los migrantes ha sido, por tanto, positivo en Estados Unidos. Pero los migrantes no son solo motores del crecimiento económico de las ciudades: en lo social, la migración también puede tener un efecto positivo al aumentar la diversidad, que, si se integra adecuadamente, incrementará la tolerancia.

Ese mismo año, la administración de la Casa Blanca anunció que se retiraría del Pacto Mundial para la Migración, el primer compromiso acordado internacionalmente para mejorar la cooperación en materia de migración internacional. En respuesta, ciudades como Los Ángeles, Nueva York y Chicago, así como París, Milán y Amán, intervinieron y firmaron una carta para reclamar la participación de las autoridades municipales en las negociaciones del Pacto Mundial para la Migración. Su argumento es que, debido a las decisiones adoptadas a nivel nacional, el éxito de las políticas de inclusión de los migrantes depende ahora aún más de los recursos y la voluntad de cada ciudad.

Sin embargo, referirse a las ciudades como la primera línea de la inclusión de los migrantes solo contempla una cara del desafío. Las ciudades también son esenciales para reducir la fuga de cerebros a la que se enfrentan las llamadas “ciudades de origen”. Como señaló Yvonne Aki Sawyerr, alcaldesa de Freetown (Sierra Leona), durante la Cumbre del GPM, también hay que considerar el impacto que la emigración tiene en las ciudades de origen. Suelen ser personas jóvenes y emprendedoras las que se marchan con la esperanza de un futuro mejor. Esto genera un círculo vicioso, ya que la fuga de talento de la economía reduce las oportunidades que se crean a nivel local, lo que aumenta el incentivo para que el talento se vaya.

Por ello, es necesario crear una alianza entre las ciudades de origen y las de destino, para compartir los beneficios y desafíos de la migración; por ejemplo, una coalición de ciudades dispuestas a colaborar en el marco del Pacto Mundial para la Migración.

Día Mundial de las Ciudades

Este artículo se publicó el Día Mundial de las Ciudades, creado para promover la cooperación entre los Estados miembros de la ONU en cuestiones relacionadas con la urbanización. Los debates a nivel nacional sobre cómo los cambios en la población afectarán a las políticas son sin duda importantes, pero la iniciativa apenas aborda el papel de las propias ciudades para hacer frente a estos desafíos.

Los ejemplos presentados en este artículo subrayan la creciente importancia de un liderazgo municipal sólido para afrontar estos desafíos universales. Si queremos aprovechar este impulso, son fundamentales plataformas como el GPM, que capitalizan las colaboraciones entre ciudades: solo cuando se reúnan, las ciudades tendrán la presencia que merecen en el escenario mundial.

Por tanto, el Día Mundial de las Ciudades debería servir no solo como una oportunidad para que los gobiernos nacionales expongan cómo gestionan la urbanización, sino también como plataforma para defender la importancia de involucrar a las redes de ciudades en la toma de decisiones nacionales e internacionales.

Los autores desean agradecer a Peter MacPhail, director gerente de Aspen Partnerships, su inestimable apoyo en la redacción de este artículo.

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