He aquí por qué el diseño urbano puede hacer que la gente use menos los espacios públicos

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  • El diseño urbano suele presentarse como una forma de mejorar la vida cotidiana de las personas y renovar los espacios públicos.

  • Elementos del mobiliario urbano, como señales, bancos y jardineras, buscan aumentar la interacción social, reforzar la seguridad y mejorar la accesibilidad.

  • Sin embargo, algunas investigaciones muestran que las campañas de embellecimiento pueden hacer que los espacios urbanos públicos se vuelvan más excluyentes y que menos personas estén dispuestas a utilizarlos.

Las campañas de embellecimiento urbano suelen presentarse a los residentes locales como una forma de mejorar su vida cotidiana. Se utilizan elementos de diseño —desde sistemas de iluminación hasta señales, bancos, bolardos, fuentes y jardineras, y a veces incluso equipos de vigilancia— para renovar y embellecer los espacios públicos.

Los diseñadores se refieren a estos elementos como «mobiliario urbano». Los proyectos en los que se utilizan suelen tener como objetivo aumentar la interacción social, reforzar la seguridad, mejorar la accesibilidad y, en general, hacer que la vida en la ciudad sea mejor.

Algunas investigaciones sostienen, sin embargo, que esas campañas de embellecimiento pueden hacer que los espacios urbanos públicos se vuelvan más excluyentes. Pese a las promesas con las que se promocionan, si estos proyectos ignoran las necesidades de la población local, sus integrantes pueden sentirse menos capaces o menos dispuestos a utilizar esos espacios públicos.

El diseño de los espacios públicos de las ciudades tiene efectos duraderos en la forma en que los usamos o habitamos.Image: Shutterstock

El impacto del diseño urbano en los espacios públicos

Las ciudades no se definen solo por sus monumentos o edificios emblemáticos. Basta con observar lo que hace la gente en público para distinguir Nueva York de Palermo. En una escena neoyorquina es más probable ver a alguien comiendo un burrito mientras va en monopatín, mientras que una imagen de Palermo podría mostrar a un grupo de hombres en una calle viendo un partido de fútbol en la televisión a través del escaparate de una tienda.

El espacio urbano es donde los niños de la ciudad aprenden y juegan, los estudiantes leen y la gente trabaja, pasea y descansa. La cultura urbana de cada ciudad se crea a través de estas distintas actividades.

El aspecto de los espacios urbanos depende del diseño urbano, una herramienta poderosa.

Los arquitectos y diseñadores de infraestructuras y espacios configuran cuidadosamente el entorno construido —el tejido construido de nuestras ciudades—, lo que tiene un efecto duradero en la forma en que los usamos o habitamos.

En ciudades de todo el mundo —de Argel, Auckland y Chicago a Hanói, Ciudad de México y Seúl—, las investigaciones muestran que transformar los espacios públicos afecta de forma notable a la diversidad de actividades que la gente realiza en ellos y a si los utiliza.

En Argel, la capital argelina, los barrios se diseñaron oficialmente en la década de 1970 siguiendo un estilo modernista rígido. Elementos de diseño como los árboles que daban sombra, los bancos y el alumbrado nocturno hacían que la gente se sintiera cómoda realizando actividades como jugar a las cartas o reunirse para conversar; sin embargo, los enormes edificios, las calles anchas y los grandes espacios también hacían que se sintiera insegura y desorientada. Además, el terreno se ajardinó de una forma homogénea, característica de otras grandes ciudades como Los Ángeles, Auckland y Sídney. Estos diseños a gran escala y sin tener en cuenta el contexto también se han relacionado con conductas antisociales.

Las investigaciones muestran que transformar los espacios públicos afecta de forma notable a la diversidad de actividades que la gente realiza en ellos y a si los utiliza.Image: Diego Grandi/Alamy Stock Photo

Las investigaciones realizadas en el histórico barrio del parque Alameda Central de Ciudad de México destacan patrones similares de exclusión causados por la remodelación del barrio.

Tras la transformación de la zona en 2013, se produjo un notable descenso en la diversidad de actividades que se realizaban allí (reuniones familiares y religiosas, arte callejero, música y vendedores informales). En cambio, ahora la ley da prioridad a la actividad turística por encima de las necesidades cotidianas de la población local y permite a las autoridades aplicar una política de tolerancia cero ante cualquier cosa que se considere perturbadora. Los vendedores se han vuelto nómadas: recogen sus cosas y se esconden en cuanto la policía está cerca.

En la zona de Cheonggyecheon-Euljiro de Seúl, Corea del Sur, la reurbanización llevó al derribo de talleres de 50 años de antigüedad. Esto ha puesto en peligro los valores históricos y culturales de la población local y ha alterado las redes sociales.

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Cómo se crean las ciudades de forma colectiva

En su libro de 1968, El derecho a la ciudad, el filósofo y sociólogo marxista francés Henri Lefebvre describió la ciudad como un espacio creado colectivamente. Frente a la definición más capitalista, según la cual el espacio urbano es una mercancía que se compra y se vende, Lefebvre lo concebía como un lugar de encuentro donde los ciudadanos construían juntos la vida urbana.

En los últimos años, se ha cuestionado cada vez más la idea de que el espacio público es un bien común que pertenece a todos, con el auge de los espacios públicos de propiedad privada. La mayoría de los parques de Londres (unos 42 kilómetros cuadrados de zonas verdes en total) pertenecen a la Corporación de la City de Londres, el organismo municipal que gobierna la City de Londres; sin embargo, cada vez más plazas de los nuevos desarrollos son propiedad de empresas.

En los últimos años, se ha cuestionado cada vez más la idea de que el espacio público es un bien común que pertenece a todos.Image: UrbanImages / Alamy Stock Photo

Desde hace mucho, los teóricos del urbanismo señalan la conexión entre el diseño de una ciudad y la forma en que se desarrolla la vida en ella. La académica estadounidense Jane Jacobs es conocida por destacar que las ciudades fracasan cuando no se diseñan para todos. La obra del arquitecto danés Jan Gehl se ha centrado de forma constante en lo que él llamó «la vida entre los edificios».

Como Gehl ha explicado, para que una ciudad sea buena para sus residentes, quienes se encargan de diseñarla deben ser conscientes de cómo se utiliza: qué hace la gente en sus espacios. Para tener éxito, el diseño urbano debe centrarse en la vida cotidiana de las personas y responder a ella. Gehl ha explicado que diseñar una ciudad para los peatones —a una escala que permita recorrerla a pie— es la forma de hacerla saludable, sostenible, animada y atractiva.

Cuando usamos los espacios públicos, aunque sea por poco tiempo, en la práctica nos apropiamos de ellos: los diseñadores urbanos y los arquitectos hablan de la «apropiación temporal» para describir las actividades individuales o grupales con las que hacemos nuestros esos espacios.

Las investigaciones también han destacado el carácter democrático de este proceso. Pero depende de que esos espacios se diseñen junto con los residentes. En cambio, cuando un espacio público se diseña en exceso sin tener en cuenta las necesidades de la gente, no se utiliza.

Desde la década de 1970, los teóricos del urbanismo han señalado que solo utilizamos los espacios públicos en los que nos sentimos representados. Para que el diseño urbano funcione, es fundamental prestar atención a lo que realmente piensa la población local sobre su ciudad.

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