Es posible que hayamos entendido mal la relación entre las ciudades y el crecimiento económico

A man stands in the middle of Grand Central Terminal as he speaks on a cell phone, as passengers face limited train service on the New Haven Line between Stamford Station and Grand Central Terminal due to a Con Edison power problem in New York, September 25, 2013. REUTERS/Zoran Milich (UNITED STATES - Tags: TRANSPORT ENERGY TPX IMAGES OF THE DAY)
Urban concentration could spur economic growthImage: REUTERS/Zoran Milich
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Por lo general, se considera que la concentración urbana impulsa un mayor crecimiento económico nacional. Este artículo cuestiona esa idea mediante un conjunto de datos original que abarca 68 países durante las últimas tres décadas. En promedio, los niveles de concentración urbana han disminuido o se han mantenido estables, aunque estos promedios ocultan tendencias muy divergentes entre países. Si bien la concentración ha sido beneficiosa para los países de ingreso alto, no ha ocurrido lo mismo en los países en desarrollo.

¿La concentración urbana impulsa el crecimiento económico? Según las ideas dominantes, se considera que la concentración urbana genera una amplia variedad de beneficios. Se la vincula con reducciones de la pobreza (Sekkat 2017), la contaminación (Makido et al. 2012) y la desigualdad (Castells-Quintana y Royuela 2015, Oyvat 2016), pero, de forma más sistemática, con la formación de economías de aglomeración y el aumento de la productividad, que a su vez impulsan un mayor crecimiento económico nacional (para un análisis general, véase Martin 2008). Con frecuencia se considera que las estructuras urbanas más concentradas —en particular, en niveles bajos de desarrollo— favorecen el crecimiento (Brülhart y Sbergami 2009, Henderson 2003, Banco Mundial 2009).

Sin embargo, esta percepción podría sustentarse sobre bases poco firmes. Dos factores apuntan en esa dirección. En primer lugar, hay poca información sobre cómo ha evolucionado la concentración urbana en distintos países del mundo. La mayoría de los estudios sobre el tema analizan qué determina la distribución del tamaño de las ciudades dentro de cada país (Anthony 2014). Los pocos que analizan los patrones son transversales (p. ej., Short y Pinet‐Peralta 2009) o se centran en un país o región específicos (p. ej., Aroca y Atienza 2016, Behrens y Bala 2013). En segundo lugar, se utilizan los niveles de primacía urbana —es decir, la concentración de la población urbana de un país en su ciudad más grande (Anthony 2014, Behrens y Bala 2013, Henderson 2003) o la proporción de la población urbana que vive en ciudades por encima de cierto umbral de tamaño (Brülhart y Sbergami 2009, Sekkat 2017)—, pero son indicadores deficientes de la concentración urbana.

En un artículo reciente, abordamos estas deficiencias en el estudio de la relación al reunir un conjunto de datos completamente nuevo —que permite construir indicadores más matizados de concentración urbana para un gran número de países— y examinar cómo evolucionó el nivel de concentración urbana entre 1985 y 2010 en un amplio grupo de países (Frick y Rodríguez-Pose 2018). A continuación, analizamos cómo afectaron al crecimiento económico los cambios en la concentración urbana durante el mismo período, prestando especial atención a las diferencias de impacto entre los países desarrollados y los países en desarrollo.

Poner a prueba el vínculo entre el tamaño de las ciudades y el crecimiento económico

A partir de los datos censales de cada país disponibles en citypopulation.de, complementados con información de la edición de 2014 de World Urbanization Prospects (Naciones Unidas 2014), elaboramos desde cero un nuevo conjunto de datos sobre la población de las ciudades. El conjunto abarca 68 países durante el período de 1985 a 2010. Con estos datos, construimos tres índices Herfindahl-Hirschman (HHI) distintos para medir la aglomeración urbana. El primero (HHI50) incluye todas las ciudades de un país con 50.000 habitantes o más; el segundo (HHI100), todas las ciudades con 100.000 habitantes o más; y el último (HHIrank) incluye las 25 ciudades más grandes, independientemente de su tamaño. Estos índices se utilizan para analizar la evolución de la concentración urbana entre 1985 y 2010.

Figura 1. Evolución de la concentración urbana en los países desarrollados y en desarrollo, 1985-2010

La figura 1 muestra los promedios de los distintos HHI, con la muestra dividida entre países desarrollados y en desarrollo. De ahí se desprenden tres conclusiones.

  • En primer lugar, las estructuras urbanas de los países desarrollados están mucho menos concentradas que las de los países en desarrollo. La diferencia es especialmente marcada en los indicadores HHI50 y HHI100, pese a la considerable disminución de la concentración urbana en los países en desarrollo durante las últimas tres décadas.

  • En segundo lugar, los niveles medios de concentración se han mantenido relativamente estables en los países desarrollados, pero han cambiado drásticamente en los países en desarrollo. Aunque los niveles medios de HHI50 y HHI100 en los países en desarrollo eran superiores a los de los países desarrollados, disminuyeron bruscamente en los primeros (de 0,36 a 0,28 y de 0,48 a 0,36, respectivamente), lo que apunta a una menor concentración de la población urbana. Este cambio se debe a los rápidos procesos de urbanización en el mundo emergente. El número de personas que vivían en ciudades se duplicó en los países de ingreso mediano entre 1985 y 2010, y casi se triplicó en los países menos adelantados. Esto dio lugar al surgimiento de nuevas ciudades y al rápido crecimiento de la población urbana en todos los rangos de tamaño de las ciudades.

  • Por último, los indicadores difieren en su evolución. Los promedios de HHI50 y HHI100 disminuyeron —aunque a ritmos distintos— tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, lo que apunta a menores niveles de concentración. En cambio, el promedio del indicador HHIrank se mantuvo estable en ambos grupos de países.

En ambos grupos de países se observa una heterogeneidad considerable. La figura 2 muestra el porcentaje de países desarrollados y en desarrollo en los que los distintos indicadores reflejaron una concentración urbana decreciente, estable o creciente. En los países desarrollados, la concentración urbana presentó una diversidad considerable. Aun así, según HHI50 y HHI100, en 2010 más países tenían estructuras urbanas menos concentradas que en 1985. Sin embargo, HHIrank indica que casi cuatro de cada diez países desarrollados tenían estructuras urbanas más concentradas en 2010 que en 1985. Solo tres de cada diez presentaban una menor concentración.

Figura 2 Evolución de la concentración urbana en los países desarrollados y en desarrollo, 1985-2010

Image: vox

Entre los países en desarrollo, el panorama es más homogéneo. Impulsada por el aumento de las tasas de urbanización y el crecimiento general del tamaño de las ciudades, una abrumadora mayoría de los países experimentó una menor concentración durante el período analizado (según las mediciones de HHI50 y HHI100). La disminución de la concentración urbana fue más marcada en América Latina. En cambio, muchos países asiáticos registraron niveles crecientes de concentración urbana. Uno de cada dos países asiáticos presenta hoy una mayor concentración que en 1985. En África, el panorama varía mucho según el indicador elegido.

Concentración urbana y crecimiento económico

¿Cómo han afectado al crecimiento económico los cambios en la concentración urbana a escala nacional? El análisis del vínculo entre la concentración urbana y el crecimiento económico sugiere que, en contra de la visión dominante, no existe una relación uniforme entre ambos factores. La concentración urbana ha sido beneficiosa para el crecimiento económico en los países de ingreso alto, pero este efecto —en consonancia con Pholo-Bala (2009) y Castells-Quintana (2017)— no se observa en los países en desarrollo. Esto contrasta con algunos de los estudios previos más destacados (p. ej., Bertinelli y Strobl 2007, Brülhart y Sbergami 2009, Henderson 2003), y en particular con los que señalaron un efecto especialmente importante en niveles bajos de desarrollo económico. En los niveles más bajos de desarrollo económico, la concentración urbana parece estar totalmente desvinculada del desempeño económico de un país. Los altos niveles persistentes de concentración urbana han ido de la mano de un tamaño cada vez mayor de las ciudades en los países en desarrollo. Mientras que el tamaño medio de la ciudad más grande de cada país creció alrededor de un 20 % entre 1985 y 2010 en los países desarrollados, el tamaño de la ciudad más grande de un país en desarrollo determinado se más que duplicó en el mismo período, al pasar de un promedio de 1,8 millones a 4 millones de habitantes (cifras basadas en Naciones Unidas 2014). El crecimiento relativo del tamaño de las ciudades en los países en desarrollo fue similar durante el período de 1960 a 1985 (de un promedio de 0,85 millones a 1,8 millones), pero tanto los aumentos absolutos como los niveles fueron mucho mayores en el período posterior. Esta evolución puede dar lugar a que prevalezcan las deseconomías de escala urbanas —congestión, contaminación y aparición de grandes barrios marginales—, así como otras deseconomías, como la desigualdad y los conflictos sociales y políticos (Rodríguez-Pose 2018). Por tanto, las deseconomías urbanas pueden socavar en gran medida cualquier efecto positivo derivado de la concentración de la actividad económica.

¿Qué implicaciones tienen estos resultados para los responsables de formular políticas que deben decidir si promueven una mayor aglomeración o estimulan el desarrollo fuera de las principales zonas urbanas?

Como ocurre con la mayoría de las preguntas, no hay una respuesta sencilla. Por un lado, los resultados muestran que, pese a la disminución de los niveles de concentración urbana en muchos países en desarrollo, la concentración urbana sigue siendo alta y sus niveles aumentaron en muchos países. Por tanto, es posible que la concentración urbana no se corrija por sí sola a medida que avanza el desarrollo económico, como suele plantearse. Además, el análisis refuta la idea predominante de que una estructura urbana más concentrada es la mejor para el crecimiento económico, especialmente en niveles bajos de desarrollo económico (p. ej., Banco Mundial 2009). Aunque no puede deducirse una relación uniforme, los resultados muestran que es probable que muchos países del mundo en desarrollo sufran más por la congestión generada por el aumento de la concentración de lo que se benefician de ella. Por ello, desde el punto de vista económico, sería beneficioso promover el desarrollo fuera de las principales zonas urbanas.

Por otro lado, los países desarrollados que cuentan con la infraestructura urbana adecuada y con economías cuyas industrias se benefician mucho de las economías de aglomeración demuestran que ciertos países sí pueden beneficiarse de la concentración urbana. Esto sugiere que las recomendaciones generales de política podrían ser desacertadas y que convendría realizar investigaciones más específicas y centradas en cada país para diseñar políticas que impulsen y aprovechen al máximo el potencial económico de las ciudades y la aglomeración urbana en cada caso.

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