El turismo cultural e histórico representa el 40% de todo el turismo en todo el mundo.
El 73% de los millennials afirma estar interesado en lugares culturales e históricos.
Proteger la cultura y el patrimonio locales exige un plan sólido para mitigar los impactos negativos y políticas que garanticen que la prosperidad se comparta.
El turismo cultural y patrimonial tiene el potencial de crear oportunidades de empleo significativas y estimular la transformación económica.
Sin embargo, las comunidades de todo el mundo a menudo se enfrentan a los desafíos que plantea el atractivo magnético de los sitios patrimoniales y la promesa de prosperidad económica. Los valores inmobiliarios pueden aumentar, desplazando a los residentes locales y alterando de forma permanente el carácter de sus barrios.
Pero aprovechar el potencial del turismo preservando y poniendo en valor la historia y la cultura es posible, y ya se está haciendo en lugares de todo el mundo. Desde Malasia hasta Arabia Saudí, muchos ya demuestran la capacidad de equilibrar el desarrollo económico con transformaciones social y ambientalmente sostenibles.
A continuación se presentan cinco rasgos comunes que adoptan estos enfoques sostenibles.
Traducir una visión en un plan basado en áreas
La planificación y la regeneración urbanas requieren un enfoque integral que coordine las intervenciones en diversos sectores y oriente las inversiones. Un plan integral incluiría medidas espaciales y de políticas respaldadas por medidas reguladoras, especialmente las centradas en la asequibilidad y la cohesión social. UN-Habitat da prioridad a las medidas que promueven un desarrollo de usos mixtos y socioeconómicamente diverso para mitigar la gentrificación.
En George Town (Malasia), el Plan de Área Especial y su Plan de Gestión Integral funcionan como referencia clave para políticas, regulaciones y directrices estratégicas inclusivas en materia de conservación, actividades económicas y patrimonio inmaterial. El plan, que equilibra el desarrollo económico y la conservación, incluyó medidas de asequibilidad como apoyar a los propietarios locales en la restauración de sus viviendas, posibilitar la reutilización adaptativa para pequeños negocios y apoyar a los inquilinos, protegiendo así una parte de los edificios históricos frente a la remodelación impulsada por el turismo.
En AlUla, en Arabia Saudí, hogar de 40.000 residentes y de importantes activos culturales como Hegra y Jabal Ikma — que se incorporó recientemente al Registro Internacional Memoria del Mundo de la UNESCO — una visión similar se está desarrollando. El plan maestro Camino a la Prosperidad prevé nuevas viviendas, genera nuevas oportunidades económicas y establece nuevas escuelas, mezquitas e instalaciones sanitarias para la comunidad, con la asequibilidad como principio rector. Un espacio público ampliado creará parques de distrito y de barrio con zonas verdes, áreas de juego, gimnasios al aire libre y carriles bici. Una red de rutas panorámicas, transporte público de bajo impacto y opciones no motorizadas facilitará la movilidad.
Una base económica diversificada
Para evitar la dependencia excesiva de un único motor económico, los planificadores deben dejar espacio para una variedad de medios de vida alternativos. En AlUla, la Comisión Real para AlUla (RCU), responsable del desarrollo de la ciudad como centro turístico, aprovecha su rico patrimonio local para crear un destino global y diversificar la economía local. La inversión en industrias autóctonas, como la agricultura, ha dado lugar a un sector agrícola revitalizado, de alto rendimiento y mayor valor, mientras que nuevos sectores, como la creación de las industrias cinematográfica y logística, generan nuevos empleos y aumentan los ingresos de los residentes.

El proyecto UN-Habitat Parya Sampada en el valle de Katmandú emprendió la reconstrucción tras el terremoto de los asentamientos patrimoniales en zonas urbanas, mediante un enfoque integral de reconstrucción física y recuperación económica. Se centró en la reconstrucción de la infraestructura patrimonial pública, respaldada por empresas turísticas dirigidas por mujeres y jóvenes.
Fomentar el patrimonio vivo y el conocimiento local
Mantener el carácter de un lugar es fundamental para su futuro y crea valiosos activos económicos. El mantenimiento y la conservación dan vida al entorno construido, mientras que la recuperación de técnicas constructivas y de oficios de las actividades culturales tradicionales crea empleo y mantiene las competencias.
El trabajo de UN-Habitat en Beirut demuestra este enfoque, al apoyar varios cientos de empleos. Mediante el proyecto Rehabilitación de viviendas en Beirut e Industrias Culturales y Creativas, dirigido por UN-Habitat, la UNESCO supervisa la asignación de pequeñas subvenciones a artesanos locales. La regeneración de la histórica estación de tren de Mar Mikhael y las zonas adyacentes se centrará en técnicas constructivas tradicionales para reactivar los mercados y negocios culturales.
En AlUla, el programa de formación Hammayah está capacitando a miles de personas para trabajar como guardianes del patrimonio natural y cultural. En Myanmar, la iniciativa nacional de Turismo Comunitario es gestionada y operada por comunidades locales vulnerables para ofrecer experiencias auténticas a los viajeros del mundo.
Compartir el valor que genera el turismo
Abordar las externalidades negativas del turismo exige evaluar y compensar sus impactos reales, lo cual puede lograrse mediante una planificación turística sostenible y la participación comunitaria. La presión sobre los servicios, el aumento de la congestión y el coste de la vida deben atenderse mediante inversiones específicas, financiadas a través de la tributación de los ingresos relacionados con el turismo, redirigidos a la comunidad local, especialmente a los grupos más vulnerables.
Entre los ejemplos está la isla balear de Mallorca, que ha introducido un impuesto de turismo sostenible para apoyar la conservación de la isla. Por su parte, Kioto (Japón) ha implementado varias medidas para controlar el número de turistas en los lugares más populares y establecer códigos de conducta para los visitantes.
Desarrollo local centrado en las personas
Empoderar a la comunidad local para que participe activamente en su rica cultura, minimizando al mismo tiempo los conflictos con el entorno natural, puede aumentar la resiliencia de los residentes y reducir las presiones de la gentrificación. La participación en la toma de decisiones es fundamental para dar forma a las visiones y planes que permitan alcanzar estos objetivos.
La Estrategia Participativa de UN-Habitat en San Nicolás de los Garza (México) muestra cómo la colaboración con la comunidad local a lo largo del proceso de diseño e implementación puede garantizar que las soluciones recojan la cultura, las competencias y las necesidades de los barrios. La Visión de Ciudad 2030 ofrece un plan de acción participativo para integrar la cultura, el patrimonio y el turismo en los sectores económicos urbanos predominantes en la actualidad.
En Arabia Saudí, estos enfoques están integrados en la Visión 2030, un plan de referencia para la diversificación económica. La RCU despliega apoyo a corto y largo plazo a la comunidad mediante becas, formación para la mejora de competencias y respaldo a las pymes, con el fin de facilitar el acceso a empleos y al emprendimiento en el sector de la hostelería y el turismo.
Si bien el desarrollo siempre introduce dinámicas y transformaciones complejas, mitigar la gentrificación en las zonas turísticas es fundamental para lograr un desarrollo local sostenible en beneficio de todos y preservar el carácter único de estos lugares.
Estas medidas abogan por un enfoque proactivo que garantice que el crecimiento económico siga siendo inclusivo para toda la comunidad y que el turismo se promueva en beneficio de los residentes locales y de los visitantes.
