
Hace casi una década, el multimillonario Peter Thiel cofundó una organización sin fines de lucro llamada Seasteading Institute,y aportó financiación inicial para lo que podría convertirse en la primera ciudad flotante del mundo.
Para 2020, el Instituto se propone construir una docena de islas flotantes en la Polinesia Francesa, con viviendas, restaurantes, oficinas, escuelas y hoteles.
Al principio, los fundadores del proyecto imaginaron la ciudad como una utopía libertaria sin regulación. Joe Quirk, presidente del Instituto, dijo a Business Insider que la visión de su equipo ha evolucionado más allá de eso. Ahora el grupo ve la ciudad como una forma de convivir con el aumento del nivel del mar, que, según se prevé, subirá más de seis pies para finales de este siglo.
A comienzos de 2017, el Gobierno de la Polinesia Francesa permitió al Seasteading Institute empezar a hacer pruebas en sus aguas. Eche un vistazo al ambicioso plan a continuación.
En un ensayo de 2009, Thiel escribió: «Entre el ciberespacio y el espacio exterior existe la posibilidad de asentarse en los océanos».

La ciudad del Seasteading Institute flotaría en aguas de la Polinesia Francesa.

El equipo busca construir una docena de islas residenciales para 2020, dijo Quirk a Business Insider. Aunque Thiel aportó la financiación inicial del proyecto, Quirk dijo que el multimillonario ya no participa directamente.

«Peter fue el donante más generoso del Seasteading Institute durante los primeros años y merece reconocimiento por haber puesto en marcha financieramente este gran movimiento, que no existiría sin él», dijo Quirk.
Unas 250 personas vivirían allí, a aproximadamente media milla de la costa. Los residentes podrían llegar a tierra en ferry.

Los primeros edificios —entre ellos viviendas, restaurantes, comercios, oficinas, escuelas y un restaurante submarino— conformarían el núcleo de la ciudad.

Hay dos diseños propuestos.

El primero tendría edificios distribuidos en varios grupos, además de grandes paneles solares y turbinas eólicas. El segundo tendría forma de herradura e incluiría más zonas verdes.

El equipo quiere producir gran parte de sus alimentos mediante la acuicultura, que consiste en criar plantas y peces en el agua.

Las islas funcionarían con energía solar y recogerían y reciclarían continuamente el agua del océano.

La nueva empresa emergente de Quirk, Blue Frontiers, administraría las islas. Calcula que la docena de islas costará 60 millones de dólares, que el equipo prevé recaudar mediante una oferta inicial de monedas, una forma no regulada de obtener fondos usando criptomonedas.

«Viviremos en los océanos mucho antes de vivir en Marte», dijo Quirk.

Sin duda, el plan es ambicioso. En 2010, un prototipo de ciudad flotante para la bahía de San Francisco nunca llegó a materializarse.

Como señala The New York Times señala, vivir sobre el agua incluso fue parte de la trama de un episodio de la serie de HBO «Silicon Valley». En los últimos años, la vida en el mar también se ha convertido en un símbolo de la tendencia de la industria tecnológica a imaginar visiones utópicas del futuro.
Al mismo tiempo, el aumento del nivel del mar debido al cambio climático amenaza a las ciudades costeras de todo el mundo. Construir una ciudad flotante podría ser una opción para hacer frente a ese problema.

«Las islas flotantes resuelven dos de los mayores problemas del mundo: el cambio del nivel del mar y la falta de innovación de las empresas emergentes en materia de gobernanza», dijo Quirk.
Si el Instituto consigue la aprobación del Gobierno y hace realidad su ciudad flotante, dijo Quirk, el equipo ampliaría el proyecto para incluir viviendas asequibles. Las primeras viviendas estarían destinadas a compradores de lujo.

También espera que la ciudad sirva como «un centro de incubación para desarrollar tecnologías de generación de energía undimotriz, energía solar flotante, ciencia de los materiales, alimentos y combustibles a base de algas, climatización con agua de mar (SWAC), desalinización y educación marina».

