Estas 4 ciudades utilizaron datos para ser más sostenibles e inclusivas. Así lo hicieron

A general view of Quito, Ecuador October 9, 2017. Picture taken October 9, 2017. REUTERS/Henry Romero
Public transport has the ability to fundamentally change the social structure of a city.Image: REUTERS/Henry Romero
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Ciudades de todo el mundo se han comprometido a actuar frente al cambio climático, incluso mediante la planificación de formas de transporte más sostenibles. Sin embargo, muchas ciudades, como ya hemos señalado, carecen de datos e información necesarios para hacer un seguimiento y supervisar sus avances. Estos datos ofrecen ejemplos valiosos de los patrones y las necesidades de transporte, y permiten a las ciudades planificar medidas de mitigación que reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), un paso importante para alcanzar los objetivos fijados en el Acuerdo de París.

Varias ciudades han demostrado que hacer un seguimiento de esta información aporta beneficios adicionales e inesperados. Han utilizado los datos no solo para actuar frente al cambio climático, sino también para hacer que sus servicios sean más inclusivos desde el punto de vista social. Están adaptando el transporte público para responder mejor a las necesidades de la comunidad y buscan ampliar el acceso de todas las personas a opciones de movilidad con bajas emisiones de carbono, como el transporte público, la bicicleta y los desplazamientos a pie.

Así es como cuatro áreas urbanas analizaron la eficacia de sus opciones de transporte público y utilizaron esos conocimientos para mejorar la vida de sus habitantes.

Ciudad de Semarang, Indonesia

Desde la instalación en 2009 del Trans Semarang, un sistema de autobús de tránsito rápido en la ciudad de Semarang, Indonesia, las emisiones de GEI de la ciudad se han reducido en más de 14,000 toneladas de CO2e. El Trans Semarang, que formaba parte de una estrategia de reducción de emisiones destinada a fomentar el cambio del uso de vehículos privados y de medios de transporte público más pequeños, tuvo tanto éxito que ya se ha planificado su ampliación; esta incluye añadir una línea alimentadora y seis corredores más a los dos actuales.

La ciudad también utilizó datos sobre el uso y el acceso al transporte por parte de hombres y mujeres para que el Trans Semarang respondiera mejor a las cuestiones de género. instaló mejor iluminación en las paradas, añadió más asientos y mejoró el acceso para las mujeres, las personas mayores y las personas con discapacidad, lo que animó a más personas a pasar del vehículo privado al transporte público. La ciudad sigue recopilando datos y se ha asociado con IGES para seguir analizando los beneficios colaterales del Trans Semarang, incluidas las reducciones de las emisiones de GEI debidas al cambio modal hacia el transporte público.

Los esfuerzos de la ciudad de Semarang muestran cómo una ciudad puede utilizar datos sobre transporte y género para desarrollar una ciudad más sostenible y accesible.

Viena, Austria

Viena, Austria, tiene una larga trayectoria en la recopilación de conjuntos de datos relacionados con la movilidad y su análisis teniendo en cuenta el género y la diversidad. Según el Plan de Movilidad Urbana, la ciudad tiene previsto ampliar aún más la recopilación de datos para 2025 e incluir un sistema para compartir datos en una base de datos descentralizada, «teniendo en cuenta aspectos de diversidad y la integración de la perspectiva de género, de modo que sea posible realizar análisis según características como la edad, el nivel educativo y el sexo». Los datos recopilados hasta ahora ya han ayudado a la ciudad a mejorar la movilidad peatonal, por ejemplo, mediante la instalación de alumbrado público para responder a las preocupaciones de seguridad y la construcción de rampas en las escaleras para facilitar el acceso a las mujeres, las personas mayores, las personas con discapacidad y quienes van con niños.

Una escalera sin barreras en Viena facilita el acceso peatonal.Image: Josef Lex/Flickr

Quito, Ecuador

Quito, Ecuador, también ha utilizado datos para orientar la planificación urbana de la ciudad y responder mejor a las necesidades de toda la ciudadanía. En un estudio de 2011, la ciudad descubrió que el 68 por ciento de las mujeres había sufrido violencia sexual en espacios públicos. De acuerdo con el nuevo enfoque de género de la ciudad en materia de transporte, Quito remodeló casi todas las paradas del trolebús para cumplir nuevos criterios de seguridad y responder a las preocupaciones al respecto. Actualmente, 43 de las 44 paradas tienen puertas de vidrio que ofrecen zonas seguras para hacer transbordo y esperar. Cambios en el transporte como estos solo fueron posibles gracias a una mejor recopilación y análisis de datos.

São Paulo, Brasil

Como la mayoría de las ciudades se diseñaron pensando en el uso de vehículos privados, la seguridad vial de ciclistas y peatones es un problema grave que impide a muchas personas (especialmente mujeres, niños, personas mayores y personas con discapacidad) desplazarse de forma activa. Una encuesta realizada en 2016 en São Paulo mostró que el 76 por ciento de las mujeres que no montaban en bicicleta señalaron la seguridad vial como motivo. Entre las mujeres que sí montaban en bicicleta, el 60 por ciento consideraba que era seguro o muy seguro solo cuando circulaba por infraestructura exclusiva. Entre 2014 y 2015, la ciudad construyó 238 kilómetros de nuevos carriles bici y observó un aumento considerable tanto en el número de mujeres ciclistas como en el número total de ciclistas. El mayor uso del transporte activo está ayudando a ciudades como São Paulo a reducir sus emisiones netas de gases de efecto invernadero.

Diferentes patrones de movilidad

Las investigaciones realizadas tanto en países en desarrollo como en países desarrollados muestran que hombres y mujeres tienen distintos patrones de movilidad. Los hombres tienden a conducir vehículos privados con más frecuencia y a recorrer distancias más largas que las mujeres. Es más probable que los hombres se desplacen por motivos de trabajo, mientras que las mujeres tienden a encadenar viajes, es decir, a enlazar varios trayectos para realizar una gama más amplia de actividades, como cuidar a otras personas y atender responsabilidades domésticas. En general, las mujeres caminan y utilizan más el transporte público que los hombres. Debido a preocupaciones de seguridad, las mujeres también tienden a viajar más que los hombres en horas de menor afluencia, como forma de afrontar y evitar el acoso y la violencia, según nuestro colega Jyot Chadha. Además, las mujeres suelen invertir más tiempo y dinero en sus desplazamientos, ya que es más probable que viajen con personas a su cargo (niños y personas mayores).

Aunque las ciudades rara vez recopilan datos sobre género y transporte, las que sí lo hacen están demostrando que contar con buenos datos es fundamental para impulsar el cambio. Como muestran los ejemplos anteriores, las ciudades que tienen en cuenta las distintas necesidades y los patrones de uso de sus habitantes pueden mejorar el diseño de sus sistemas de transporte, aumentar el número de usuarios y contribuir a crear un futuro más sostenible y con bajas emisiones para sus países.

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