La clave para desbloquear el potencial de las ciudades chinas

Vehicles are seen on a main avenue during the evening rush hour at sunset in Beijing September 3, 2014. REUTERS/Jason Lee (CHINA - Tags: BUSINESS ENVIRONMENT TPX IMAGES OF THE DAY TRANSPORT) - RTR44STN
Residential property prices in China’s first-tier cities – Beijing, Shanghai, Guangzhou, and Shenzhen – are back up.Image: REUTERS/Jason Lee
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Los precios de las viviendas en las ciudades chinas de primer nivel —Pekín, Shanghái, Guangzhou y Shenzhen— vuelven a subir. Hoy, una vivienda allí cuesta a los compradores la mitad que en las ciudades más caras del mundo: Nueva York, Londres y Hong Kong. Para desinflar un poco esta burbuja inmobiliaria antes de que se acumule demasiada presión, será necesario gestionar mejor la rápida urbanización de China, y no solo en las cuatro ciudades de primer nivel.

Por supuesto, la situación de la vivienda es más urgente en las ciudades de primer nivel. Y sus gobiernos se han apresurado a enfriar el mercado. Pekín, por ejemplo, elevó hasta el 80 % del precio el pago inicial exigido a los residentes que compran una segunda vivienda como inversión y prohibió por completo esas inversiones a quienes no residen en la ciudad.

Pero esto es solo una solución temporal. Una solución a más largo plazo exigirá que las autoridades afronten el hecho de que la demanda de una oferta limitada de viviendas es alta y va en aumento, debido al rápido flujo hacia las ciudades de talento chino, a menudo joven, que busca acceso a oportunidades económicas y, además, mejores infraestructuras públicas. Los responsables de formular políticas deben determinar el equilibrio adecuado entre el control estatal y las fuerzas del mercado para orientar la urbanización en todo el país.

En la situación actual, la presión de la urbanización se hace sentir en las 100 principales ciudades chinas (de un total de 600), que albergaban a 714,3 millones de residentes —el 52,8 % de la población total— y generaron el 75,7 % del PIB de China en 2016. De esas 100 ciudades, seis registraron el año pasado un crecimiento del PIB superior al 10 %, frente al promedio nacional del 6,7 %; 82 registraron un crecimiento del PIB de entre el 6,7 % y el 10 %; y solo 12 crecieron un 6,7 % o menos.

Quizá más significativo, per cápita el PIB de 33 ciudades chinas supera los 12.475 dólares, lo que significa que, según los criterios del Banco Mundial, han alcanzado la categoría de ingresos altos. Hace cuatro años, solo 16 ciudades chinas habían superado ese umbral. La urbanización de estas ciudades de altos ingresos puede ofrecer perspectivas más valiosas sobre cómo dar continuidad a la extraordinaria trayectoria de desarrollo de China que las experiencias de las ciudades de primer nivel.

Image: The Economist

Un nuevo libro, El modelo de crecimiento cambiante de China: la historia de Foshan (coescrito por uno de nosotros), presenta un estudio de caso de una de esas ciudades. En los últimos años, Foshan se ha transformado de un condado rural a las afueras de Guangzhou, capital de la provincia de Guangdong, en la ciudad industrial más dinámica de China, con un ingreso per cápita que alcanzó los 17.202 dólares en 2016, frente a los 16.624 dólares de Pekín y los 16.251 dólares de Shanghái. En 2015, el PIB de Foshan creció un 8,3 %, frente al 6,7 % de Pekín y el 6,8 % de Shanghái; la industria representaba el 60 % del PIB de la ciudad.

Además, en un país donde la deuda excesiva es motivo de creciente preocupación, la relación entre préstamos y PIB de Foshan era de solo el 85 % en 2011, muy por debajo del promedio nacional del 121 %. El rápido crecimiento del PIB de Foshan —uno de los más acelerados de China— fue impulsado por el sector privado, con el apoyo adecuado del gobierno local, y por ello dependió en gran medida de la autofinanciación, no de la deuda. Asimismo, el sector privado financió alrededor de dos tercios de la inversión fija de Foshan, que llega al 30-40 % del PIB.

La estrategia de desarrollo de Foshan se centró en integrar la ciudad en las cadenas de suministro del dinámico delta del río Perla —que incluye las ciudades globales de Hong Kong, Shenzhen y Guangzhou—, asegurando así sus vínculos con el mundo entero. También contempló desarrollar competencias y capacidad en sectores especializados, hasta crear los mayores mercados de iluminación y muebles del mundo.

Foshan cuenta ahora con numerosas empresas privadas y pequeñas y medianas empresas, distribuidas en los más de 30 clústeres industriales especializados de la ciudad e integradas en cadenas de suministro globales. Midea Global, por ejemplo, es líder mundial en el desarrollo, la fabricación y la venta de electrodomésticos.

La ciudad también estableció vínculos con otras localidades cercanas; cada una complementaba las ventajas comparativas de las demás, reforzando así el progreso colectivo. Sin embargo, al mismo tiempo, Foshan fomentó una intensa competencia dentro de la ciudad y con otras ciudades de China, lo que bien podría ser la principal razón de su éxito.

El gobierno municipal de Foshan, que fue uno de los primeros en experimentar con empresas de municipios y aldeas y con la privatización a principios de la década de 1980, ha desempeñado un papel importante en el impulso de la empresa privada. En particular, ha apoyado la mejora de las competencias y ha construido infraestructuras fundamentales, al tiempo que ha evitado crear viviendas inasequibles o edificios de oficinas innecesarios. En un país afectado por el exceso de capacidad y las burbujas inmobiliarias, esta fue una política previsora.

La clave del éxito ha sido el enfoque flexible de las autoridades, guiado por un seguimiento atento de las señales del mercado. Gracias a ese seguimiento, los gobiernos municipales y de distrito de Foshan reconocieron una profunda reestructuración de las cadenas de suministro globales y respondieron en consecuencia: por ejemplo, mejoraron la vivienda y la atención sanitaria, ofrecieron esos servicios sociales incluso a los trabajadores migrantes y abordaron la contaminación excesiva.

Desde 2008, el gobierno local también ha impulsado a las empresas privadas de Foshan a completar en gran medida un difícil proceso de reestructuración. La industria cerámica de Foshan, por ejemplo, se ha transformado de un sector sucio, de alto consumo energético y fragmentado en uno limpio, eficiente en el uso de la energía y consolidado, en gran medida gracias a las normas exigentes concebidas y aplicadas por el gobierno municipal. Mientras tanto, los gobiernos locales del noreste de China siguen teniendo dificultades con las reformas estructurales del lado de la oferta necesarias para abordar el exceso de capacidad, el apalancamiento excesivo, los altos costos de transacción y las brechas en la modernización tecnológica.

En China crece la conciencia del potencial de las ciudades. Como ha demostrado Foshan, las ciudades tienen una capacidad singular para impulsar el crecimiento —entre otras cosas, fomentando la competencia, promoviendo la innovación y eliminando gradualmente las industrias obsoletas—, al tiempo que afrontan los desafíos sociales, combaten la contaminación y crean una fuerza laboral capaz de adaptarse a las perturbaciones tecnológicas. Mientras China intenta gestionar la urbanización —respondiendo a las fuerzas del mercado en vez de tratar de imponerse a ellas—, el modelo de Foshan bien podría resultar invaluable.

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