El micelio, la parte vegetativa de un hongo, es un retardante de llama natural y puede soportar temperaturas de hasta 1.000 grados Celsius.
Los materiales a base de hongos pueden emplearse en una variedad de productos, entre ellos paneles aislantes y revestimientos resistentes al fuego.
El uso de hongos ofrece la posibilidad de sustituir los retardantes de llama que contienen compuestos químicos con bromo o cloro por otros sostenibles y biodegradables.
Australia no es ajena a los desastres relacionados con incendios. El país registra más de 17.000 incendios residenciales cada año.
Cada invierno aumentan los posibles riesgos de incendio por el uso de calefactores y velas. A ello se suma nuestra vegetación, ya propensa a los incendios, y un clima generalmente cálido y seco, por lo que se comprende la urgente necesidad de desarrollar métodos de ignifugación eficaces y sostenibles.
Esto es lo que inspiró a nuestro equipo de investigación a crear materiales ignífugos fabricados con hongos comestibles. Estos materiales pueden resistir las llamas para proteger la integridad de la estructura de un edificio (y a sus ocupantes).
Nuestro trabajo representa una oportunidad estimulante para un sector que lleva demasiado tiempo utilizando materiales perjudiciales para la salud humana y el medio ambiente.
La ignifugación a lo largo de las décadas
En la década de 1970, las empresas constructoras de Australia utilizaban ampliamente sustancias químicas clasificadas como “retardantes de llama halogenados” para ignifugar edificios, mobiliario y equipos electrónicos.
Estos retardantes de llama, que consisten principalmente en compuestos químicos con bromo o cloro, son eficaces para interrumpir la combustión. Sin embargo, muchos se han asociado con efectos adversos para la salud, entre ellos inmunotoxicidad, toxicidad reproductiva, cáncer y deterioro de la función neurológica.
Los retardantes de llama a base de fósforo y nitrógeno se prefieren frente a sus equivalentes halogenados y todavía se utilizan para la ignifugación hoy en día, también en Australia. No obstante, estos también suponen cierto riesgo para la salud humana y para la naturaleza (por su toxicidad y su acumulación en el medio ambiente).
En busca de una alternativa mejor
Nuestro equipo ha desarrollado un material fabricado íntegramente con micelio, que resulta muy prometedor para la ignifugación.
El micelio es la estructura parecida a una raíz de los hongos. Está formado por numerosos filamentos finos y ramificados. Las paredes celulares de estos filamentos están compuestas en gran parte por un polímero natural llamado quitina (que también se encuentra en las conchas de los cangrejos y en los exoesqueletos de los insectos).

Nuestro material a base de micelio es ligero, respetuoso con el medio ambiente, biodegradable y tiene un tiempo de ignición relativamente largo.
Cuando se expone a un fuego o calor intensos, el material puede transformarse en carbonilla: un residuo negro y de alto contenido en carbono que permanece cuando se han consumido todo el agua y los compuestos volátiles. Es similar al carbón vegetal que queda cuando se quema la madera. Esta capa carbonizada protege el material inflamable subyacente al ralentizar la transferencia de calor e impedir una mayor combustión.

A diferencia de los materiales ignífugos actuales, nuestro material solo libera productos naturales inocuos cuando se expone al fuego, como agua y dióxido de carbono.
Un material versátil
Nuestro material es flexible y puede moldearse en distintos grosores, incluso hasta un papel pintado de 1 mm. Esto lo hace más útil que los voluminosos ladrillos de hongos que nuestro grupo creó anteriormente.
Podría utilizarse en forma de láminas finas tipo papel pintado o aglutinarse en materiales de núcleo más gruesos y resistentes que se asemejen a la madera o a un revestimiento.
Presentamos dos posibles aplicaciones para el sector de la edificación y la construcción (aunque habría otros usos en industrias como la ingeniería automotriz y aeroespacial):
1. láminas compuestas únicamente de hongos, como laminados, cuyo grosor puede personalizarse, lo que las haría ideales para su uso como paneles aislantes
2. capas de hongos adheridas a la superficie de estructuras inflamables, de la misma forma en que se aplica el papel pintado en las paredes, para mejorar la protección contra incendios.

Próximos pasos
Aunque los materiales a base de micelio se utilizan actualmente en todo el mundo en la construcción, el embalaje y el aislamiento, ninguno está disponible comercialmente por el momento. Además, ninguno se ha utilizado ni aprobado para la ignifugación.
El sector de las setas se ha puesto en contacto con nosotros para desarrollar nuestro material y estudiar su viabilidad comercial. La colaboración será fundamental para crear una industria de ciclo cerrado en la que los residuos agrícolas puedan reutilizarse mediante el upcycling para obtener biomateriales sostenibles que satisfagan las necesidades de seguridad contra incendios.
Aún queda un largo camino antes de que nuestro producto pueda comprarse listo para usar, y tendremos que abordar diversos desafíos de fabricación a gran escala en el proceso.
Con todo, esperamos que nuestro trabajo pueda contribuir, con el tiempo, a un futuro en el que los incendios en edificios se reduzcan significativamente y en el que nuestros hogares sean espacios más seguros y sostenibles para vivir.

