Ante el aumento previsto de los efectos del calor extremo, la respuesta no es más aire acondicionado, sino construir edificios resistentes al calor.
Las tecnologías pioneras de refrigeración pasiva, combinadas con sistemas activos de gestión energética, ayudan a reducir la exposición al calor en el entorno construido.
La durabilidad, la operatividad práctica y la creación de un mercado verificable determinarán si los materiales de refrigeración pasiva pueden ampliarse eficazmente.
Un día corriente en una ciudad bajo un calor extremo resulta cada vez más familiar: la planta superior de una escuela se vuelve insoportable a media tarde, los trabajadores al aire libre reducen el ritmo o se detienen, las salas de urgencias se llenan y el sistema eléctrico se ve sometido a presión cuando millones de aparatos de aire acondicionado se encienden a la vez. Algunos hogares se mantienen a salvo. Otros, a menudo hogares de personas mayores o con bajos ingresos, soportan temperaturas interiores peligrosas en edificios que nunca se diseñaron para el calor extremo.
El calor ya causa numerosas muertes y frena la actividad económica. La Organización Mundial de la Salud cita estudios que estiman ~489.000 muertes relacionadas con el calor al año (2000-2019). La Organización Internacional del Trabajo prevé que, para 2030, el estrés térmico podría reducir el 2,2 % de las horas de trabajo mundiales; el equivalente a 80 millones de empleos a tiempo completo.

La respuesta instintiva es enfriar más. Global Cooling Watch del PNUMA señala que la demanda mundial de refrigeración podría más que triplicarse para 2050 en un escenario sin cambios. La AIE indica que el número de aparatos de aire acondicionado residenciales en funcionamiento se ha triplicado desde 2000 hasta superar los 1.500 millones en 2022, lo que eleva la demanda máxima y el riesgo de cortes de suministro. Sin embargo, con calor extremo, «más aire acondicionado» suele implicar enfriar enormes volúmenes de aire, lo que resulta caro, consume mucha energía y crea un «círculo vicioso» para quienes viven en ciudades: el calor residual adicional de más aparatos agrava el efecto de isla de calor urbana, que a su vez aumenta la necesidad de aire acondicionado.
Un «conjunto de soluciones» para la resiliencia frente al calor busca reducirlo allí donde incide, verificar esa reducción con el tiempo y actuar cuando no sea suficiente. Combina dos capas interdependientes: una pasiva, en la que materiales avanzados reflejan y disipan el calor sin consumir energía; y otra activa, con sistemas de gestión de edificios que supervisan las condiciones interiores, ajustan la refrigeración en tiempo real y generan los datos de rendimiento que la capa pasiva necesita para que sus resultados sean verificables y financiables.

En la capa pasiva, los nuevos materiales están ampliando los límites de la refrigeración pasiva:
Superficies de refrigeración radiativa diurna diseñadas para reflejar la luz solar y, al mismo tiempo, emitir calor a través de una «ventana» atmosférica hacia el espacio frío, lo que permite enfriar por debajo de la temperatura ambiente incluso bajo la luz solar directa, según demostraciones recientes.
Tecnologías de paredes frescas que reflejan la energía solar en los espectros de luz visible e infrarroja.
Materiales de cambio de fase que actúan como una batería térmica dentro de paredes y techos: absorben calor durante las horas punta y lo liberan más tarde, cuando bajan las temperaturas.
En la capa activa, los sistemas de gestión energética de edificios supervisan en tiempo real las temperaturas interiores, la ocupación y la carga de la red, ajustan continuamente la climatización y hacen visible el estrés térmico en cada habitación. En edificios escolares de Estocolmo, la gestión de la climatización impulsada por IA redujo en más del 20 % la demanda máxima de refrigeración, al tiempo que mantuvo el confort interior mediante una supervisión continua y ajustes de carga en tiempo real.
El desarrollo del sector privado se acelera en ambas capas: desde especialistas en materiales como SkyCool Systems, i2Cool y Tex-Cote en la vertiente pasiva, hasta empresas de climatización y controles de edificios como Danfoss, Trane, Johnson Controls, Schneider Electric y Siemens en la activa.
Ampliar el conjunto de soluciones para la resiliencia frente al calor
El rendimiento en laboratorio por sí solo no bastará para ampliar ninguna de las dos capas. Lo que impulsa la expansión es más sencillo: las ciudades y los propietarios de edificios deben confiar en que estas soluciones funcionan en aplicaciones reales para estar dispuestos a volver a comprarlas.
En primer lugar, ambas capas deben mantener su rendimiento después de la instalación. Algunas superficies «frescas» pierden eficacia por la acumulación de suciedad, la humedad, la radiación UV y el desgaste. Por eso existen sistemas de clasificación como el Cool Roof Rating Council, que muestran datos sobre la calificación de materiales envejecidos, como los techos y las paredes frescos. Para quienes compran y financian proyectos, la prueba práctica es sencilla: ¿se mantiene la reducción del calor tras una temporada en mi clima o solo el primer día?
En segundo lugar, la operación determina si la protección perdura. Un techo fresco en una escuela ayuda, pero los sistemas energéticos y las operaciones del centro pueden fallar si no hay mantenimiento, la ventilación se gestiona mal o la red no puede satisfacer la demanda máxima. La tecnología de los materiales solo funciona cuando los propietarios cuentan con una guía clara sobre qué supervisar, cómo hacerlo y qué hacer si las condiciones empeoran; el «conjunto tecnológico» para la resiliencia frente al calor debe estar preparado para ofrecer esas respuestas.
En tercer lugar, el principal fallo del mercado es que sigue siendo difícil poner precio a la «seguridad térmica en interiores». Los beneficios se reparten entre inquilinos, propietarios, empresas de servicios públicos, aseguradoras y sistemas de salud. Mientras tanto, los distintivos voluntarios como LEED contribuyen mucho a elevar los estándares básicos de eficiencia energética, uso del agua, calidad del aire interior y materiales sostenibles en los edificios, y reconocen a los propietarios y promotores que cumplen criterios definidos. Sin embargo, no siempre reflejan ni priorizan el «rendimiento durante las olas de calor» de un edificio.
La solución práctica es, por tanto, un «paquete de pruebas» transferible: evidencia sencilla y comparable que convierta los materiales de refrigeración pasiva en mejoras de edificios financiables y repetibles. Los datos de edificios gestionados muestran que la combinación de sensores de temperatura por habitación, control de climatización asistido por IA y un protocolo de mantenimiento definido puede mantener el rendimiento de forma fiable a lo largo de las estaciones, convirtiendo una instalación puntual en un resultado medible y repetible. Para traducir el rendimiento medido en resultados financiables también hace falta una norma común de presentación de informes, que aún no existe a gran escala; integrar los sistemas de gestión energética de edificios (BMS/EMS) de forma continua, y no solo durante la puesta en servicio, puede convertir la reducción de la demanda en una métrica operativa en tiempo real, en lugar de una medición puntual.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para promover el desarrollo urbano sostenible?
Las ciudades son responsables del 75 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y albergan a más de la mitad de la población mundial, una proporción que llegará a dos tercios para 2050. Al dar prioridad a una energía más limpia, las ciudades podrían contribuir a más de la mitad de las reducciones de emisiones necesarias para limitar el calentamiento global a menos de 2 °C, en consonancia con el Acuerdo de París.
Para lograr ciudades y comunidades con cero emisiones netas y positivas para la naturaleza para 2050, el Foro Económico Mundial colabora con actores de los sectores público y privado en iniciativas que impulsan la ambición mundial mediante acciones locales. Estas son solo algunas:
Alianza Davos Baukultur: Promover la planificación, construcción y gestión de edificios, infraestructuras y espacios públicos de alta calidad, con principios basados en la resiliencia climática, la sostenibilidad y la circularidad en el entorno construido. Más información.
Coalición Global por la Nueva Movilidad: Explorar nuevas soluciones para reducir la congestión y las emisiones, mejorar la infraestructura para vehículos eléctricos y transformar la movilidad y el reparto urbanos. Más información.
Alianza para la Innovación Urbana: Conectar a innovadores y emprendedores con nuevos mercados y oportunidades que reinventen y transformen la calidad de vida y las economías locales. Más información.
Alianza Global de Ciudades Inteligentes del G20: Acelerar soluciones inteligentes y prácticas para fortalecer la resiliencia climática, mejorar el bienestar público y afrontar los desafíos más apremiantes de las ciudades y comunidades locales. Más información.
Futuro de los viajes y el turismo: Impulsar un crecimiento económico inclusivo y sostenible, preservando al mismo tiempo el patrimonio cultural y protegiendo los ecosistemas naturales. Más información..
Descubre cómo puedes contribuir a nuestros esfuerzos por crear ciudades y comunidades más sostenibles y habitables. Ponte en contacto con nosotros aquí.
Para las empresas de servicios públicos, los propietarios de activos públicos y los grandes actores inmobiliarios, el cambio de mentalidad consiste en tratar la refrigeración pasiva como un recurso de resiliencia por el lado de la demanda: no solo preguntarse «¿enfría?», sino «¿cuántos kilovatios reduce cuando la red está sometida a mayor presión?». Una vez medido, resulta más fácil justificar los incentivos, la financiación y su implementación en distintas carteras. Aquí es donde puede ayudar la iniciativa Yes/Cities del Foro: acelerar la difusión de pruebas mediante la publicación de resultados comparables y guías operativas en múltiples ciudades.

