La urbanización se ha acelerado rápidamente, sobre todo en regiones áridas como Oriente Medio, donde la población urbana se ha duplicado desde la década de 1960.
A medida que se han expandido, las ciudades se han vuelto más vulnerables al cambio climático; sus paisajes de hormigón plantean desafíos ambientales.
Así es como crear ciudades positivas para la naturaleza puede favorecer la salud pública y ayudar a transformar los sectores de infraestructura para construir un futuro mejor.
La urbanización se ha disparado en las últimas décadas, especialmente en regiones de clima árido como Oriente Medio, donde la población urbana casi se ha duplicado desde la década de 1960, superando el promedio mundial de urbanización del 55%.
Esta rápida expansión tiene un coste: a medida que las ciudades se han expandido tradicionalmente, se han vuelto más vulnerables a los efectos del cambio climático. Los paisajes de hormigón nos desconectan de la naturaleza y agravan la contaminación, lo que plantea importantes riesgos ambientales.
Sin embargo, entre estos desafíos se encuentra una solución: al integrar infraestructura verde y azul en el tejido urbano, podemos combatir el cambio climático y crear entornos urbanos más saludables y sostenibles.
Devolver la naturaleza a nuestras ciudades va más allá de la estética: se trata de favorecer la salud pública y transformar los sectores de infraestructura para construir un futuro mejor.
Reverdecer el desierto en beneficio de sus habitantes y del planeta
Iniciativas como Green Riyadh en Arabia Saudita ejemplifican el potencial de incorporar la naturaleza a los paisajes urbanos, con beneficios tanto para sus habitantes como para el planeta.
Se espera que este proyecto de forestación a gran escala permita plantar 7,5 millones de árboles en la capital de Arabia Saudita, con una reducción de la temperatura ambiente de 2 °C en toda la ciudad y de hasta 15 °C en las zonas con mayor densidad de forestación.
Estas estimaciones están respaldadas por investigaciones que concluyeron que un aumento del 10% en la cubierta vegetal puede reducir la temperatura del aire ambiente en 2 °C. Se espera que esta disminución de la temperatura reduzca moderadamente la energía consumida por los sistemas de refrigeración artificial.
Además, se prevé que la iniciativa mejore la salud pública y la calidad del aire al reducir entre un 3 y un 6% la concentración de CO2 y disminuir la concentración de polvo. También aumentará el espacio verde por habitante hasta casi 30 m², muy por encima de los 9 m² recomendados por la Organización Mundial de la Salud, lo que podría impulsar la actividad física y mejorar la salud mental de los residentes de la ciudad.
Pero, en un entorno tan árido, ¿cómo sobrevivirá y prosperará toda esta nueva vegetación? En primer lugar, el plan Green Riyadh incluye la introducción de especies vegetales autóctonas, compatibles con el entorno local. Además, un proyecto de reciclaje del agua y gestión de las aguas pluviales pretende aumentar el volumen diario de agua reutilizada de 90.000 metros cúbicos a aproximadamente un millón de metros cúbicos. Esto también ayudará a mitigar los efectos de las inundaciones.
Considerando también su potencial para producir efectos duraderos en la biodiversidad, reverdecer la ciudad aportará aprendizajes fundamentales para toda la región y mejorará la experiencia cotidiana de los residentes de Riad.
Refrescar las ciudades mediante la forestación urbana
La forestación se reconoce desde hace tiempo como una técnica valiosa, principalmente para restaurar hábitats de fauna silvestre y proporcionar productos forestales. En los últimos años, también ha cobrado relevancia como herramienta fundamental en la lucha contra el cambio climático. Su capacidad para secuestrar carbono y su rentabilidad hacen de la plantación de árboles una medida de mitigación de primera línea.
La forestación urbana destaca especialmente por responder tanto a las necesidades ambientales como a las sociales. Investigaciones recientes destacan el enorme potencial de los bosques periurbanos, situados en la periferia rural-urbana, para albergar hasta 240.000 millones de árboles en todo el mundo e impulsar la adaptación de los microclimas.
La capacidad de los parques urbanos para refrescar las ciudades de climas secos puede ofrecer un alivio duradero del calor a los residentes cercanos. Se ha demostrado que aumentar hasta el 30% la cobertura arbórea de los barrios mediante parques y corredores verdes puede reducir la temperatura de la superficie entre 7 y 10 °C.
Esta sencilla medida se ha asociado con la prevención de una parte considerable de las muertes prematuras causadas por el estrés térmico, lo que subraya el potencial de la forestación urbana para salvar vidas.
En definitiva, la forestación se perfila como el método más rentable para mejorar las condiciones ambientales al aire libre, con beneficios tangibles para la salud pública y el bienestar. Mientras nos esforzamos por refrescar nuestras ciudades y mitigar los efectos del cambio climático, invertir en forestación urbana es una solución clara y convincente.
Maximizar los beneficios de la vegetación urbana
La forestación urbana en regiones áridas ofrece mucho más que sombra y belleza: proporciona servicios ecosistémicos esenciales que contribuyen a la salud ambiental general.
Cuando la cubierta arbórea alcanza una masa crítica, comienza a regular el ciclo del agua, absorber contaminantes atmosféricos y retirar carbono de la atmósfera, lo que repercute positivamente en las condiciones macroclimáticas.
El éxito de la plantación de árboles en las ciudades depende de diversos factores, especialmente de su integración en el ecosistema más amplio. Al planificar y poner en marcha programas de forestación urbana, es esencial considerar detenidamente los resultados en materia de biodiversidad y los factores de diseño de los ecosistemas, a fin de garantizar que la intervención funcione y que puedan aprovecharse plenamente todos sus beneficios.
En la lucha contra la desertificación, los árboles también desempeñan un papel fundamental: enriquecen el suelo con nitrógeno a través de sus raíces y favorecen el crecimiento de microbios y hongos esenciales que lo mantienen sano y fértil.
Las prácticas innovadoras de diseño de ecosistemas, como el método Miyawaki, aprovechan las relaciones simbióticas entre especies autóctonas, reducen las necesidades de mantenimiento y potencian la biodiversidad y el potencial de secuestro de carbono, especialmente en zonas con escasez de agua.
Además, aumentar las superficies permeables puede mitigar el riesgo de inundaciones, como demuestra el concepto de ciudad esponja que se originó en ciudades chinas y se ha aplicado en todo el mundo.
Al redirigir la escorrentía hacia sistemas de almacenamiento subterráneo mediante soluciones basadas en la naturaleza, ciudades como Baicheng, Qian’an, Jiann y Xixian ya han avanzado considerablemente hacia sus objetivos de absorción de agua.
Con el tiempo, estos sistemas de gestión del agua de lluvia aliviarán la carga de los sistemas de riego y beneficiarán tanto a los parques públicos como a las zonas reforestadas.
Ciudades positivas para la naturaleza en favor de un futuro sostenible
Comprender con precisión el impacto ambiental, social y económico de los proyectos de forestación a gran escala, como la iniciativa Green Riyadh, es fundamental para rendir cuentas de forma transparente sobre sus beneficios. Solo entonces las ciudades podrán certificar sus avances hacia los objetivos y metas de cero emisiones netas y de impacto positivo en la naturaleza.
El nuevo informe Naturaleza positiva: directrices para la transición en las ciudades del Foro Económico Mundial, elaborado en colaboración con Oliver Wyman, expone los pasos clave que pueden seguir las ciudades para aprovechar los beneficios de una transición positiva para la naturaleza.
Según estas directrices, las ciudades pueden convertirse en agentes pioneros del cambio al:
Comprometerse a actuar en beneficio de la naturaleza y dejarla en mejor estado que antes, tanto dentro como fuera de los límites de su ciudad
Traducir este compromiso en objetivos formales y metas claras basadas en la ciencia, detalladas en una estrategia para la naturaleza
Poner en marcha acciones para alcanzar las metas establecidas, y supervisar y comunicar su impacto
Las ciudades positivas para la naturaleza serán aquellas que inspiren una transformación urbana global que tenga en cuenta la naturaleza para proteger las ciudades y a sus habitantes, y construir un mundo mejor para todos.
Este artículo forma parte de Naturaleza positiva: perspectivas de líderes para la transición en las ciudades, un informe de la Comisión Global sobre Ciudades Positivas para la Naturaleza que ofrece diversas estrategias y soluciones prácticas adaptables a distintos entornos urbanos y apoya la transición hacia el desarrollo de ciudades positivas para la naturaleza.
Ciudades Positivas para la Naturaleza es una iniciativa del Foro Económico Mundial, en colaboración con Oliver Wyman.

