La urbanización ha sido una tendencia bien establecida en los siglos XX y XXI. Sin embargo, la despoblación y la desurbanización en algunos países y numerosas ciudades se están convirtiendo en problemas graves para los que actualmente no existen buenas soluciones.
La población se ha trasladado de forma constante de las zonas rurales a las urbanas para mejorar su nivel de vida y su calidad de vida. En 1950, el 30 % de la población mundial vivía en zonas urbanas. Un siglo después, se prevé que el 66 % de las personas viva en zonas urbanas. En términos absolutos, la diferencia es marcada. En 1950, 746 millones de personas vivían en zonas urbanas. Para 2046, se estima que serán más de 6.000 millones.
No es de extrañar que la atención mundial se haya centrado en estos rápidos procesos de urbanización a lo largo de un siglo y en sus consecuencias sociales, económicas y ambientales. En cambio, la desurbanización recibe poca atención. Si se busca «desurbanización» en Google, la respuesta es «¿Quiso decir: urbanización?».
Causas del declive de las ciudades
La desurbanización se produce por tres motivos principales. En primer lugar, cuando la tasa de fecundidad de un país cae por debajo de 2,1, su población total empieza a disminuir, al igual que su población urbana. Actualmente, las tasas de fecundidad de Corea del Sur y Japón son de 1,17 y 1,44, respectivamente. Sin inmigración, se necesita una tasa de fecundidad de 2,1 para mantener una población estable. Si continúan las tendencias actuales, se prevé que la población de Japón disminuya de los 126,5 millones actuales a 88 millones en 2065, 51 millones en 2115 y a cero alrededor del año 3000!
En segundo lugar, en muchas ciudades están desapareciendo empleos en distintos sectores, como la manufactura y la minería. Entre 1950 y 2010, muchas ciudades estadounidenses perdieron población: St. Louis (62,7 %), Cleveland (56,6 %), Pittsburgh (54,8 %) y Cincinnati (41,1 %).
En tercer lugar, algunas ciudades han perdido población debido al agotamiento de los recursos o a cambios tecnológicos. Yichun, una ciudad del noreste de China, cerca de la frontera con Rusia, pasó de ser una localidad tranquila a una ciudad bulliciosa debido a la tala insostenible. Más tarde, entre 2012 y 2016, Yichun perdió el 12 % de su población tras agotarse sus recursos naturales.
Lecciones de China
El voraz apetito de China por los recursos naturales para impulsar su extraordinario crecimiento económico ininterrumpido durante las últimas tres décadas ha hecho que cada año se deban extraer unos 500.000 millones de toneladas de recursos, desde carbón y mineral de hierro hasta oro. El agotamiento de los recursos y el deterioro ambiental han contribuido a una rápida despoblación en muchos centros urbanos.
La Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China ha informado de que 50 de las 390 localidades mineras del país ya han agotado los recursos que pueden extraerse de forma rentable. Esto ha dejado sin empleo a tres millones de personas y ha afectado a otros 10 millones.
La Comisión ha otorgado a 44 ciudades la categoría oficial de «agotamiento de recursos». Estas ciudades reciben financiación del Gobierno central para revitalizar y reestructurar sus economías mediante el aumento de las oportunidades de empleo y la mejora de las condiciones ambientales. Más ciudades recibirán esta distinción a menos que se formulen a largo plazo medidas de gestión de los recursos naturales y políticas de protección ambiental.
El desarrollo tecnológico y las consideraciones económicas también pueden contribuir a la desurbanización. Por ejemplo, Khulna, la tercera ciudad más grande de Bangladesh, multiplicó su población por 20 entre 1950 y 2000. Luego, al decaer la industria del yute, perdió más de 150.000 personas (el 11 % de la población) entre 2001 y 2011.
Infraestructura y ciudades en declive
A lo largo de la historia, a medida que aumentaba la población y avanzaba la urbanización, hubo que construir todo tipo de infraestructuras de agua, energía y transporte para satisfacer unas necesidades en constante expansión. Todas las sociedades cuentan con siglos de experiencia sobre cómo ampliar las infraestructuras necesarias. Se desarrollaron conocimientos especializados y tecnología considerables para responder a estas crecientes necesidades.
Ahora nos enfrentamos a otro tipo de problema, cada vez más habitual tanto en países desarrollados como en desarrollo. ¿Cómo pueden las ciudades en declive reducir la infraestructura existente que ya se ha construido y encontrar un modelo financiero viable para operarla y mantenerla?
Tomemos como ejemplo Leipzig, Alemania. Durante el período posterior a 1990, se renovaron numerosos edificios, se instalaron inodoros y duchas de bajo consumo de agua, y las instalaciones de suministro de agua por tubería y de aguas residuales aumentaron un 50 %. En consecuencia, se dio prioridad a la detección y reparación de fugas, y se aumentaron las tarifas del agua para financiar la necesaria ampliación y modernización de la infraestructura. Todo esto contribuyó a cambiar considerablemente la percepción de la importancia de conservar el agua.
El sistema, que en un principio se había diseñado para proporcionar 200 litros de agua potable por persona al día, pasó a suministrar solo 92 litros. El menor número de usuarios, el aumento de la eficiencia y la menor demanda de agua de las industrias redujeron drásticamente la demanda de agua, que pasó de 700.000 m3 a solo 165.000 m3/día. Esto significa que la demanda de agua de Leipzig volvió a niveles de mediados de la década de 1940, pero la red de suministro supera considerablemente lo necesario.
Esto ha generado nuevos tipos de desafíos. La menor demanda hace que el agua permanezca más tiempo en las tuberías, lo que aumenta el riesgo de proliferación bacteriana y contaminación microbiana, y, por tanto, de problemas de salud. Un menor consumo de agua implica una menor generación de aguas residuales. Esto contribuye a la sedimentación en las tuberías de alcantarillado debido a las bajas velocidades de flujo. Por ello, es necesario utilizar agua limpia para purgar periódicamente el sistema de alcantarillado y mantenerlo adecuadamente.
La empresa de suministro de agua de Leipzig afronta mayores costos de operación y mantenimiento, así como mayores costos de inversión a largo plazo para reestructurar el sistema de agua, mientras disminuyen el consumo y los ingresos.
Otro problema es que la presión financiera, inesperada pero grave, obliga a la empresa a centrarse en posibles soluciones técnicas debido al menor uso doméstico e industrial del agua. Esto significa que dar menos prioridad a las prácticas adecuadas de operación y mantenimiento afectará negativamente a la sostenibilidad a largo plazo de la empresa.
Países como Japón y Corea del Sur, así como numerosas ciudades, afrontan actualmente problemas similares para reducir la capacidad de la infraestructura existente y ajustarla a la menor demanda de sus habitantes y sus industrias. Ciudades prósperas como Singapur tienen ahora que consolidar escuelas, ya que ha disminuido el número de estudiantes. Todas las ciudades chinas con recursos agotados tendrán que considerar cómo equilibrar mejor su infraestructura con la disminución de la demanda.
Esta cuestión requiere atención urgente de los responsables políticos y los investigadores, sobre todo en los países y ciudades donde la desurbanización se ha convertido en un problema más grave que la urbanización. Si bien la urbanización es un aspecto muy importante que todos los países en desarrollo deben gestionar de manera eficiente, un número considerable de ciudades de estos países está perdiendo población y descubre que ha construido más infraestructura de la que necesita y puede gestionar.
En el pasado, tanto los responsables de la formulación de políticas como los académicos han prestado poca atención a esta cuestión. En la próxima década debemos encontrar soluciones rentables. No será una tarea fácil, pero es necesario encontrar soluciones adecuadas que sean sostenibles tanto desde el punto de vista operativo como financiero.


